Los inocentes
también caminan con Él.
La ciudad no
siempre es amable. Hay llantos que se esconden detrás de muros. Hay infancias
heridas. Hay silencios impuestos.
Cristo no mira
hacia otro lado. Camina con los inocentes. Con los niños que sufren. Con
quienes no tienen voz ni defensa.
Dios nació en
un mundo herido. Y no lo negó.
Cristo recoge
el llanto que otros ignoran. No lo justifica. No lo romantiza.
Lo acompaña.
Recordar a los
Santos Inocentes es negarnos a normalizar el dolor. Es mantener el corazón
despierto.
¿A qué llanto te pide hoy no
acostumbrarte? RM
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