martes, 1 de enero de 2013

Evangelio del Miércoles 26 de Diciembre


Día litúrgico: 26 de Diciembre: San Esteban, protomártir
Texto del Evangelio (Mt 10,17-22): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Más cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará».
Comentario: Rev. D. Joan BUSQUETS i Masana (Sabadell, Barcelona, España)
«Os entregarán a los tribunales y os azotarán»
Hoy, la Iglesia celebra la fiesta de su primer mártir, el diácono san Esteban. El Evangelio, a veces, parece desconcertante. Ayer nos transmitía sentimientos de gozo y de alegría por el nacimiento del Niño Jesús: «Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2,20). Hoy parece como si nos quisiera poner sobre aviso ante los peligros: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán» (Mt 10,17). Es que aquellos que quieran ser testimonios, como los pastores en la alegría del nacimiento, han de ser también valientes como Esteban en el momento de proclamar la Muerte y Resurrección de aquel Niño que tenía en Él la Vida.
El mismo Espíritu que cubrió con su sombra a María, la Madre virgen, para que fuera posible la realización del plan de Dios de salvar a los hombres; el mismo Espíritu que se posó sobre los Apóstoles para que salieran de su escondrijo y difundieran la Buena Nueva —el Evangelio— por todo el mundo, es el que da fuerzas a aquel chico que discutía con los de la sinagoga y ante el que «no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba» (Hch 6,10).
Era un mártir en vida. Mártir significa “testimonio”. Y fue también mártir por su muerte. En vida hizo caso de las palabras del Maestro: «No os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento» (Mt 10,19). Esteban, «mirando al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios» (Hch 7,55). Esteban lo vio y lo dijo. Si el cristiano hoy es un testigo de Jesucristo, lo que ha visto con los ojos de la fe lo ha de decir sin miedo con las palabras más comprensibles, es decir, con los hechos, con las obras.

Lista de regalos


Lista de regalos  (26-12-12)
La mayoría de personas confecciona una “lista de regalos” para Navidad, pero la verdadera cristiandad se caracteriza por dar en forma continua y de corazón. Haga de cada día un día para dar un regalo.
Analice algunas cosas que puede incluir en su lista de regalos:

• Escriba la tan retrasada nota a un amigo.
• Abrace a alguien y susúrrele: Te quiero.
• Siéntese en el piso y juegue con un niño.
• Salga a caminar con un amigo.
• Apague el televisor y converse con su familia.
• Invite a alguien a tomar un helado.
• Saque la basura sin que se lo pidan.
• Visite a un anciano.
• Ofrézcase a cuidar el bebé de una madre agotada.
• Elogie un rasgo que admira en un compañero de trabajo.
• Envíe una donación a algún centro de caridad de su elección.
• Cocine un pastel para un vecino confinado en su casa.
• Escriba una nota de agradecimiento a la maestra de su hijo.
• Llame a un familiar que viva en otro estado.
• Ore por los pastores de su iglesia.
• Organice una cena con velas para su esposa.

 
¡Estas formas de dar jamás cambian ni pasan de moda!
Uno no puede mostrar una bondad demasiado pronto porque uno nunca sabe cuán pronto será demasiado tarde.
Mientras dure ese “hoy” anímense unos a otros cada día. Hebreos 3:13

lunes, 31 de diciembre de 2012

25 de Diciembre - La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
Manifestación del Verbo de Dios a los hombres, 25 de Diciembre

Con la solemnidad de la Navidad, la Iglesia celebra la manifestación del Verbo de Dios a los hombres. En efecto, éste es el sentido espiritual más importante y sugerido por la misma liturgia, que en las tres misas celebradas por todo sacerdote ofrece a nuestra meditación “el nacimiento eterno del Verbo en el seno de los esplendores del Padre (primera misa); la aparición temporal en la humildad de la carne (segunda misa); el regreso final en el último juicio (tercera misa)” (Liber Sacramentorum).
Un antiguo documento del año 354 llamado el Cronógrafo confirma la existencia en Roma de esta fiesta el 25 de diciembre, que corresponde a la celebración pagana del solsticio de invierno “Natalis solis invicti”, esto es, el nacimiento del nuevo sol que, después de la noche más larga del año, readquiría nuevo vigor.
Al celebrar en este día el nacimiento de quien es el verdadero Sol, la luz del mundo, que surge de la noche del paganismo, se quiso dar un significado totalmente nuevo a una tradición pagana muy sentida por el pueblo, porque coincidía con las ferias de Saturno, durante las cuales los esclavos recibían dones de sus patrones y se los invitaba a sentarse a su mesa, como libres ciudadanos. Sin embargo, con la tradición cristiana, los regalos de Navidad hacen referencia a los dones de los pastores y de los reyes magos al Niño Jesús.
En oriente se celebraba la fiesta del nacimiento de Cristo el 6 de enero, con el nombre de Epifanía, que quiere decir “manifestación”; después la Iglesia oriental acogió la fecha del 25 de diciembre, práctica ya en uso en Antioquía hacia el 376, en tiempo de San Juan Crisóstomo, y en el 380 en Constantinopla. En occidente se introdujo la fiesta de la Epifanía, última del ciclo navideño, para conmemorar la revelación de la divinidad de Cristo al mundo pagano.
Los textos de la liturgia navideña, formulados en una época de reacción contra la herejía trinitaria de Arrio, subrayan con profundidad espiritual y al mismo tiempo con rigor teológico la divinidad y realeza del Niño nacido en el pesebre de Belén, para invitarnos a la adoración del insondable misterio de Dios revestido de carne humana, hijo de la purísima Virgen María.

Evangelio del Martes 25 de Diciembre

Día litúrgico: La Natividad del Señor (Misa de la noche)

Texto del Evangelio (Lc 2,1-14): Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El Ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».
Comentario: Mons. Jaume PUJOL i Balcells Arzobispo de Tarragona y Primado de Cataluña (Tarragona, España)
 
«La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros (Jn 1,14)»
 
Hoy, con la sencillez de niños, consideramos el gran misterio de nuestra fe. El nacimiento de Jesús señala la llegada de la "plenitud de los tiempos". Desde el pecado de nuestros primeros padres, el linaje humano se había apartado del Creador. Pero Dios, compadecido de nuestra triste situación, envió a su Hijo eterno, nacido de la Virgen María, para rescatarnos de la esclavitud del pecado.
El apóstol Juan lo explica usando expresiones de gran profundidad teológica: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios» (Jn 1,1). Juan llama "Palabra" al Hijo de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad. Y añade: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14).
Esto es lo que celebramos hoy, por eso hacemos fiesta. Maravillados, contemplamos a Jesús acabado de nacer. Es un recién nacido… y, a la vez, Dios omnipotente; sin dejar de ser Dios, ahora es también uno de nosotros.
Ha venido a la tierra para devolvernos la condición de hijos de Dios. Pero es necesario que cada uno acoja en su interior la salvación que Él nos ofrece. Tal como explica san Juan, «a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios» (Jn 1,12). ¡Hijos de Dios! Quedamos admirados ante este misterio inefable: «El Hijo de Dios se ha hecho hijo del hombre para hacer a los hombres hijos de Dios» (San Juan Crisóstomo).
Acojamos a Jesús, busquémosle: solamente en Él encontraremos la salvación, la verdadera solución para nuestros problemas; sólo Él da el sentido último de la vida y de las contrariedades y del dolor. Por esto, hoy os propongo: leamos el Evangelio, meditémoslo; procuremos vivir verdaderamente de acuerdo con la enseñanza de Jesús, el Hijo de Dios que ha venido a nosotros. Y entonces veremos cómo será verdad que, entre todos, haremos un mundo mejor.

 
Comentario: Rev. D. Ramon Octavi SÁNCHEZ i Valero (Viladecans, Barcelona, España)
 
«MISA DE LA NOCHE (Evangelio: Lc 2,1-14) Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, 
un salvador, que es el Cristo Señor»

Hoy, nos ha nacido el Salvador. Ésta es la buena noticia de esta noche de Navidad. Como en cada Navidad, Jesús vuelve a nacer en el mundo, en cada casa, en nuestro corazón.
Pero, a diferencia de lo que celebra nuestra sociedad consumista, Jesús no nace en un ambiente de derroche, de compras, de comodidades, de caprichos y de grandes comidas. Jesús nace con la humildad de un portal y de un pesebre.
Y lo hace de esta manera porque es rechazado por los hombres: nadie había querido darles hospedaje, ni en las casas ni en las posadas. María y José, y el mismo Jesús recién nacido, sintieron lo que significa el rechazo, la falta de generosidad y de solidaridad.
Después, las cosas cambiarán y, con el anuncio del Ángel —«No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo» (Lc 2,10)— todos correrán hacia el portal para adorar al Hijo de Dios. Un poco como nuestra sociedad que margina y rechaza a muchas personas porque son pobres, extranjeros o sencillamente distintos a nosotros, y después celebra la Navidad hablando de paz, solidaridad y amor.
Hoy los cristianos estamos llenos de alegría, y con razón. Como afirma san León Magno: «Hoy no sienta bien que haya lugar para la tristeza en el momento en que ha nacido la vida». Pero no podemos olvidar que este nacimiento nos pide un compromiso: vivir la Navidad del modo más parecido posible a como lo vivió la Sagrada Familia. Es decir, sin ostentaciones, sin gastos innecesarios, sin lanzar la casa por la ventana. Celebrar y hacer fiesta es compatible con austeridad e, incluso, con la pobreza.
Por otro lado, si nosotros durante estos días no tenemos verdaderos sentimientos de solidaridad hacia los rechazados, forasteros, sin techo, es que en el fondo somos como los habitantes de Belén: no acogemos a nuestro Niño Jesús.

 
Comentario: Rev. D. Bernat GIMENO i Capín (Barcelona, España)
 
«MISA DE LA AURORA (Evangelio: Lc 2,15-20) Encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre»
 
Hoy resplandece una luz para nosotros: ¡nos ha nacido el Señor! Del mismo modo que el sol sale cada mañana para iluminar y dar vida a nuestro mundo, esta misa de la aurora, celebrada todavía con cierta oscuridad, evoca la figura del pequeño Infante nacido en Belén como el sol naciente, que viene para iluminar a toda la familia humana.
Después de María y José, fueron estos pastores del Evangelio los primeros que fueron iluminados por la presencia de Jesús Niño. Los pastores, que eran tenidos como los últimos en la sociedad. Hemos de ser pastores para acoger al Niño, y ser conscientes de nuestra nada.
Que Jesús sea luz no nos puede dejar indiferentes. Miremos a los pastores: era tan grande el gozo que sentían por lo que habían visto que no paraban de hablar acerca de ello: «Todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían» (Lc 2,19).
«Tu Salvador ya está aquí», nos dice también el profeta, y eso nos llena de alegría y de paz. Amados hermanos, esto nos falta a muchos cristianos de hoy día: hablar de Él con alegría, paz y convencimiento; cada uno desde su vocación, es decir, desde el designio eterno que Dios tiene “para mí”. Y esto será posible si previamente estamos convencidos de nuestra identidad: los laicos, religiosos y sacerdotes. Todos formamos “el pueblo santo” del que nos habla el profeta Isaías.
Fue designio de Dios que acudieran pastores a adorar al Niño Jesús. Todos somos pastores. Todos hemos de ser pobres y humildes, los últimos... Contemplando el pesebre de nuestra casa, con sus pastores de plástico o de cerámica, vemos una imagen de la Iglesia, que el profeta en la primera lectura describe como una “ciudad-no-abandonada” y como “la-que-tiene-un-enamorado” (cf. Is 62,12). En esta Navidad hagamos el propósito de amar más a nuestra Iglesia... que no es nuestra, sino de Él, y nosotros la recibimos y entramos a participar en ella como indignos siervos, y la recibimos como un don, como un regalo inmerecido. De ahí que nuestro estallido de alegría en esta Navidad ha de ser una profunda y sincera acción de gracias.

Feliz Navidad 06 (San José)



Feliz Navidad 05


Feliz Navidad 04


Feliz Navidad 03


Feliz Navidad 02


Tiempo de compromiso para los cristianos en el mundo


Tiempo de compromiso para los cristianos en el mundo
Este niño, nacido en un rincón oscuro y distante del imperio, estaba a punto de ofrecer al mundo una paz mucho mayor, verdaderamente universal en sus objetivos que trascendía todos los límites del espacio y del tiempo
Autor: VIS | Fuente: www.vatican.va
El diario “Financial Times” publica hoy (20-12-2012) un artículo de Benedicto XVI titulado “Tiempo de compromiso para los cristianos en el mundo”. “El articulo -se lee en una nota de la Oficina de Prensa de la Santa Sede- nace de una solicitud de la redacción del Financial Times que, aprovechando la publicación del último libro del Papa sobre la infancia de Jesús, le ha pedido un comentario con ocasión de la Navidad. No obstante fuera una petición insólita, el Santo Padre ha aceptado de buen grado”.
“Quizás sea justo recordar -prosigue la nota- la disponibilidad con que el Papa había respondido, ya otras veces, a algunas solicitudes inusuales, como por ejemplo la intervención en la BBC, en Navidad, algunos meses después de su viaje a Reino Unido, o la entrevista de televisión para el programa “A sua immagine” (A su imagen), de la RAI, respondiendo a una serie de preguntas con motivo del Viernes Santo. Siempre han sido ocasiones para hablar de Jesús y de su mensaje a un auditorio muy amplio, en los momentos más importantes del año litúrgico”.
Ofrecemos a continuación la traducción integral del artículo del Papa:
Tiempo de compromiso en el mundo para los cristianos
"Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", fue la respuesta de Jesús cuando le preguntaron qué pensaba sobre el pago de los impuestos. Los que lo interrogaban, obviamente, querían tenderle una trampa. Querían obligarle a tomar partido en el encendido debate político sobre la dominación romana en la tierra de Israel. Y sin embargo, había aún más en juego: si Jesús era realmente el Mesías esperado, entonces, de seguro, se opondría a los gobernantes romanos. Por lo tanto, la pregunta estaba calculada para desenmascararle, o como una amenaza para el régimen o como un impostor.
La respuesta de Jesús lleva hábilmente la cuestión a un nivel superior, poniendo en guardia, sutilmente, sea de la politización de la religión como de la divinización del poder temporal y de la búsqueda incansable de la riqueza. Quienes lo escuchaban tenían que entender que el Mesías no era César, y que César no era Dios. El reino que Jesús venía a instaurar era de una dimensión absolutamente superior. Cómo respondió a Poncio Pilato: "Mi reino no es de este mundo".
Los relatos de Navidad del Nuevo Testamento tienen el propósito de transmitir un mensaje similar. Jesús nació durante un "censo del mundo entero", deseado por César Augusto, el emperador famoso por llevar la Pax Romana a todas las tierras sujetas al dominio romano. Sin embargo, este niño, nacido en un rincón oscuro y distante del imperio, estaba a punto de ofrecer al mundo una paz mucho mayor, verdaderamente universal en sus objetivos que trascendía todos los límites del espacio y del tiempo.
Jesús se nos presenta como heredero del rey David, pero la liberación que traía a su propia gente no consistía en mantener a raya a los ejércitos enemigos; consistía, en cambio, en derrotar para siempre al pecado y a la muerte.
El nacimiento de Cristo nos reta a replantearnos nuestras prioridades, nuestros valores, nuestra forma de vida. Y, al mismo tiempo que la Navidad es, sin duda, un momento de gran alegría, es también una ocasión de reflexión profunda, incluso de examen de conciencia. Al final de un año, que ha significado privaciones económicas para muchos: ¿Qué podemos aprender de la humildad, de la pobreza, de la sencillez del pesebre?
La Navidad puede ser el momento en que aprendemos a leer el Evangelio, a conocer a Jesús no sólo como el Niño del pesebre, sino como aquel en que reconocemos al Dios hecho hombre.
En el Evangelio es donde los cristianos encuentran inspiración para la vida cotidiana y para su participación en los asuntos del mundo, sea en el Parlamento que en la Bolsa. Los cristianos no tendrían que huir del mundo, por el contrario, deben comprometerse en él. Pero su participación en la política y en la economía tendría que trascender cualquier forma de ideología.
Los cristianos luchan contra la pobreza porque reconocen la dignidad suprema de cada ser humano, creado a imagen de Dios y destinado a la vida eterna. Los cristianos trabajan para una distribución equitativa de los recursos de la tierra, porque están convencidos de que, como administradores de la creación de Dios, tenemos el deber de cuidar de los más débiles y vulnerables. Los cristianos se oponen a la codicia y la explotación porque están convencidos de que la generosidad y el amor desinteresado, enseñados y vividos por Jesús de Nazaret, son el camino que conduce a la plenitud de la vida. La fe cristiana en el destino trascendente de cada ser humano implica la urgencia de la tarea de promover la paz y la justicia para todos.
Debido a que estos fines son compartidos por muchos, es posible una colaboración amplia y fructífera entre los cristianos y los otros. Y, sin embargo, los cristianos dan al César solamente lo que es del César, pero no lo que pertenece a Dios. A veces, a lo largo de la historia los cristianos no han podido acceder a las peticiones de César. Desde el culto al emperador de la antigua Roma a los regímenes totalitarios del siglo apenas pasado, César ha intentado tomar el lugar de Dios. Cuando los cristianos se niegan a inclinarse ante los falsos dioses propuestos en nuestros tiempos no es porque tengan una visión anticuada del mundo. Por el contrario, es porque están libres de las ataduras de la ideología y animados por una visión tan noble del destino humano, que no pueden comprometerse con nada que la pueda socavar.
En Italia, muchos Belenes están adornados con ruinas de antiguos edificios romanos. Esto demuestra que el nacimiento del niño Jesús marca el fin del antiguo orden, el mundo pagano, en el que las pretensiones de César parecían imposibles de desafiar. Ahora hay un nuevo rey, que no confía en la fuerza de las armas, sino en el poder del amor. Él trae esperanza a todos aquellos que, como él mismo, viven en los márgenes de la sociedad. Trae esperanza a aquellos que son vulnerables en medio de las suertes de un mundo precario. Desde el pesebre, Cristo nos llama a vivir como ciudadanos de su reino celestial, un reino que todas las personas de buena voluntad pueden contribuir a construir aquí en la tierra”.