Vivir
la caridad
El
Papa recuerda, a la luz del tiempo de Navidad que estamos viviendo, que “Dios
se ha hecho cercano a nosotros en nuestra pobreza, mostrándonos el camino
privilegiado para encontrarlo”. A continuación, subraya los diversos ámbitos de
servicio de esta realidad asociativa: de la indigencia económica a la necesidad
de cultura, de la soledad a la necesidad de formación, utilizando, además de
los medios habituales de ayuda económica y alimentaria, otros muchos
instrumentos, como el senderismo, la literatura, el arte y la música. Y,
citando la Fratelli tutti,
subraya la importancia de un estilo capaz de ir más allá del plano de la
subsistencia.
[...] considerando,
desde el principio, la protección del consumidor por encima de su aspecto
meramente comercial, ustedes han llegado a captar una dimensión humana
fundamental: la de ayudar a cada uno a hacer algo por los demás, es decir, a
vivir la caridad, el amor activo.
Corazón,
mente y manos para conocer al otro
Hablando
sin texto escrito, Francisco añade una especificación sugerida por la palabra ‘corazón’:
“El corazón es una fuente de conocimiento”. En efecto, precisa que el
conocimiento que explota sólo el intelecto es incompleto.
Sin el corazón no
hay conocimiento humano. Para conocer, hay que conocer con la mente, con el
corazón y luego hacer con las manos: no olviden los tres lenguajes... Que la
mente esté unida al corazón y a las manos; que el corazón esté unido a las
manos, para hacer, y a la mente; y que las manos estén al servicio del corazón
y de la mente. No olviden esto, ustedes, en sus acciones...
Unir
no ‘contra’ un enemigo sino ‘para’ construir el bien
El
Papa profundiza en el ‘modelo de tutela’ puesto en práctica por la Cooperativa
y la Fundación, y expresa un pasaje significativo: “une a los individuos no
tanto ‘contra’ la amenaza de un adversario común, sino ‘para’ la construcción
de relaciones virtuosas de apoyo recíproco”. De este modo, el Papa Bergoglio da
un vuelco a la lógica positiva de la acción humana en tantos contextos loables
de compromiso con los demás, y favorece la lógica, digamos de la ‘levadura’,
según el estilo evangélico. Recuerda al final de su discurso un leitmotiv
típico de su magisterio: “rezar a favor, no en contra”.
De este modo
recuerden que salvaguardar el bien de la persona significa no sólo ocuparse de
algunos de sus intereses sectoriales, sino promover su plena realización y
dignidad. Y a este nivel, el encuentro entre los que tienen más posibilidades y
los que están en la indigencia, lejos de reducirse a mera filantropía,
constituye siempre una ocasión providencial de enriquecimiento mutuo. AP
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