Cápsulas urbanas de vida y fe. Andén del metro. Gente que corre. Un silencio breve
en medio del ruido. Lo miras,
lo abrazas… y en ese instante todo se detiene. No lo sabes, pero puede ser el último.
La vida no manda advertencias: se vive en lo que
das hoy, no en lo que pospones.
Por eso Cristo nos recuerda: “Ámense
como yo los he amado” (Jn 15,12).
Un abrazo sincero puede ser oración, refugio y
milagro.
No esperes al mañana. Abraza fuerte… porque el último abrazo no avisa. RM
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