jueves, 29 de febrero de 2024

¿Máscaras?…

Está bien no estar bien. Dios lo tiene claro, de hecho él mismo considera ciertas fragilidades y limitaciones de parte nuestra, pues así está en su diseño original. Nos ama y acepta así, y aunque nos pide que seamos mejores cada día, comprende que no somos perfectos, que no todos los días tienen el cielo azul y un arcoíris alegrando el horizonte y que muchas veces lo que aparentamos ser, tiene poco que ver con lo que realmente somos.
Ahora bien, el que Dios y nosotros sepamos y aceptemos nuestras fragilidades humanas, no es una excusa para dar rienda suelta a todo tipo de permisos morales, anímicos, espirituales y sociales, y luego taparlos con una linda sonrisa, buena actitud y un poco de cinismo. No se trata de aparentar ser buenos, aparentar estar bien, aparentar tener todo resuelto, sino que de realmente ser y vivir aquello.
Acostumbramos a responder de forma mecánica cuando al saludarnos nos preguntan “¿Cómo estás?”  Y respondemos sin pensarlo “bien y tú”, aun cuando por dentro llevemos el corazón roto, la cabeza llena de problemas y el espíritu seco. Yo me lo he planteado y muchas veces he querido responder con frases de tipo “la verdad es que no estoy muy bien y veo pocas posibilidades de que la situación mejore pronto… ¿y tú cómo estás?”, pero que pena decirle eso a un amigo que saludé en la calle, ¡qué me va a decir el pobre! mejor salir del paso con una respuesta automatizada y listo.
Desde estos saludos en la calle (tan cotidianos) hasta cosas más complejas, ya sea por cultura, por no querer incomodar a los demás, por vergüenza o simplemente por falta de amor propio; nos ponemos máscaras para evitar exponer lo que realmente somos. Hay mucho de falta de aceptación en esto, de renegar la realidad, de las consecuencias de nuestras decisiones o de no aceptar aquello que nos toca vivir. Actitud muy humana y comprensible (en especial cuando el camino es pedregoso y empinado) pero al mismo tiempo poco saludable, pues echar tierra sobre lo que realmente pasa en la vida, no solo no es una solución, sino que nos aísla de los demás y no soluciona nada, solo lo camufla.
Lo triste es que nos hemos vuelto expertos en el tema, desarrollando habilidades para enmascarar todo tipo de emociones, sentimientos, faltas y situaciones de la vida, haciéndolas parecer menos o más importantes según la ocasión. Inflamos nuestro currículum para tener más prestigio; hablamos en ‘difícil’ para parecer más inteligentes; ponemos cara de solemnidad y recogimiento para vernos más piadosos; sonreímos a chistes malos y decimos “mmm qué rico!” aun cuando la comida no quedó tan rica.
Lo más duro de todo esto es cuando nos ponemos estas máscaras frente a Dios y frente a nuestros hermanos de comunidad. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he cantado alegres canciones, cargadas de esperanza y fe en sus letras, mientras en el corazón sentía absolutamente todo lo contrario. Le decía a Dios cosas que realmente no estaba sintiendo. Hay mucho de bueno en esa actitud, en mantenerse alabando y adorando a Dios sin importar las circunstancias, pero también hay mucho de mentira y de ritual vacío, cuando nuestra alabanza es más bien un karaoke y no algo que salga del corazón.
Por eso, la invitación más que una conversión de las actitudes de forma radical (aunque si te animas, mucho mejor) es que comencemos el camino gradualmente y que sea a Dios, al primero al que miremos con el rostro descubierto, sin mentiras, sin intentar quedar bien, sin buscar justificar todo o acomodar la realidad. Ya se irá afirmando el carácter, el amor propio, la autoestima y de esta forma poder caminar desenmascaradamente por la vida, acogiendo las circunstancias que el Señor nos presenta, abrazando la vida como un don y no como una carga, aceptando las propias fragilidades comprendiendo que no nos restan valor como persona y por sobre todo, dejándonos ver por los demás como somos en realidad, para amar y ser amados en libertad. SC

Día litúrgico: Viernes II (B) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Mt 21,33-43.45-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy la parábola va dirigida a los sacerdotes y notables de Israel. Ellos mismos son los labradores de la viña, es decir, los pastores del Pueblo que el propietario (Dios) ha puesto a su cuidado. Han liquidado un profeta tras otro…
—Ahora el Propietario envía a su propio Hijo… ¡Lo matarán! ¡Y es Jesucristo, el Hijo de Dios!

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Augusto Chapdelaine, Santo

Presbítero y mártir, 29 de Febrero
Elogio: En la ciudad de Xilinxian, en la provincia china de Guangxi, san Augusto Chapdelaine, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que, detenido por los soldados junto con muchos neófitos de esta región a los que había convertido, recibió trescientos azotes, fue encerrado en una reducida jaula y finalmente decapitado.
País: China - †: 1856

Qué alimentos comer si tienes hipertensión…

Si no se trata la HTA, con el tiempo, puede provocar problemas para la salud, como enfermedades cardíacas o derrames cerebrales. Afortunadamente, mediante una dieta saludable se pueden reducir los niveles de presión arterial. Conoce aquí qué alimentos comer si tienes HTA.
Cereales
Los cereales son alimentos muy versátiles que puedes comer mezclándolos con leche, yogur, o fruta. Se caracterizan por ser ricos en fibra y minerales, como el potasio, por lo que son especialmente útiles para mantener los niveles de presión arterial bajo control. Prueba incluir en la dieta avena, cebada, centeno o trigo.
Semillas
La linaza, chía, amaranto o ajonjolí son semillas que se caracterizan por ser ricas en fibra y minerales, como el potasio, fósforo, magnesio, hierro y calcio. Por este motivo, los expertos recomiendan incluirlas en la alimentación, ya que, además de garantizar nutrientes esenciales, pueden ayudar a prevenir distintas afecciones, incluida la hipertensión.
Frutas
Por su rico aporte de fibra, vitaminas, minerales y agua, todas las frutas son beneficiosas para combatir la hipertensión. Sin embargo, algunas se destacan entre otra, este es el caso de las manzanas, bananas, kiwis o arándanos. También poseen efectos antiinflamatorios, diuréticos y depurativos que ayudan a proteger la salud cardiovascular.
Vegetales
Incluir vegetales frescos ricos en potasio y fibra forma parte de las metas de los enfoques dietéticos para detener la hipertensión, mejor conocida como dieta DASH (un tipo de alimentación elaborado con el fin de mantener controlada la presión arterial.). Entre las mejores opciones se encuentra la acelga, espinaca, o remolacha.
Leche
El consumo regular de leche parece ser de ayuda para lograr un buen funcionamiento del corazón. Esto se debe a que es rica en calcio, que se ha vinculado con un menor riesgo de ACV y aterosclerosis. Además, la presencia de potasio y magnesio ayuda a prevenir la hipertensión, gracias a sus efectos vasodilatadores. Procura incluir leche descremada para controlar el colesterol.
¿Es bueno el chocolate?
El chocolate es rico en compuestos llamados flavonoles, que tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Al ser absorbidos por el cuerpo, estos compuestos ayudan a disminuir la inflamación del tejido cardiovascular y la posibilidad de enfermedades cardíacas.
El chocolate también posee ácido esteárico, que, a pesar de ser un ácido graso saturado, no contribuye a incrementar los niveles de colesterol ‘malo’, por el contrario, se vinculó a un incremento de la variante ‘buena’, una mayor relajación de las arterias y vasos sanguíneos, y un menor riesgo de HTA. Pero recuerda, el secreto para aprovechar sus beneficios se encuentra en comerlo con moderación.
¿Por qué sube la presión arterial?
Si bien la dieta es importante para combatir la hipertensión, existen muchos factores relacionados con los aumentos de presión arterial que debes controlar: dormir poco o mal, niveles de estrés elevados, hábitos sedentarios, consumo de alcohol o productos ultraprocesados en exceso, o alteraciones hormonales, entre otros. HD