Hay
reacciones inmediatas relacionadas con la supervivencia, el estrés y la
ansiedad. Pero puede haber consecuencias de salud mental de largo plazo.
Frente
a desastres naturales como terremotos, huracanes, inundaciones,
incendios, el instinto de supervivencia propio y el de proteger a los seres
queridos barren debajo de la alfombra sensaciones muy intensas, que se
presentan en el momento, pero que también pueden perdurar o manifestarse de
diversas formas en el futuro.
Es
cierto que el momento exige mucha fortaleza. Pero es importante darse cuenta de
que la integridad emocional es esencial para salir adelante. Y, de ser
necesario, no hay que sentir pena en pedir ayuda.
Los
expertos en psicología de desastres enumeran las siguientes reacciones más
frecuentes:
Reacciones inmediatas. Estado de shock y confusión (dificultad para procesar
eventos repentinos que amenazan la vida); sensación de impotencia (ansiedad
intensa por la seguridad, separación de la familia y pérdida del hogar); estrés
físico (agotamiento, dolores de cabeza y problemas para dormir o comer).
Efectos a largo plazo. Trastorno por estrés post traumático o TEPT
(pensamientos intrusivos, recuerdos intensos relacionados con el trauma);
depresión y duelo (tristeza persistente o desesperanza por la pérdida de seres
queridos o bienes materiales); tensión acumulada (vinculadas a la inestabilidad
financiera, el desplazamiento y la exposición a desinformación).
Muchas
veces el pensamiento general es ‘a mí no me va a pasar, porque soy fuerte’.
Pero los desastres naturales ponen a cualquier persona al límite de su
capacidad emocional, se trata de momentos muy complejos de procesar,
disparadores de sensaciones que afectan la salud mental.
La
Organización Mundial de la Salud resume:
·
Casi todas las personas
afectadas por emergencias experimentan malestar psicológico, el cual suele
mejorar con el tiempo.
·
Las emergencias perturban
considerablemente los servicios de salud mental y reducen la disponibilidad de
atención de calidad.
Una
persona bajo esta tensión emocional puede presentar:
Sentimientos intensos o
impredecibles. Es posible que sienta ansiedad, nerviosismo, agobio o
una profunda tristeza. También puede sentirse más irritable o con cambios de
humor más frecuentes de lo habitual.
Cambios en los pensamientos y
patrones de comportamiento. Es
posible que tenga recuerdos vívidos y recurrentes del suceso. Estos recuerdos
pueden surgir sin motivo aparente y provocar reacciones físicas, como
taquicardia o sudoración.
Puede resultarle difícil
concentrarse o tomar decisiones. También
pueden alterarse los hábitos de sueño y alimentación: algunas personas comen o
duermen en exceso, mientras que otras sufren insomnio y pérdida de apetito.
Sensibilidad a factores del
entorno. Las sirenas, los ruidos
fuertes, el olor a quemado u otras sensaciones del ambiente pueden desencadenar
recuerdos del desastre y aumentar la ansiedad. Estos ‘disparadores’ pueden ir
acompañados del temor a que el suceso estresante vuelva a ocurrir.
Tomando
acción
Ante
el momento tremendo de un desastre natural, y después, la Asociación Americana
de Psicología aconseja:
Reconocer los propios
sentimientos. Aceptar el impacto
emocional, el duelo, la ira o la ansiedad como reacciones normales ante un
trauma.
Limitar la exposición a los
medios. Evitar ver coberturas
informativas continuas y repetitivas sobre el desastre para reducir el estrés
secundario.
Mantener rutinas. Intentar alimentarse de forma saludable, beber
agua limpia, dormir e ir retomando las actividades cotidianas habituales.
Hablar y conectar con otros. Compartir las experiencias con seres queridos,
amigos o grupos de apoyo cuando se esté preparado es un buen primer paso hacia
la recuperación.
Pasar a la acción. Centrarse en tareas que se puedan controlar en
lugar de preocuparse por factores que escapan al propio control.
Cuándo
buscar ayuda profesional
Estos
son signos clave para buscar ayuda: si el malestar emocional persiste o empeora
después de varias semanas; si se tienen dificultades para desenvolverse en el
trabajo, la escuela o el hogar; o no se pueden realizar actividades de la vida
diaria, y si surgen pensamientos de hacerse daño a uno mismo o a otras
personas. CdeB
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