sábado, 20 de diciembre de 2025

Cristo en la ciudad – Adviento y el arte de esperar juntos…

Hoy descubrí que hay esperas que solo se pueden cargar acompañado. Hay caminos que, cuando se recorren en soledad, se vuelven más pesados de lo que deberían. Y comprendí que el Adviento no es solo una espera personal: es una espera compartida.

Vivimos en una ciudad que nos empuja al individualismo. Cada quien con sus prisas, sus pendientes, sus preocupaciones, sus silencios. Y en medio de ese ruido, parece que cada uno camina con su propio peso sin mirar a los lados.

Pero el Adviento tiene otro ritmo, otra lógica, otro lenguaje: la esperanza se fortalece cuando se comparte.

Hoy pensé en cuántas veces traté de resolver todo solo: mis miedos, mis dudas, mis cansancios, mis angustias. Como si pedir compañía fuera una señal de debilidad, como si caminar acompañado fuera una concesión, no un don.

Pero la verdad es que esperar solo desgasta. Esperar acompañado sostiene.

Jesús no nació en silencio absoluto: nació rodeado. Había María, José, pastores,
animales, ángeles, una comunidad incipiente que sin entenderlo todo ya estaba ahí para recibir la Luz.

Hoy me dije algo que necesitaba oír: no tengo que vivir este tiempo en soledad. No tengo que cargar mi noche sin manos amigas. La gracia también llega a través de los otros. A través de una palabra, una presencia, un ‘aquí estoy’, un gesto que sostiene, un abrazo que no pide explicación.

Faltan pocos días para la Navidad. Y hoy quiero practicar el arte de esperar junto a otros: acompañar a quien está triste, escuchar a quien necesita ser escuchado, compartir mis luces y mis sombras, permitir que otros también me acompañen. Ser presencia, ser consuelo, ser calidez en un mundo que corre demasiado.

Porque esperar acompañado no acelera la llegada de la Luz, pero hace que la noche sea menos fría. Y cuando la Luz por fin llegue, la alegría será más plena si la recibimos juntos.

Pregunta

¿Con quién necesitas compartir tu espera para que no se vuelva pesada?

Acción breve

Envía hoy un mensaje corto a alguien que está pasando por un momento difícil: “No estás solo. Aquí estoy”. Ese gesto puede ser luz para una noche ajena. RM

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