viernes, 29 de junio de 2018

Diabetes tipo 1: Cada vez más cerca de la insulina en pastillas

Los pacientes con diabetes tipo 1, una enfermedad crónica causada por la destrucción por el sistema inmune del propio paciente de las células beta de los islotes del páncreas, responsable de la producción de insulina–, están de enhorabuena. Y es que investigadores de la Facultad John A. Paulson de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de Harvard en Cambridge (EEUU) parecen haber diseñado, por fin, la ansiada pastilla de insulina.
La insulina es la hormona responsable de que las células capten la glucosa de la sangre para producir energía, el torrente sanguíneo acaba portando un exceso de glucosa, lo que puede acabar provocando daños en múltiples órganos del cuerpo, caso entre otros de los ojos –retinopatía diabética– y de los riñones –nefropatía diabética–.
De ahí la necesidad, vital, de que los pacientes controlen sus niveles de glucosa en sangre mediante la administración de insulina, ya sea con inyecciones o con ‘bombas’. Ahora, es posible que haya una alternativa mucho más cómoda y menos dolorosa.
Samir Mitragotri, director de esta investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Science, explica que «la terapia con insulina, ya sea mediante una inyección justo bajo la piel o administrada por una bomba de insulina, por lo general mantiene controlados los niveles de glucosa en la mayoría de las personas con diabetes. Sin embargo, son muchos los pacientes que fracasan a la hora de adherirse a estos tratamientos debido al dolor, la fobia a las agujas y las interferencias con sus actividades cotidianas. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que el mal control glucémico puede conllevar complicaciones graves para la salud».
Los científicos llevan décadas diseñando pastillas de insulina para el tratamiento de la diabetes. Sin éxito. Y es que una vez la píldora alcanza el estómago, los ácidos estomacales suelen destruir la hormona, que además no se absorbe demasiado bien en el intestino. Entonces, ¿cuál podría ser la solución?
Pues en opinión de los autores, debería incluirse la insulina en un líquido iónico de colina y ácido geránico y recubrir el conjunto con una cubierta entérica resistente a los ácidos. Una formulación que, además de biocompatible, sería fácil de fabricar y podría ser almacenada a temperatura ambiente durante más de dos meses –lo que aún no se puede hacer con las inyecciones de insulina disponibles–. Dicho y hecho.
Como indica Samir Mitragotri, «una vez ingerida, la insulina debe atravesar una dura carrera de obstáculos antes de ser absorbida eficientemente en el torrente sanguíneo. Y nuestro método es como una navaja suiza, con una píldora con herramientas para afrontar cada uno de los obstáculos que se va encontrando».
Así, el primer obstáculo son los ácidos estomacales. Pero dada su cubierta de polímero, la píldora solo puede ser degradada en un medio más alcalino. En este caso, el intestino delgado, en el que la cubierta es degradada y la hormona es liberada. Y aquí se presenta el segundo obstáculo.
Amrita Banerjee, co-autora de la investigación, indica que «cuando una molécula proteica como la insulina llega al intestino se topa con un gran número de enzimas cuya función es degradar las proteínas en aminoácidos. Sin embargo, y gracias al líquido iónico, la insulina permanece estable».
Finalmente, el compuesto debe superar dos últimas barreras: la capa mucosa que recubre el intestino y la propia pared intestinal, en la que las células están tan próximas que no ha lugar al paso de moléculas tan grandes como la insulina. Y aquí es donde entra en juego la colina y el ácido geránico de la formulación, capaces de superar estos últimos obstáculos para que la insulina alcance el torrente circulatorio.

Aún habrá que esperar
Una vez ingerida, la insulina actuará de forma muy parecida a la sintetizada naturalmente por el páncreas, evitando además los efectos adversos asociados a la administración de inyecciones durante largos períodos de tiempo. Es más, Amrita Banerjee, destaca que «el producto puede ser sintetizado en un único paso que puede ser adaptado para una producción industrial muy barata, por lo que el coste de fabricación de esta formulación oral es realmente asequible».
Pero, ¿cuándo estará disponible para su uso en la práctica clínica? Pues aún habrá que esperar. De hecho, los autores quieren continuar con los estudios con modelos animales antes de evaluar su eficacia y seguridad en humanos. Pero ya hay algo ganado: tanto la colina como el ácido geránico ya han demostrado ser muy seguros.
Mark Prausnitz, co-autor de la investigación, concluye que «el hallar un modo de administrar proteínas y péptidos, caso de la insulina, por vía oral en lugar de en una inyección constituye el santo grial de la administración de fármacos. Y nuestro trabajo muestra que la insulina administrada por vía oral en combinación con un líquido iónico funciona tan bien como las inyecciones convencionales. Las implicaciones de nuestro estudio para la medicina pueden ser enormes». BP

Entidades de oftalmología aseguran que la cirugía de ojos con láser es eficaz y segura

Aunque la cirugía de ojos con láser es considerada una operación segura, hay pacientes que dicen sufrir de efectos adversos, tal como demostró una investigación publicada en The New York Times. Como respuesta, algunas de las principales entidades de oftalmología argentinas emitieron un comunicado donde aseguran que “es eficaz y segura” y que tiene el aval de asociaciones de todo el país.
“Informamos a la comunidad que la técnica de cirugía refractiva con láser excimer, en todas sus variantes (LASIK, LASEK, PRK y PTK), cuenta con más de 20 años de trayectoria y con más de 7.000 trabajos publicados en prestigiosas revistas científicas de renombre internacional que dan fe de su eficacia y seguridad”, dice el mensaje firmado por el Consejo Argentino de Oftalmología, la Sociedad Argentina de Córnea Refractiva y Cataratas y la Sociedad Argentina de Oftalmología.
Además, el informe cuenta con la adhesión de todas las cátedras y sociedades científicas y sub especialidades de oftalmología del país y todas las sociedades provinciales. También recibió la adhesión de la Sociedad Brasileña de Cirugía Refractiva.
Las entidades agregan que “algunos de esos trabajos incluyen estudios realizados por el Ministerio de Defensa de los Estados Unidos (que permite el uso de esta técnica en todos los niveles de sus Fuerzas Armadas) y la Food and Drug Administration (FDA). En aquel país ya existen más de 9 millones de pacientes operados”.
En Argentina, la técnica está aprobada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología (ANMAT). Y en Europa cuenta con la CE Mark de la Unión Europea.
“La cirugía refractiva con excimer láser es un procedimiento seguro y eficiente", insiste el comunicado. “Sin embargo, no existen procedimientos médicos quirúrgicos exentos de riesgos. Siempre es importante, ante cualquier duda, consultar con un profesional médico experimentado, quien se encargará de explicar los riesgos y beneficios de cada cirugía y de brindar el adecuado consentimiento informado a su paciente”, concluyen las asociaciones oftalmológicas.
Además de incluir el testimonio de varios pacientes, el artículo de The New York Times citaba un estudio clínico reciente de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos que encontró que “casi la mitad de las personas que tenían ojos sanos antes de la cirugía LASIK, desarrollaron aberraciones visuales por primera vez después del procedimiento”.
Los autores de ese estudio escribieron que los “pacientes que fueron sometidos a cirugía LASIK deben ser asesorados adecuadamente sobre la posibilidad de desarrollar nuevos síntomas visuales después de la cirugía, antes de pasar por el procedimiento de elección”. BP

La luz y la sal

Mateo 5, 13-16 Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Reflexión
Hace apenas dos domingos reflexionábamos en el valor y en el sentido de la luz. Y terminábamos nuestra breve reflexión con la autoproclamación del mismo Jesucristo: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8, 12).
Lucas nos cuenta que, cuando nació Jesús en Belén, se apareció un ejército celestial a un grupo de pastores para darles la buena nueva y la gloria del Señor los envolvió con su luz (Lc 2, 9). Y el anciano Simeón, cuando ve entrar a María y a José al templo para presentar el Niño al Señor, lo toma en brazos y lo llama “luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2, 32).
San Juan, por su parte, nos dice que en Cristo, “estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron” (Jn 1, 4). Y, un poco más adelante: “Él era la luz verdadera que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo y por Él fue hecho el mundo, pero el mundo no le conoció” (Jn 1, 9-10).
Aparece aquí nuevamente el tema de la luz y de las tinieblas, del que hablamos hace dos semanas. San Juan trata repetidamente de esta realidad en su evangelio y en sus cartas. Efectivamente, Cristo mismo se definió “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6); y afirmó que “el que crea en Él, no perecerá, sino tendrá la vida eterna... El que cree en Él, no es juzgado, pero el que no cree en Él ya está juzgado porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios. Y el juicio consiste en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Jn 3, 16.18-19).
La luz es la fe, el amor y la vida de cara a la verdad. Las tinieblas son la incredulidad, la hipocresía, la mentira, el odio, el no abrir el corazón ni aceptar a Cristo. El mismo Juan resume así todo el objetivo de su evangelio: “Estas cosas (semeia) fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (Jn 20, 31). Éste es como el núcleo central y el “leitmotiv” de su mensaje.
Pero no basta con que Jesús sea la luz del mundo. Él quiere que también nosotros, cada cristiano, sea también luz del mundo: “Vosotros sois la luz del mundo; vosotros sois la sal de la tierra” (Mt 5, 13-14).
Y enseguida nos explica este apoftegma: “Si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? Para nada sirve ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres”. Está claro que la sal es para salar y para dar sazón a la comida. En nuestra sociedad consumista, la sal es un ingrediente que carece prácticamente de valor porque nos hemos acostumbrado a tenerla. Y, además, es muy fácil conseguirla y cuesta poco. Pero si, por enfermedad o por algún otro motivo, nos vemos privados temporalmente de ella, nos damos cuenta de cuán necesaria es en la vida.
Pero no sólo. Hoy en día contamos con refrigeradores, neveras y conservantes. En el tiempo de Jesús nada de esto existía. La sal era usada también para conservar los alimentos –sobre todo las carnes y el pescado— y era un elemento indispensable para que no se descompusieran.
Cuando el Señor nos dice que los cristianos debemos ser sal de la tierra, nos está diciendo que tenemos que dar sabor y sazón al alimento; pero también que debemos servir como conservantes para que el mundo no se pudra en su pecado y en sus vicios. Tenemos que ser como la levadura en la masa, o como el alma en el cuerpo. A este propósito, existe un bello texto espiritual de la época de los Padres, llamado “Carta a Diogneto”, que habla sobre la misión de los cristianos en el mundo. Dice así: “Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos; ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres.
Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte; siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida; y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble.
Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho.
Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan esas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se les condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida.
Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, pero abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados con la muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños y los gentiles los persiguen; y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad.
Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma en el cuerpo. El alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros el cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo.
El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos porque se oponen a sus placeres.
El alma ama al cuerpo y a sus miembros, a pesar de que éste la aborrece; también los cristianos aman a los que los odian. El alma está encerrada en el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado del que no les es lícito desertar” (Carta a Diogneto, cap. 5-6).
Esto significa ser sal de la tierra. Esto significa ser luz del mundo. Ojalá que cada uno de los cristianos estemos a la altura de esta noble y excelsa misión para que, con nuestro testimonio y nuestra vida santa, hagamos que este mundo viva de un modo más humano y cada día más cerca de Dios. SC

Evangelio del Sábado 30 de Junio

Día litúrgico: Sábado XII (B) del T.O.

Texto del Evangelio (Mt 8,5-17): En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos». Dícele Jesús: «Yo iré a curarle». Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace». Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído». Y en aquella hora sanó el criado.
Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades».

«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo;
basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano»

Comentario: Rev. D. Xavier JAUSET i Clivillé (Lleida, España)

Hoy, en el Evangelio, vemos el amor, la fe, la confianza y la humildad de un centurión, que siente una profunda estima hacia su criado. Se preocupa tanto de él, que es capaz de humillarse ante Jesús y pedirle: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos» (Mt 8,6). Esta solicitud por los demás, especialmente para con un siervo, obtiene de Jesús una pronta respuesta: «Yo iré a curarle» (Mt 8,7). Y todo desemboca en una serie de actos de fe y confianza. El centurión no se considera digno y, al lado de este sentimiento, manifiesta su fe ante Jesús y ante todos los que estaban allí presentes, de tal manera que Jesús dice: «En Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande» (Mt 8,10).
Podemos preguntarnos qué mueve a Jesús para realizar el milagro. ¡Cuántas veces pedimos y parece que Dios no nos atiende!, y eso que sabemos que Dios siempre nos escucha. ¿Qué sucede, pues? Creemos que pedimos bien, pero, ¿lo hacemos como el centurión? Su oración no es egoísta, sino que está llena de amor, humildad y confianza. Dice san Pedro Crisólogo: «La fuerza del amor no mide las posibilidades (...). El amor no discierne, no reflexiona, no conoce razones. El amor no es resignación ante la imposibilidad, no se intimida ante dificultad alguna». ¿Es así mi oración?
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo...» (Mt 8,8). Es la respuesta del centurión. ¿Son así tus sentimientos? ¿Es así tu fe? «Sólo la fe puede captar este misterio, esta fe que es el fundamento y la base de cuanto sobrepasa a la experiencia y al conocimiento natural» (San Máximo). Si es así, también escucharás: «‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado» (Mt 8,13).
¡Santa María, Virgen y Madre!, maestra de fe, de esperanza y de amor solícito, enséñanos a orar como conviene para conseguir del Señor todo cuanto necesitamos.

jueves, 28 de junio de 2018

Imágenes 3D... 01


Lugares - Japón 24


Lugares - Japón 23


Lugares - Japón 22


Lugares - Japón 21


La vida es... 07