lunes, 22 de diciembre de 2025

Cristo en la ciudad – Adviento, cuando Dios sorprende…

Hoy pensé en todas las veces que Dios llegó a mi vida por caminos que yo no esperaba. Nunca en el orden perfecto que imaginé, nunca cuando yo creía estar listo, nunca como yo hubiera diseñado su llegada. Siempre distinto. Siempre sorprendente.

Y entendí que así actúa Dios: descolocando mis certezas, abriendo rutas que yo no veía, poniendo luz donde ya me había resignado a la sombra.

El Adviento me invita a estar atento a esas sorpresas. A ese Dios que no entra por la puerta grande, sino por la rendija más humilde. Que no llega cuando yo controlo todo, sino cuando dejo espacio. Que no se manifiesta siempre en lo extraordinario, sino en lo inesperado.

Pienso en María, que no recibió una planificación detallada, sino una noticia que alteró toda su vida. Pienso en José, que vio sus planes derrumbarse para dar paso a algo infinitamente más grande. Pienso en los pastores, los menos influyentes de su tiempo, que fueron los primeros en ver la Luz. Nada en ese nacimiento fue obvio. Todo fue sorpresa.

Y ahí comprendo que Dios no sorprende para desestabilizarme, sino para despertarme. Para recordarme que la vida no es un esquema cerrado, sino un espacio donde Él puede obrar —y transformar— mucho más allá de mis cálculos.

Hoy me pregunto:

¿Estoy disponible para ser sorprendido por Dios? ¿O sigo aferrado a mis planes,
a mis seguridades, a mis formas rígidas de entender cómo debería llegar la gracia?

La ciudad, con su prisa y su agenda llena, me hace creer que todo debe ser previsto, medido, controlado. Pero el Adviento rompe esa idea: la aparición de la Luz no se planea, se acoge.

Faltan pocos días para la Navidad. Y hoy quiero dejar un espacio libre, un lugar sin nombre, un ‘sí’ sin condiciones, para que Dios pueda entrar como Él quiera, cuando Él quiera, y por donde Él quiera.

Porque cuando Dios sorprende, no altera la ruta… la redime. No desordena la vida… la ilumina. No complica el camino… lo revela.

La sorpresa de Dios no es interrupción, es revelación.

Y en esa revelación, descubro que siempre llega a tiempo, aunque nunca sea en el tiempo que yo esperaba.

 Pregunta

¿Qué espacio de tu vida necesita abrirse para que Dios pueda sorprenderte?

Acción breve

Hoy deja un acto sin planear: una oración espontánea, un gesto de bondad repentino, una pausa inesperada para agradecer. A veces, dejar un hueco es la manera más humilde de invitar a Dios. RM

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