No cambia la situación, no cambia la
ciudad, no cambia la economía, no cambian los problemas, no cambian las
noticias… pero cambia algo en mi interior. Algo pequeño, silencioso, casi
imperceptible, como un respiro más hondo que los demás.
Y esa luz interior —tan discreta, tan
tímida— se convierte en un inicio.
Hoy comprendí que el Adviento no es
magia instantánea. Es un proceso lento, hondo, donde la luz comienza dentro, en
un rincón del corazón, mucho antes de iluminar lo que está afuera.
Y esa luz interior a veces llega así: con
una frase que me toca, con un pensamiento que me ordena, con un recuerdo que
sana, con una oración que no esperaba, con una paz breve que aparece en medio
del ruido.
La luz llega antes como un anticipo, como
quien toca la puerta para avisar que ya viene en camino.
Pero lo curioso es esto: cuando la luz
empieza a encenderse por dentro, mis ojos cambian incluso si nada más cambia. La
misma ciudad se ve distinta, la misma noche no pesa igual, la misma
incertidumbre no me paraliza, y los mismos problemas ya no se sienten invencibles.
Es como si Dios encendiera primero
nuestra mirada para que podamos reconocerlo cuando llegue afuera.
Hoy quiero abrazar esa luz discreta. No
exigirle que resuelva todo, no apresurarla, no volverla espectáculo, sino dejar
que haga su trabajo: iluminar mis sombras, ordenar mis pensamientos, ablandar
mis durezas, recordarme que no camino solo.
Porque cuando la luz llega por dentro
antes que afuera, no es debilidad: es preparación. Es Dios diciendo: “Te estoy
encendiendo para que no te pierdas cuando llegue la noche”.
Faltan pocos días para la Navidad. Y hoy
me conformo —y me sostengo— con esta luz pequeña, íntima, que despierta en mí
antes de llegar al mundo.
Una luz que no se impone, que no
grita, que no exige, pero que transforma. Una luz que me prepara para la verdadera
Luz cuando por fin amanezca.
Pregunta
¿Qué pequeña luz interior has sentido
en estos días, aunque afuera nada haya cambiado?
Acción breve
Haz una pausa esta noche. Apaga todo y
quédate un minuto en silencio. Nombra la pequeña luz que apareció en ti hoy. Eso
basta para que crezca. “Adviento y el arte de esperar juntos”. RM
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