domingo, 1 de julio de 2018

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Si, a la vida... 03


02 de Julio - Juan y Pedro Becchetti de Fabriano

Juan y Pedro Becchetti de Fabriano, Beatos
Presbíteros, 02 de Julio

Martirologio Romano: En Fabriano, del Piceno, Italia, conmemoración de los beatos Juan y Pedro Becchetti, presbíteros de la Orden de Ermitaños de San Agustín, unidos más por la conducta de vida que por los vínculos de la sangre († c. 1420).
Fecha de beatificación: El papa Gregorio XVI confirmó su culto en 1835.

Descendían de familiares de santo Tomás Becket (Becchetti) que se establecieron en Fabriano.
Juan se consagró al Señor en el convento de San Agustín de Fabriano, Ancona. Su vida de oración, estudio de la Sagrada Escritura y de la Teología y de predicación, fue para la Orden, organizada desde hacía pocos años (1226) como Orden mendicante, ejemplo y estilo de vida.
Con el título de Bachiller, enseñó, en el 1385, en el Estudio General de Rímini. El Padre General, Bartolomé de Venecia escribía que venía “precedido por la fama de ciencia y de vida”. En este mismo año fue destinado al estudio de Oxford, donde obtuvo el grado de Maestro en Teología. En el 1391 se encontraba en Italia y al año siguiente fue Regente del Estudio agustiniano de Perugia. El Padre General le escribió una carta el 4 de mayo de 1420. Murió en Fabriano y sus restos, junto al de su primo Pedro Becchetti de Fabriano.
Pedro se consagró al Señor en el convento de San Agustín de Fabriano, Ancona. Su vida de oración,  estudio de la Sagrada Escritura y de la Teología y de predicación, fue para la Orden, organizada desde hacía pocos años (1226) como Orden mendicante, ejemplo y estilo de vida.
En el 1385 estudió en Padua para obtener el grado de Lector y en el 1388 enseñó en el Studio agustiniano de Rímini: Maestro en Sacra Teología fue nombrado profesor en Venecia. Desde esta ciudad marchó en peregrinación a Jerusalén por su singular devoción a la pasión del Señor. Regresó a Fabriano donde construyó, junto a la iglesia de los agustinos, una capilla similar a la del Santo Sepulcro de Jerusalén. El 20 de febrero de 1421, el Padre General, Bartolomé de Venecia, le escribió una carta.
Murió en Fabriano y sus restos, junto a los de su primo Juan Becchetti de Fabriano, están expuestos a la pública veneración en la iglesia de San Agustín. La Orden de San Agustín celebra su festividad el 2 de Junio, el Martirologio Romano el 2 de Julio.

Trastorno por videojuegos: que deben saber los padres para detectarlo y hacer al respecto

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó a la adicción a los videojuegos como un desorden de salud mental e incluyó a esta problemática en la 11° edición de su Clasificación Internacional de Enfermedades, una decisión que fue relativizada por especialistas en salud y juegos. “El trastorno del videojuego se ha añadido a la sección relativa a trastornos de adicción”, explicó la OMS.
Sin embargo, vale la pena señalar que la postura de la OMS sobre la adicción al juego es diferente a la del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, utilizado por profesionales de la salud de diferentes partes del mundo, y que contribuye al diagnóstico de trastornos de salud mental.
Si bien el DSM, (por sus siglas en inglés) sí lo llama "trastorno del juego en Internet", lo explica como una condición que justifica más investigación clínica y experiencia antes de que pueda clasificarse como un trastorno formal.
Según explicó el Lic. Maximiliano Martínez Donaire, psicoanalista y ex secretario científico del Claustro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, no se trata de una patología en sí misma, sino de una expresión o síntoma de otras problemáticas que padece un sujeto y no puede resolver. “Sucede con muchos cuadros que agregan a las nomenclaturas psiquiátricas que se basan en lo descriptivo”, explicó el experto.
Para el especialista, los videojuegos se presentan como el escenario donde se expresan estas dificultades. “Si no existieran -agregó el experto-, las problemáticas se expresarían de igual manera pero en diferente ámbito. Son un escenario más para expresar las cuestiones irresueltas del sujeto”.
Según la organización, existen 3 criterios principales para el diagnóstico del desorden de juego: el juego tiene prioridad sobre otras actividades tanto que una persona a menudo deja de hacer otras cosas; una persona continúa jugando incluso cuando causa problemas en su vida o siente que no puede parar; y los juegos causan angustia y deficiencias significativas en las relaciones de una persona con otros, así como en su trabajo o vida escolar.
Adicción o no, altera la vida cotidiana y destruye las relaciones interpersonales. “El problema no es el videojuego en sí, sino el uso o abuso que se realiza de esa actividad. Como con muchos otros objetos o prácticas de consumo que tenemos a nuestra disposición el problema comienza cuando se convierten en el escenario de una conducta adictiva”, explicó el Lic. Diego Luparello, psicoanalista y ex presidente del Claustro de analistas en formación de la APA.

¿Fanático o adicto de los videojuegos? Algunos criterios de alarma
Según advierte la OMS en su sitio web, todas las personas inmersas en la actividad deben ser conscientes de que el desorden de juego es una condición real, y que es importante tener en cuenta la frecuencia con la que juegan. Sin embargo, también señalan que el desorden de juego solo afecta a una pequeña cantidad de personas que los utilizan.
“Un criterio, bastante simple pero eficaz, es reconocer si existe la posibilidad o imposibilidad de decir que no. Cuando el sujeto no puede elegir entre hacer algo y no hacerlo y se siente demasiado atraído, aun cuando preferiría hacer otra cosa o quisiera dejar de hacerlo, se encuentra dentro del terreno de las conductas adictivas o compulsivas”, sostuvo el Lic. Martínez Donaire.
Como cualquier otro trastorno adictivo existen indicadores que permiten diagnosticar una conducta patológica: “La compulsión a repetir determinada práctica descuidando otros aspectos de la vida de un sujeto, el síndrome de abstinencia que provoca el impedimento de dicha práctica, el abandono de obligaciones y compromisos son alguno de los tantos indicadores que permiten sospechar de un trastorno adictivo, tanto sea del juego como de otro tipo de abuso”, especificó el Lic. Luparello.
Si bien para algunos beneficia la creatividad e imaginación, para los expertos quien se sumerge compulsivamente en este mundo semi-fantasioso y no puede salir debe analizar las carencias o insuficiencias que trata de compensar al hacerlo.
Sin embargo, como contraste a las limitaciones que impone la vida real o cotidiana, el juego es posibilitador y ofrece como atractiva la entrada a un universo que se sitúa entre la fantasía y la realidad. “El auge de los juegos online permite compartir la actividad con sujetos reales y el despliegue de una gran cantidad de escenas cargadas de magia, poderes ilimitados e inmortalidad, donde la muerte es solo un elemento parcial”, explicó el ex secretario científico.
La falta de recursos para hacer frente a las demandas de la vida cotidiana resulta en la búsqueda de un “refugio” de los demás. En esta evasión de la realidad entran en juego las relaciones con los demás. “Aquel que se encuentre demasiado enfrascado -advirtió– probablemente sienta cierta dificultad para establecer relaciones interpersonales satisfactorias”.

Establecer límites, ¿sí o no?
Para algunos expertos es importante establecer límites claros para los niños cuando se trata de tiempo de pantalla y videojuegos. Sin embargo, consultado acerca de la cantidad de horas recomendadas para que un niño utilice las pantallas, el Lic. Martínez Donaire explicó: “No creo que sea una cuestión de cantidad de horas sino de un análisis general de la vida vincular de un niño, sus relaciones personales y su desempeño escolar. Si el juego afecta otros sectores de la vida, y ésta se comienza a ver empobrecida es signo de alarma”.
Tener en cuenta que éste es todavía un nuevo diagnóstico es clave, y es posible que se necesite de una exhaustiva investigación para tratarlo y encontrar a alguien que se especialice en este tipo de comportamiento. Para el Lic. Luparello, es importante poder distinguir mediante ayuda profesional la presencia de una conducta sintomática coyuntural de un verdadero trastorno adictivo.
Según el Lic. Martínez Donaire, para tratarlo hay que indagar en la fuente del sufrimiento. Si una persona se refugia en algo y busca ahí un lugar seguro o placentero es porque está tratando de evitar otra cosa que le causa dolor, malestar o sufrimiento. BP

Los estrógenos parecen encontrarse detrás de las migrañas de los varones

La migraña es un trastorno neurológico altamente incapacitante caracterizado por la presentación de cefaleas muy intensas y recurrentes. Y un trastorno que resulta mucho más común en las mujeres, sobre todo una vez superada la menopausia. Pero, ¿a qué obedece esta diferencia de género? Pues como han mostrado infinidad de investigaciones, al papel de las hormonas sexuales femeninas, o lo que es lo mismo, los estrógenos, en la aparición –e intensidad– de las migrañas.
Entonces, ¿qué sucede con los varones que padecen migraña? ¿Es posible que los estrógenos también jueguen un papel en las cefaleas masculinas? Pues sí. De hecho, un estudio llevado a cabo por investigadores del Centro Médico de la Universidad de Leiden (Países Bajos) muestra que los varones con migrañas tienen niveles elevados de estrógenos.
El Dr. Ron van Oosterhout, director de esta investigación publicada en la revista «Neurology», explica que «distintos estudios previos han mostrado que los niveles de estrógenos pueden influir tanto en la aparición de las migrañas en mujeres como en la intensidad de estas cefaleas, pero la verdad es que se sabe muy poco acerca de si las hormonas sexuales también juegan un papel en las migrañas en los varones. Y en este sentido, nuestro trabajo muestra niveles elevados de estrógeno en los varones con migraña, así como síntomas asociados a unos menores niveles de testosterona».
En el estudio, los autores contaron con la participación de 17 varones que, con un promedio de edad de 47 años y un peso saludable, padecían una media de tres episodios de migraña al mes y no tomaban ninguna medicación que alterara sus niveles hormonales.
Y lo que hicieron fue evaluar sus niveles de estradiol –un tipo de estrógeno– y testosterona en sangre, para lo cual les tomaron cuatro muestras de sangre diarias –una cada tres horas– todos los días hasta que padecieron una migraña –día en el que, por fin, se acabaron las extracciones.
Es más; con objeto de comparar los resultados de los análisis, los autores contaron también con 22 varones que, de la misma edad y peso corporal, no padecían migrañas. Unos participantes que conformaron el consabido ‘grupo control’ y a los que asimismo también se les extrajeron muestras de sangre –lógicamente, en un día sin cefalea, dado que no las padecían.
Los resultados mostraron que, comparados a los del grupo control, los varones con cefaleas presentaban mayores niveles de estrógenos, o más concretamente, de estradiol, entre los episodios de migraña –97 picomoles por litro (pmol/L) frente a 69 pmol/L–, siendo los niveles de testosterona similares en ambos grupos.
En consecuencia, el cociente testosterona-estrógeno fue inferior en los varones migrañosos que en los participantes sin cefaleas –3,9 frente a 5,0–. Además, y aparecidos los síntomas pre-migrañosos –entre otros, la fatiga, la rigidez muscular y el aumento del apetito– unas 24 horas antes de la aparición de la migraña, los participantes con cefaleas experimentaron un aumento de su concentración de testosterona.
Finalmente, los autores analizaron la posible presencia de síntomas asociados a la deficiencia –relativa, que no patológica– de testosterona, caso de los trastornos del estado del ánimo y sexuales y la falta de energía. Y lo que vieron es que estos síntomas eran mucho más frecuentes, así como mucho más intensos, en los pacientes con migraña.
Concretamente, y mientras un 27% de los varones sin cefaleas mostraban síntomas relacionados con unos niveles disminuidos de testosterona, este porcentaje se elevó hasta un 61% en los participantes con migraña.

Hay que seguir investigando
En definitiva, y de manera similar a como ocurre en las mujeres, parece que los niveles de estrógenos también juegan un papel muy importante en la aparición de las migrañas en los varones. Un hallazgo que debe ser estudiado más profusamente con objeto de averiguar si la ‘corrección’ de estos niveles puede prevenir o tratar estas cefaleas masculinas.
«Necesitamos más investigaciones y con poblaciones más grandes para validar nuestros resultados. Y también se requiere un mayor estudio del papel exacto que juegan los estrógenos en los varones con migraña para ver si las fluctuaciones en los niveles de estas hormonas se asocian, tal y como ocurre en las mujeres, con la actividad de las migrañas», concluyó el Dr. Van Oosterhout. BP

Tabú, la niña no estaba muerta

La palabra «mortal» ha servido desde siempre para designar al hombre. Ésta es su condición. El ser humano es mortal: en cualquier momento puede morir y, ciertamente, cada instante lo acerca un poco más a su final. Lo decía de manera gráfica Heidegger: «Desde que nace, el hombre es lo bastante viejo para morir».
Pero no es sólo que «puede» morir, sino que «tiene» que morir. Nadie escapa a la muerte. Es inútil nuestro afán de vivir, nuestro deseo de no enfermar, no envejecer, sobrevivir. Durante muchos años se puede vivir sin sentir la amenaza de la muerte, pero llega un día en que la enfermedad, el mal funcionamiento de algún órgano o la jubilación comienzan a hacernos pensar que también nosotros estamos acercándonos a nuestro final.
Casi siempre los humanos han tratado de olvidar la muerte, a ver si desaparece. Lo decía ya B. Pascal: «Los hombres, para ser felices, no habiendo podido encontrar remedio a la muerte... han tomado la decisión de no pensar en ella». No son menos ingenuas las sociedades progresistas del tercer milenio que han convertido la muerte en el gran «tabú»: no hay que hablar de ella, no hay que pronunciar el nombre de ciertas enfermedades, hay que vivir como si fuéramos inmortales.
Sin embargo, cuando leemos el grito de M. de Unamuno, sabemos que está expresando lo que todos sentimos en el fondo de nuestro ser: «No quiero morirme, no, no quiero ni quiero quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo, este pobre yo, que me soy y me siento ahora y aquí». Queremos vivir, no desaparecer, no caer en la nada.
El hombre de nuestros días sigue repitiendo los viejos caminos de siempre para eludir la certeza de su muerte. Algunos intentan vivir sin esperanza, aunque sin caer en una desesperación angustiosa. Otros se lanzan a vivir a tope lo inmediato cerrando los ojos a todo futuro. Hay quienes viven sin tomar en serio ningún amor y ninguna esperanza, sin arriesgarse en ninguna lucha, sin ligarse a nada ni a nadie.
Cada uno sigue su camino pero nadie puede sustraerse a ciertas preguntas: ¿qué me espera en la muerte?, ¿qué va a ser de mí y de todos mis anhelos?, ¿me aguarda la nada?, ¿hay algo o alguien que me espera para acoger mi deseo de vida y llevarme a una vida plena? El relato que nos presenta a Jesús devolviendo la vida a la niña que todos creen muerta, está escrito desde la fe en un Dios que, al resucitar a Jesús, nos ha revelado que sólo quiere la vida del ser humano, incluso por encima de la muerte. JAP

Evangelio del Lunes 02 de Julio

Día litúrgico: Lunes XIII (B) del T.O.

Texto del Evangelio (Mt 8,18-22): En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

«Sígueme»

Comentario: Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells (Salt, Girona, España)

Hoy, el Evangelio nos presenta —a través de dos personajes— una cualidad del buen discípulo de Jesús: el desprendimiento de los bienes materiales. Pero antes, el texto de san Mateo nos da un detalle que no querría pasar por alto: «Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre...» (Mt 8,18). Las multitudes se reúnen cerca del Señor para escuchar su palabra, ser curados de sus dolencias materiales y espirituales; buscan la salvación y un aliento de Vida eterna en medio de los vaivenes de este mundo.
Como entonces, algo parecido pasa en nuestro mundo de hoy día: todos —más o menos conscientemente— tenemos la necesidad de Dios, de saciar el corazón de los bienes verdaderos, como son el conocimiento y el amor a Jesucristo y una vida de amistad con Él. Si no, caemos en la trampa de querer llenar nuestro corazón de otros “dioses” que no pueden dar sentido a nuestra vida: el móvil, Internet, el viaje a las Bahamas, el trabajo desenfrenado para ganar más y más dinero, el coche mejor que el del vecino, o el gimnasio para lucir el mejor cuerpo del país.... Es lo que les pasa a muchos actualmente.
En contraste, resuena el grito lleno de fuerza y de confianza del Papa San Juan Pablo II hablando a la juventud: «Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo». Para eso es preciso, como el Señor, el desprendimiento de todo aquello que nos ata a una vida demasiado materializada y que cierra las puertas al Espíritu.
«El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (...). Sígueme» (Mt 8,22), nos dice el Evangelio de hoy. Y san Gregorio Magno nos recuerda: «Tengamos las cosas temporales para uso, las eternas en el deseo; sirvámonos de las cosas terrenales para el camino, y deseemos las eternas para el fin de la jornada». Es un buen criterio para examinar nuestro seguimiento de Jesús.