sábado, 29 de agosto de 2026

Instrumentales Clásicos del Recuerdo Vol. 46 - Melodías que acarician la Memoria...

Daniel Jordán - La vi parada allí...

Nunca aprietes la vejiga al orinar si no quieres sufrir incontinencia…

¿Sabías que apretar el abdomen al orinar puede tener consecuencias para tu salud? Alguna vez, en un apuro, puede que hayas hecho fuerza para que la orina saliera más rápido. Hacerlo una vez no te hará daño, pero la situación es distinta si estás acostumbrado a ello.
La Dra. Sara Marín Berbell (España) explica que este hábito común de las mujeres puede traer infecciones urinarias y problemas del suelo pélvico. Pero, no te preocupes. También indica que existen formas de corregirlo. Te contamos por qué no debes hacerlo y cómo mejorarlo.
¿Cómo saber si aprietas la vejiga al orinar?
Si tienes este mal hábito, de seguro te resulte difícil darte cuenta. La próxima vez que vayas al baño, presta atención a si haces fuerza o empujas con los músculos del abdomen para vaciar la vejiga más rápido. Aunque muchas mujeres lo hacen sin saberlo, no es natural ni necesario. En realidad, deberías dejar que tu cuerpo actúe por sí solo sin esa presión extra.
¿Qué puede ocurrir al hacerlo?
La Dra. Sara Marín explica que «la vejiga es como un músculo». Al apretarla, no se vacía bien y corres el riesgo de que pueda deformarse. En consecuencia, puede quedar pis dentro, que desarrolle bacterias y genere infecciones urinarias recurrentes.
Como actúa como un músculo, también podría acostumbrarse a esa ayuda externa que le das al apretar el abdomen. Entonces, como sucede con cualquier otra zona del cuerpo que deja de entrenarse, podría perder su propia fuerza y darte la sensación de tener que ir al baño de forma constante.
Como tercera consecuencia, podrías dañar el suelo pélvico (un conjunto de músculos que sostienen los órganos pélvicos) y debilitarlo. Marín señala que esto dificulta el control de la orina y las heces, junto con otras consecuencias más graves, como la caída de los órganos por fuera de sus lugares normales (prolapso).
¿Qué se aconseja para corregirlo?
En primer lugar, la especialista destaca que lo más importante es relajar el abdomen al ir al baño. Puede parecer difícil, pero lo que debes hacer es dejar que el líquido baje solo, sin apretar para acelerar el proceso.
También, aconseja seguir un horario para hacer las necesidades. En este sentido, no te aguantes cuando de verdad tengas ganas de ir al baño, pero tampoco vayas cada 10 minutos. Sigue horarios que sean regulares, cada 3 o 4 horas.
Como tercer consejo, recomienda orinar después de tener relaciones sexuales. Con ese simple hábito, ayudas a que la zona genital esté limpia y disminuya el riesgo de infecciones.
Además de estos consejos, no está de más practicar ejercicios para fortalecer el suelo pélvico un par de veces al día, como los de Kegel. La forma correcta de hacerlos es apretar durante unos segundos, como si quisieras expulsar un gas, y repetir unas 10 veces. Así, tonificarás esa zona tan importante y te olvidarás de los problemas urinarios. Si tienes preguntas, no dudes en consultar con tu médico. BP

El valor oculto del dolor…

Cuando escuchas la frase ‘sin dolor no hay ganador’, quizás te suene a cliché motivacional. Sin embargo, encierra una verdad profunda: el dolor no es un obstáculo, sino una herramienta de transformación.
El dolor físico, emocional o espiritual tiene el poder de moldear tu carácter, enseñarte lecciones valiosas y acercarte a Dios en tus momentos más oscuros.
La mayoría de nosotros deseamos avanzar en la vida sin sufrir, pero lo cierto es que los grandes triunfos siempre tienen un costo. Igual que un atleta entrena hasta el límite, tú también necesitas atravesar temporadas difíciles para alcanzar tu propósito.
El dolor como maestro
El dolor no solo te incomoda: también te educa. Cada experiencia difícil lleva un mensaje escondido.
·        El rechazo enseña resiliencia.
·        La pérdida despierta compasión.
·        El fracaso impulsa creatividad.
Como escribió C.S. Lewis: “El dolor insiste en ser atendido. Dios susurra en nuestros placeres, habla en nuestra conciencia, pero grita en nuestros dolores: es su megáfono para despertar a un mundo sordo”.
Aceptar esta realidad cambia tu perspectiva: en lugar de preguntarte “¿por qué a mí?”, comienzas a preguntarte “¿para qué sirve esto en mi vida?”.
Sin lucha no hay victoria
En la Biblia, el apóstol Pablo comparó la vida cristiana con una carrera de resistencia. Nadie gana una medalla sin entrenar con disciplina y sin soportar el cansancio.
Tres principios que podemos aprender de los atletas:
1.     Entrenamiento constante: la repetición fortalece. Así también, la oración y la fe diaria te preparan para la batalla espiritual.
2.     Resistencia al dolor: los músculos se rompen para crecer. Tus emociones y tu espíritu también se expanden cuando atraviesas pruebas.
3.     Visión clara de la meta: un corredor no se detiene por cada obstáculo; su mirada está fija en la meta.
Cómo convertir tu dolor en crecimiento
El dolor, por sí mismo, no garantiza crecimiento. Depende de la actitud con la que lo enfrentes. Aquí algunos pasos prácticos:
·        Acepta la realidad: negarlo solo prolonga el sufrimiento.
·        Busca apoyo: comparte tu carga con amigos, líderes espirituales o un mentor.
·        Encuentra propósito: escribe lo que estás aprendiendo en medio de la prueba.
·        Transforma la energía: canaliza tu dolor en proyectos creativos, servicio o nuevas metas.
·        Confía en Dios: recuerda que Él promete estar contigo “todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).
Frases que inspiran
“El dolor que sientes hoy será la fuerza que necesitarás mañana”.
Esta simple idea puede recordarte que lo que hoy parece insoportable, mañana será tu testimonio de victoria.
La paradoja de la fe
Lo fascinante de la vida espiritual es que el dolor nunca es en vano. Aunque no siempre lo entiendas, Dios usa cada cicatriz para acercarte más a Él y para convertirte en un canal de esperanza para otros.
Tus heridas pueden transformarse en mensajes de aliento, tus derrotas en testimonios de fe, y tu historia en una inspiración para quienes también luchan en silencio.
Conclusión: Tu victoria está en camino
Si hoy atraviesas un tiempo de dolor, recuerda que no estás solo. Ese proceso no es el final, sino el inicio de una versión más fuerte, más sabia y más cercana a Dios.
La próxima vez que escuches ‘sin dolor no hay ganador’, míralo como un recordatorio de que cada herida lleva consigo la semilla de una gran victoria.
Pregunta para ti
¿Qué dolor de tu vida podrías comenzar a ver hoy como una oportunidad de crecimiento y propósito? RdeP

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viernes, 28 de agosto de 2026

Día litúrgico: 29 de agosto: El martirio de san Juan Bautista

Texto del Evangelio (Mc 6,17-29): En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.
Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.
 
Comentario del Evangelio
 
Hoy asistimos al lamentable y glorioso final de san Juan Bautista. Lamentable por Herodes y su camarilla; glorioso por el testimonio valiente de Juan. Sorprende hasta qué punto puede llegar el morbo cuando uno vive en falso. Una fiesta, un bailoteo… «¿Qué voy a pedir?», preguntó la hija de Herodías. Y la desgraciada madre respondió: «La cabeza de Juan». Realmente, ¡de muy mal gusto!
—Si uno desea la cabeza de alguien es porque ha perdido la cabeza. ¿No sería mejor hacer caso al Bautista?

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