Dios nos habla
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“Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y
sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los
escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer
día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo
permita, Señor, eso no sucederá». Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro:
«¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus
pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». Entonces Jesús dijo
a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue
con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el
que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al
hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a
cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su
Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus
obras»” (Mt 16,21-27).
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“¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir… había en mi corazón
como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo,
pero no podía” (Jer 20,7-9).
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“Hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse
ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el
culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el
contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que
puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le
agrada, lo perfecto” (Rm 12,1-2).
Reflexión
“El que quiera venirse
conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. O lo
que es lo mismo: El que quisiera ser discípulo mío que emprenda denodadamente
la misma carrera de sufrimientos que he seguido yo, recorra prácticamente el
mismo camino y ámelo: ese tal hallará descanso en mi compañía y gozará de mi
intimidad. Esto es efectivamente lo que él pedía para nosotros a Dios Padre,
cuando decía: Este es mi deseo: que ellos estén conmigo, donde yo estoy.
Estamos también junto con
Cristo de otra manera: cuando caminamos todavía sobre la tierra, pero vivimos
no carnal, sino espiritualmente, estableciendo nuestra morada y nuestro
descanso en lo que a él le agradare” (San
Cirilo de Alejandría, Sobre la
adoración en espíritu y en verdad (Lib 5).
Nosotros le hablamos
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“Señor, Tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de
ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua… Veo que
has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. Mi alma está unida a ti,
tu mano me sostiene” (Salmo 62).
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“Dios todopoderoso, de quien procede todo bien perfecto, infunde en
nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa
nuestra vida, acrecientes en nosotros lo que es bueno y lo conserves
constantemente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la
unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
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¿Quiero seguir a Jesús por su camino?
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¿Amo y confío en Dios?
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