Pero escucha bien: puedes tener días difíciles, pero nunca un día sin Dios.
Él no abandona la calle que caminas. Está en el hospital donde esperas noticias, en la acera donde alguien extiende la mano, en tu casa aunque parezca vacía. La ciudad puede temblar, el mundo puede darte la
espalda,
pero Su presencia permanece como roca que no se
quiebra.
Levanta la mirada, porque no estás solo. Levanta la voz, porque aún en la tormenta Él
responde.
Y cuando pienses que no puedes más, recuerda que tu historia no la escribe el dolor, sino el Dios que nunca falta, el Dios que siempre
está. RM
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