viernes, 26 de diciembre de 2025

Cristo en la ciudad – Hacer silencio para que Dios llegue…

Hoy sentí la necesidad de bajar el volumen. No solo el del ruido de la ciudad, sino el del ruido interior.

Porque cuando todo está por celebrarse, cuando las luces ya están puestas y las palabras casi se agotan, descubro que Dios no llega en el estruendo, sino en el silencio que se atreve a esperar.

Vivimos rodeados de sonidos: notificaciones, pendientes, expectativas, planes de última hora, listas interminables. Y sin darnos cuenta, llenamos también el corazón de ruido, como si el silencio nos diera miedo.

Pero el Adviento, en sus últimos pasos, me invitó a algo distinto: hacer espacio.

El silencio no es ausencia. Es disponibilidad. Es dejar de explicarlo todo, de controlarlo todo, de anticiparlo todo.

Hoy pensé que quizás Dios no entra porque no encuentra dónde sentarse. Porque el corazón está lleno de voces, de urgencias, de respuestas antes de escuchar.

Hacer silencio es un acto de fe: es confiar en que Dios sabe llegar sin que yo lo dirija. Es creer que su Palabra no necesita ser empujada, solo acogida.

Hoy quiero practicar ese silencio concreto: apagar un momento el ruido externo, guardar palabras innecesarias, escuchar más de lo que digo, permitir que mi interior se aquiete.

Porque en el silencio la esperanza respira, la fe se ordena, y el corazón se vuelve casa.

Llegó Navidad. Y hoy quiero ofrecerle a Dios no discursos ni promesas, sino un espacio limpio, abierto, callado.

Un silencio que diga: “Aquí puedes entrar”.

Pregunta

¿Qué ruido necesitas callar hoy para poder escuchar lo que Dios quiere decirte?

Acción breve

Regálate hoy cinco minutos de silencio real. Sin celular. Sin música. Sin palabras. Solo estar. Ahí, Dios trabaja. RM

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