Cada 28 de agosto se conmemora
el ‘Día Nacional de la Ancianidad’, una fecha que invita a reflexionar sobre la
importancia de promover un envejecimiento saludable, activo y con la mejor
calidad de vida posible.
El aumento de la expectativa
de vida representa uno de los grandes logros de la medicina y la salud pública.
En Argentina, la esperanza de vida alcanza actualmente los 78 años y continúa
mostrando una tendencia creciente.
En este sentido, debemos tener
en cuenta que vivir más años también implica asumir el desafío de prevenir
enfermedades, preservar la autonomía y acompañar a las personas mayores con
cuidados integrales que favorezcan su bienestar físico y emocional.
Entre los múltiples aspectos
que contribuyen a un envejecimiento saludable, la vitamina D ocupa un lugar
fundamental. Aunque suele asociarse únicamente con la salud ósea, hoy se sabe
que cumple numerosas funciones en el organismo y que su déficit es muy frecuente
en los adultos mayores.
La vitamina D favorece la
absorción del calcio y el fósforo, minerales esenciales para mantener la
fortaleza de los huesos. Su déficit incrementa el riesgo de osteoporosis,
fragilidad ósea, fracturas (especialmente de cadera), debilidad muscular y
caídas.
Además, diversas
investigaciones sugieren que niveles adecuados de vitamina D pueden contribuir
al correcto funcionamiento del sistema inmunológico y muscular, aspectos
especialmente relevantes en esta etapa de la vida.
Con el paso de los años, la
piel pierde parte de su capacidad para producir vitamina D a partir de la
exposición solar. A esto se suman otros factores frecuentes, como menor tiempo
al aire libre, enfermedades crónicas, algunos medicamentos o alimentación
insuficiente en alimentos ricos en vitamina D. Por este motivo, muchas personas
mayores presentan niveles bajos sin experimentar síntomas evidentes.
Así, la prevención comienza
con hábitos saludables. Recomiendo realizar actividad física de acuerdo con las
posibilidades de cada persona, mantener una alimentación equilibrada que
incluya pescados grasos, huevos, lácteos fortificados y otros alimentos fuente
de vitamina D; favorecer una exposición solar breve y segura, respetando las
recomendaciones médicas y evitando los horarios de mayor radiación; y consultar
periódicamente al médico, quien evaluará si es necesario solicitar estudios o
indicar suplementos.
Es importante recordar que la
suplementación con vitamina D no debe realizarse por cuenta propia, ya que la
dosis adecuada depende de cada paciente y de sus condiciones de salud.
El Día de la Ancianidad es una
oportunidad para poner en valor el cuidado integral de las personas mayores.
Promover controles médicos periódicos, una alimentación saludable, actividad
física, vacunación y la prevención de caídas son medidas que ayudan a conservar
la independencia y mejorar la calidad de vida.
La vitamina D es una pieza
importante dentro de ese cuidado, pero siempre debe formar parte de una
estrategia integral de prevención y acompañamiento.
Cuidar la salud de los adultos
mayores es también reconocer su historia, valorar su experiencia y contribuir a
que puedan vivir esta etapa con mayor bienestar, autonomía y calidad de vida. BP
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