Dios nos habla
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“Se acercó Pedro y dijo a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tendré que
perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?» Jesús le
respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21ss).
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“El rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio del
pecador.
El hombre vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de
todos sus pecados. Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores,
serán absueltos tus pecados. Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo
pretende que el Señor lo sane? No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y
se atreve a implorar por sus pecados! Él, un simple mortal, guarda rencor:
¿quién le perdonará sus pecados? Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en
la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos; acuérdate de los
mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del
Altísimo, y pasa por alto la ofensa” (Eclo
27,30ss).
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“Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, como Yo los
he amado», dice el Señor” (Antífona del
Aleluya).
Reflexión
“Si consideramos nuestros
pecados y contabilizamos los cometidos por obra, de oídas, de pensamiento y
mediante innumerables movimientos desordenados, me parece que nos acostaremos
sin una blanca. Por eso, a diario pedimos, a diario llamamos importunando en la
oración a Dios para que nos oiga, a diario nos postramos y decimos: Perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. ¿Qué
deudas? ¿Todas o sólo algunas? Responderás: Todas. Pues haz tú lo mismo con tu
acreedor. Tú mismo te fijas esta norma, tú mismo pones esta condición. A este
pacto y a este compromiso te remites cuando oras y dices: Perdónanos, como
nosotros perdonamos a nuestros deudores”
(San Agustín de Hipona, Sermón 83).
Nosotros le hablamos
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“Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice
al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas
y sana todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura” (Salmo
102).
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“Míranos, Dios nuestro, creador y Señor del universo, y concédenos servirte
de todo corazón, para experimentar los efectos de tu amor. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es
Dios, por los siglos de los siglos” (Oración
Colecta).
Nuestra vida cambia
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¿Pido perdón sinceramente a Dios con deseo de cambiar?
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¿Rezo por la conversión de los que me han hecho sufrir?
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