martes, 26 de abril de 2016

II Crónicas 33


1 Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén.
2 El hizo lo que es malo a los ojos del Señor, siguiendo las costumbres abominables de las naciones que el Señor había desposeído delante de los israelitas.
3 Reedificó los lugares altos que había derribado su padre Ezequías; erigió altares a los Baales, hizo postes sagrados, y se postró delante de todo el Ejército de los cielos y lo sirvió.
4 Edificó altares en la Casa del Señor, de la que el mismo Señor había dicho: «En Jerusalén estará mi Nombre para siempre».
5 Edificó altares a todo el Ejército de los cielos en los dos atrios de la Casa del Señor.
6 Inmoló a sus propios hijos en el fuego, en el valle de Ben Hinnóm, practicó la astrología, la magia y la hechicería, e instituyó nigromantes y adivinos. Persistió en hacer lo que es malo a los ojos del Señor, provocando su indignación.
7 La estatua del Ídolo que había hecho, la instaló en la Casa de Dios, de la que el mismo Dios había dicho a David y a su hijo Salomón: «En esta Casa y en Jerusalén, que yo elegí entre todas las tribus de Israel, pondré mi Nombre para siempre.
8 Ya no permitiré que Israel ande errante lejos del suelo que destiné a sus padres, con tal que se empeñen en practicar todo lo que les he mandado, de acuerdo con la Ley, los preceptos y las normas, transmitidos por Moisés».
9 Manasés extravió a Judá y a los habitantes de Jerusalén, a tal punto que obraron peor que las naciones que el Señor había exterminado delante de los israelitas.
10 El señor habló a Manasés y a su pueblo, pero ellos no le prestaron atención.
11 Entonces el Señor hizo venir contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria, y estos capturaron a Manasés con garfios, lo sujetaron con doble cadena de bronce y lo llevaron a Babilonia.
12 En medio de su angustia él aplacó al Señor, su Dios, humillándose profundamente delante del Dios de sus padres.
13 Le suplicó, y el Señor lo escuchó benignamente: oyó su plegaria lo hizo volver a su reino, en Jerusalén. Así reconoció Manasés que el Señor es Dios.
14 Después de esto, construyó una muralla exterior a la Ciudad de David, al oeste del Guijón, en el valle, hasta la puerta de los Peces, rodeando el Ofel, y la hizo muy alta. Además, puso jefes militares en todas las ciudades fuertes de Judá.
15 Luego retiró de la Casa del Señor los dioses extranjeros y el Ídolo. Hizo lo mismo con todos los altares que él mismo había erigido en la montaña de la Casa del Señor y en Jerusalén, arrojándolos fuera de la ciudad.
16 Restauró el altar del Señor e inmoló sobre él sacrificios de comunión y de acción de gracias, y ordenó que Judá sirviera al Señor, el Dios de Israel.
17 El pueblo, sin embargo, continuaba ofreciendo sacrificios en los lugares altos, aunque sólo el Señor, su Dios.
18 El resto de los hechos de Manasés, la oración hecha a su Dios y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre del Señor, el Dios de Israel, están escritos en los Anales de los reyes de Israel.
19 Su plegaria y cómo fue escuchado, todo su pecado y su prevaricación, los sitios donde edificó lugares altos y erigió postes sagrados e ídolos, antes de humillarse, están escritos en las Memorias de Jozai.
20 Manasés se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron en su casa. Su hijo Amón reinó en lugar de él.
21 Amón tenía veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén.
22 El hizo lo que es malo a los ojos del Señor, como lo había hecho su padre Manasés. Ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos que había hecho su padre Manasés.
23 Pero no se humilló delante del Señor, como se había humillado su padre Manasés, sino que multiplicó sus culpas.
24 Sus servidores conspiraron contra él y lo mataron en su palacio.

25 Pero el pueblo del país mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y el mismo pueblo proclamó rey en lugar de él a su hijo Josías.

Prisionero y carcelero, tú tienes la llave


Muchos se preguntan: ¿Cuál es mi razón de vivir? ¿Por qué tengo que sufrir? ¿Por qué me enamoré de esta persona? ¿Por qué estoy endeudado? ¿Cómo me pasó esto a mí?
En fin vivimos haciéndonos muchas preguntas acerca de la vida, lo ingrato que ha sido la vida con nosotros. No llegamos a entender que tenemos la llave para salir en libertad, la razón es que somos prisioneros y carceleros de nuestros pensamientos. Todos los problemas lo hicimos o creamos con un nivel de pensamiento, para cambiar el problema o solucionarlo necesito cambiar mis pensamientos.
Jesús dice: “y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. Juan 8:32
Muchos conocemos este versículo pero no lo aplicamos a nuestra vida. Si sabemos esto porque no elegir ganar con cada una de las promesas que Dios tiene para nosotros, hacerlos realidad, tener éxito en la vida, en las relaciones, en los negocios y en el ministerio. Ahora debes definir que es el éxito para ti, el éxito no tiene nada que ver con fama, dinero y poder. Éxito es el resultado de nuestra obediencia a Dios y a su Palabra.
Cuando usted conoce la verdad, no debe seguir viviendo en esclavitud. La verdad te ayuda a construir el futuro que estás soñando. Es un asunto de actitud, la actitud de vivir libre sin temor y en ella juegan un papel muy importante nuestras creencias. ¿Qué es lo que creo? Lo que yo creo afecta mi conducta, mi forma de ser, mi forma de relacionarme con los demás.
¿Cuáles son mis creencias? Una creencia puede ser generadora de posibilidades: “Yo puedo”, o limitante: “No puedo”. Lamentablemente las personas suelen encarcelarse más en esta última, siendo cegados a todo el potencial que hay dentro de cada uno. Por ejemplo, creemos en la resurrección de Cristo pero olvidamos que la vida cristiana se vive en el poder de la resurrección. Recuerden a Job, sus sabias palabras: Yo sé que mi redentor vive, y que al final triunfará sobre la muerte. Job19:25
Nuestras creencias las aceptamos como verdaderas pero las creencias se pueden cambiar. Lo que usted conoce o lo que usted está viviendo lo puede cambiar. Según como digo lo que digo, estaré creando experiencias positivas o negativas. Optemos por crearlas generadoras de poder, la palabra de Dios es viva y eficaz. Nuestra mente acepta cualquier cosa que nosotros decidamos creer. Solo son pensamientos, ideas y podemos manejarlos a voluntad, Dios te creó a ti con esa capacidad, Él no hizo de ti un robot o una marioneta.
Muchos están orando, leyendo la biblia, yendo a la iglesia, ofrendando y eso está bien, pero como no ven cumplidas sus peticiones, piensan que Dios no los escucha, que no se interesa en ellos, que son indignos, que están perdiendo su tiempo, y para que orar si Dios no me concede lo que deseo y como no tienen respuesta inmediata a sus oraciones se desaniman y piensan que lo mejor es olvidarse de Dios. Su creencia es que nada puede cambiar su situación, que Dios lo quiere y lo ha determinado así. La verdad es que están llenos de religiosidad y no están experimentando la libertad de acercarse a Dios como un padre, como un amigo. Dios es un Dios de relación no de religión, El quiere que tú confíes en Él a pesar de que no entiendas. Cree aunque no lo entiendas, sólo tienes que creer y declarar sus promesas sobre tu vida y sobre tu familia. Dios no quiere verte en esclavitud, para ello envió a su hijo Jesús para que nosotros tengamos vida y en abundancia. Te recuerdo que la vida cristiana es más que buena voluntad, es el poder de Dios actuando sobre nosotros.
Dios desea lo mejor para ti, te ha dado todas las cosas, pero Él espera que nosotros tomemos la decisión de ser responsables y adquiramos el compromiso de vivir la vida al máximo. La responsabilidad y el compromiso son distinciones que se aprenden.
“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”. Viktor Frankl
Quizás usted conozca la historia de Viktor Frankl, un sobreviviente del holocausto nazi, quien perdió a su esposa y a sus padres en un campo de concentración nazi. Tras su liberación en 1945 escribió su famoso libro “El hombre en busca de sentido”, donde describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra.
Al vivir en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda, sin nada, el libro nos describe la forma en la que pudo sobrevivir a pesar de que todo lo había perdido, de todo lo que había visto destruir a su alrededor. Explica cómo todo lo que valía la pena se le había arrebatado. Padeció hambre, frío y brutalidades en manos de los guardias nazis. En varias ocasiones estuvo a punto de morir, así como vio la muerte a su alrededor. Sin embargo, el objetivo de Frankl es ayudar a las personas a alcanzar un temple esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades con dignidad, a través del descubrimiento de un sentido para sus vidas. Al descubrir su verdad conveniente y orientadora, el hombre no sólo encuentra un sentido a su vida, sino que descubre qué es lo que la vida espera de él.
Viktor Frankl descubrió su verdad, el no fue prisionero ni carcelero de sus pensamientos, él le dio sentido a su vida cuando cambió su actitud y su manera de pensar. ¿Estás dispuesto a cambiar tu actitud y tus pensamientos? ¿Vas a seguir en ese campo de concentración? El campo de concentración donde muchos están tratando de sobrevivir es su mente. Tú puedes ser libre si decides creer en Jesús como tu salvador, tú tienes las llaves para salir en libertad. PS

Evangelio del Miércoles 27 de Abril

Día Litúrgico: Miércoles V (C) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 15,1-8): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

«Permaneced en mí, como yo en vosotros»

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy contemplamos de nuevo a Jesús rodeado por los Apóstoles, en un clima de especial intimidad. Él les confía lo que podríamos considerar como las últimas recomendaciones: aquello que se dice en el último momento, justo en la despedida, y que tiene una fuerza especial, como de si de un postrer testamento se tratara.
Nos los imaginamos en el cenáculo. Allí, Jesús les ha lavado los pies, les ha vuelto a anunciar que se tiene que marchar, les ha transmitido el mandamiento del amor fraterno y los ha consolado con el don de la Eucaristía y la promesa del Espíritu Santo (cf. Jn 14). Metidos ya en el capítulo decimoquinto de este Evangelio, encontramos ahora la exhortación a la unidad en la caridad.
El Señor no esconde a los discípulos los peligros y dificultades que deberán afrontar en el futuro: «Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,20). Pero ellos no se han de acobardar ni agobiarse ante el odio del mundo: Jesús renueva la promesa del envío del Defensor, les garantiza la asistencia en todo aquello que ellos le pidan y, en fin, el Señor ruega al Padre por ellos —por todos nosotros— durante su oración sacerdotal (cf. Jn 17).
Nuestro peligro no viene de fuera: la peor amenaza puede surgir de nosotros mismos al faltar al amor fraterno entre los miembros del Cuerpo Místico de Cristo y al faltar a la unidad con la Cabeza de este Cuerpo. La recomendación es clara: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).
Las primeras generaciones de cristianos conservaron una conciencia muy viva de la necesidad de permanecer unidos por la caridad. He aquí el testimonio de un Padre de la Iglesia, san Ignacio de Antioquía: «Corred todos a una como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo que procede de un solo Padre». He aquí también la indicación de Santa María, Madre de los cristianos: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).

lunes, 25 de abril de 2016

26 de Abril - Esteban de Perm

Esteban de Perm, Santo
Obispo, 26 de Abril

Etimológicamente significa laureado, coronado. Viene de la lengua griega.

Nació entre los años 1340 y 1345 en Velikiy Ustyug, una población de la región de Vologda, en Rusia.
Era hijo de un clérigo de Oustoug de Rusia. Desde muy joven, apenas sintió la vocación en su alma, pidió entrar en el monasterio de Rostov-el Antiguo.
Aquí aprendió, al mismo tiempo que las cosas propias de la carrera eclesiástica, el griego y se hizo todo un especialista en la Biblia.
Tenemos la suerte de conocer su vida, gracias al historiador san Sergio de Radonege.
Una vez que terminó sus estudios, lo ordenaron de sacerdote.
Sin la menor duda, salió para evangelizar las tribus paganas que vivían alejadas en los Urales.

¿Cuál fue su labor en este sitio inhóspito?
En primer lugar, para poder entrar en contacto con ellos, aprendió su lengua, la transcribió a un alfabeto y tradujo los Libros Santos con esta intención humana, cultural y religiosa.
En su trabajo pastoral con aquella gente tuvo muchas dificultades para que aceptaran la nueva luz que dimana del Evangelio.
Como persona que sentía la presencia de Dios en su vida, sobrellevaba con paciencia todo dolor y toda pena.
No obstante, su éxito entre aquella población muy excelente. Por esta razón, el metropolita de Moscú lo llamó para consagrarlo obispo.
No cambió para nada con su nuevo cargo. Se entregó como antes a la gente pobre. Sobrevino un hambre terrible. Entonces, gracias a su intervención, trajeron trigo de Vologda para repartirlo gratis a todos. Murió en Moscú, Rusia, el 26 de abril de 1396.

II Crónicas 32


1 Después de estos acontecimientos y de todas estas pruebas de fidelidad, Senaquerib, rey de Asiria, invadió Judá, sitió las ciudades fortificadas y mandó expugnarlas.
2 Cuando Ezequías vio que Senaquerib había venido con la intención de atacar a Jerusalén,
3 consultó a sus jefes y a sus guerreros sobre la conveniencia de cortar el agua de las fuentes que estaban fuera de la ciudad, y ellos lo apoyaron.
4 Entonces se reunió una gran multitud y taparon todas las fuentes y el arroyo que corría en medio de esa región, diciendo: «Así, cuando lleguen los reyes de Asiria, no encontrarán agua en abundancia».
5 Ezequías obró con decisión: reparó todas las brechas de la muralla, levantó torres sobre ella y otro muro por fuera, fortificó el Miló en la Ciudad de David y fabricó gran cantidad de dardos y escudos.
6 También puso jefes militares al frente del pueblo, los reunió junto a él en la plaza de la puerta de la ciudad, y los animó diciéndoles:
7 «¡Sean fuertes y tengan valor! No teman ni se acobarden ante el rey de Asiria y ante toda la multitud que lo acompaña, porque el que está con nosotros es más poderoso que el que está con él.
8 Con él no hay más que un brazo de carne, pero con nosotros está el Señor, nuestro Dios, para socorrernos y combatir a nuestro lado». El pueblo se sintió reconfortado por las palabras de Ezequías, rey de Judá.
9 Después de esto, Senaquerib, rey de Asiria, que se encontraba en Laquis con todas sus tropas, envió a sus servidores a Jerusalén para decir a Ezequías, rey de Judá, y a todo el pueblo de Judá que estaba en Jerusalén:
10 «Así habla Senaquerib, rey de Asiria: ¿En qué confían ustedes para permanecer sitiados en Jerusalén?
11 ¿No ven que Ezequías los está engañando y que él los expone a morir de hambre y de sed, cuando dice: «El Señor, nuestro Dios, nos librará de la mano del rey de Asiria»?
12 ¿No ha sido el mismo Ezequías el que eliminó sus lugares altos y sus altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: «Sólo ante un altar se postrarán y sobre él quemarán incienso»?
13 Ustedes saben muy bien lo que hemos hecho, yo y mis padres, y a todos los pueblos de las diversas regiones. ¿Acaso los dioses de esas naciones pudieron salvar a sus países de mis manos?
14 Entre todos los dioses de esas naciones que mis padres consagraron al exterminio, ¿hubo alguno capaz de librar a su pueblo de mis manos? ¡Tampoco su dios podrá entonces librarlos a ustedes!
15 ¡Que Ezequías no los engañe ni los seduzca de esa manera! No le crean, porque ningún dios de ninguna nación ni de ningún reino pudo salvar a su pueblo de mis manos ni de las manos de mis padres: ¡cuánto menos su dios podrá librarlos a ustedes!».
16 Mientras los servidores de Senaquerib seguían hablando contra el Señor Dios y contra Ezequías, su servidor,
17 Senaquerib escribió una carta para ultrajar al Señor, el Dios de Israel, y desafiarlo en estos términos: «Así como en los otros países los dioses de las naciones no han podido librar a sus pueblos, tampoco podrá el dios de Ezequías librar a su pueblo de mis manos».
18 Los servidores de Senaquerib gritaban a voz en cuello, en lengua hebrea, al pueblo de Jerusalén que se hallaba sobre la muralla, para intimidarlos y asustarlos, a fin de apoderarse de la ciudad.
19 Y hablaban del Dios de Jerusalén como si fuera uno de los dioses de los pueblos de la tierra, obra de manos humanas.
20 El rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, oraron y clamaron al Cielo.
21 Entonces el Señor envió un ángel que aniquiló a todos los guerreros valientes, a los jefes y a los oficiales en el campamento del rey de Asiria. Este tuvo que volver a su país, completamente avergonzado, y allí, al entrar en el templo de su dios, algunos de sus hijos lo asesinaron.
22 Así salvó el Señor a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de las manos de Senaquerib, rey de Asiria, y de las manos de todos los demás, y les dio paz en todas sus fronteras.
23 Muchos llevaron a Jerusalén ofrendas para el Señor y regalos para Ezequías, rey de Judá, el cual, después de esto, adquirió gran prestigio ante todas las naciones.
24 En aquel tiempo, Ezequías cayó gravemente enfermo y estuvo a punto de morir. Entonces imploró al Señor; el Señor le respondió y le concedió una señal extraordinaria.
25 Pero Ezequías no correspondió al beneficio recibido: al contrario, su corazón se ensoberbeció, y así atrajo la ira del Señor contra él, contra Judá y contra Jerusalén.
26 Ezequías se arrepintió de su orgullo, junto con los habitantes de Jerusalén, y la ira del Señor no se abatió más sobre ellos en tiempos de Ezequías.
27 Ezequías tuvo riquezas y gloria en abundancia. Adquirió tesoros de plata, oro, piedras preciosas, aromas, escudos y toda clase de objetos valiosos,
28 así como depósitos para sus provisiones de trigo, de vino y de aceite, establos para toda clase de ganado y rebaños para los establos.
29 Levantó ciudades y tuvo gran cantidad de rebaños y ganado menor y mayor, porque Dios le había dado muchísimos bienes.
30 Ezequías fue el que obstruyó la salida superior de las aguas de Guijón y las canalizó bajo tierra hacia la parte occidental de la Ciudad de David. Ezequías tuvo éxito en todas sus empresas.
31 Sin embargo, durante las conversaciones con los príncipes de Babilonia, enviados para informarse sobre la seña; extraordinaria ocurrida en el país, Dios lo abandonó para ponerlo a prueba y conocer sus sentimientos.
32 El resto de los hechos de Ezequías y sus obras de piedad están escritos en la Visión del profeta Isaías, hijo de Amós, y en el Libro de los reyes de Judá y de Israel.

33 Ezequías se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron en la cuesta de los sepulcros de los hijos de David. Todos los habitantes de Judá y de Jerusalén le tributaron honras fúnebres. Su hijo Manasés reinó en lugar de él.

Dios primero nos toma


La Vida es un continuo crecimiento. Las etapas son inevitables. La Vida tiene sorpresas. Fuimos hechos para extendernos.
“Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciéndoles: Tomen y coman; esto es mi cuerpo”. Mateo 26:26

Dios primero nos toma
Todo lo que él toma lo bendice
Él no bendice lo que primero no toma
De esa manera su palabra lo dice.

Dios todo lo que bendice lo parte
Él no parte lo que primero no bendice
Porque cuando él bendice
Él prepara el camino para lo que él parte.

Dios todo lo que parte, lo comparte,
Él no comparte lo que primero no parte.
Porque cuando él te parte
Está pensando luego a quien darte.

La vida es un proceso
Proceso que es divino
Del nacimiento al deceso
Dios nos madura como el buen vino.

Nos gusta que él nos tome,
Festejamos cuando él bendice,
Resistimos cuando él nos parte
Y nos negamos cuando nos comparte.

Detener todo el proceso
Es algo que yo no puedo
Pues él trabaja sin receso
Día a día hasta que quieto quedo. SCG

Evangelio del Martes 26 de Abril

Día Litúrgico: Martes V (C) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 14,27-31a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».

«Mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo»

Comentario: Rev. D. Enric CASES i Martín (Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos habla indirectamente de la cruz: nos dejará la paz, pero al precio de su dolorosa salida de este mundo. Hoy leemos sus palabras dichas antes del sacrificio de la Cruz y que fueron escritas después de su Resurrección. En la Cruz, con su muerte venció a la muerte y al miedo. No nos da la paz «como la da el mundo» (cf. Jn 14,27), sino que lo hace pasando por el dolor y la humillación: así demostró su amor misericordioso al ser humano.
En la vida de los hombres es inevitable el sufrimiento, a partir del día en que el pecado entró en el mundo. Unas veces es dolor físico; otras, moral; en otras ocasiones se trata de un dolor espiritual..., y a todos nos llega la muerte. Pero Dios, en su infinito amor, nos ha dado el remedio para tener paz en medio del dolor: Él ha aceptado “marcharse” de este mundo con una “salida” sufriente y envuelta de serenidad.
¿Por qué lo hizo así? Porque, de este modo, el dolor humano —unido al de Cristo— se convierte en un sacrificio que salva del pecado. «En la Cruz de Cristo (...), el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido» (Juan Pablo II). Jesucristo sufre con serenidad porque complace al Padre celestial con un acto de costosa obediencia, mediante el cual se ofrece voluntariamente por nuestra salvación.
Un autor desconocido del siglo II pone en boca de Cristo las siguientes palabras: «Mira los salivazos de mi rostro, que recibí por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido».

domingo, 24 de abril de 2016

25 de Abril - Giovanni Piamarta

Giovanni Piamarta, Santo
Fundador del Instituto Artigianelli y de la Congregación de la Sagrada Familia de Nazaret, 25 de Abril

Martirologio Romano: En la aldea de Remedello, en la provincia de Brescia, en Italia, San Juan Piamarta, presbítero, que tras grandes dificultades fundó el Instituto de los Artesanitos de Brescia en las cercanías de una colonia agrícola, con la finalidad de facilitar a los jóvenes una formación religiosa, así como también el aprendizaje de un oficio, lo que dio vida a la Congregación de la Sagrada Familia de Nazaret. (1913)
Fecha de beatificación: 12 de octubre de 1997 por el Papa Juan Pablo II. 
Fecha de canonización: 21 de octubre de 2012 por el Papa Benedicto XVI

San Giovanni Battista Piamarta, nacido en Brescia en 1841 de una familia pobre artesana, se sentirá impulsado a abrazar la causa de los huérfanos y de los jóvenes no sólo por la indigencia infantil, sino también por la filantropía evangélica y por el espíritu de León XIII, el Papa de los obreros y de la "Rerum 1vIovarum" (1891).
Debía poseer una excepcional sutileza selectiva, aquel Don Pancracio Pezzana, párroco de Vallio, que apreció los requisitos vocacionales de aquel muchacho, que emprendería la carrera eclesiástica sin ningún propósito calculador, sino con la única pasión de hallar la felicidad en el servicio gratuito a los últimos. El nunca querría elevarse al rol de protagonista en la compleja realidad eclesiástica bresciana.
La Divina Providencia lo había designado "manager" de la caridad y de la sociabilidad, tras de los turineses Don Bosco y Murialdo y del bresciano Pavoni, de quien, bajo cierto aspecto, recogerá la herencia. Los hombres lo hubiesen querido como un artesano perfecto, ojalá peluquero como lo fuera el padre, o colchonero refinado al estilo de Zanolini. 
Otras voces evangélicas, otras instancias desde lo alto y desde abajo lo llamaron a su auténtica vocación humanitaria.
Puesto a prueba por la indigencia familiar y por la muerte prematura de la extraordinaria madre, se templó sin lloriqueos en el brioso ambiente del Oratorio bresciano, donde un innato anticonformismo y una espontánea religiosidad fueron canalizados por el camino de una sólida formación católica.
A imagen y semejanza de Don Bosco, él se inserta en el contexto de su tiempo y percibe las exigencias de la clase obrera y campesina en el período final del siglo XIX. 
En el andar de este hombre, falto de títulos académicos, pero doctorado en amor, hallamos un ejército de personas, de las cuales no podemos prescindir: Mons. Bonomelli, obispo de Cremona, había sido su profesor de teología y lo había ayudado a romper el pequeño "guetto" de sacristía para mirar "en grande" los problemas del hombre; Mons. Pietro Capretti, el "leader" del movimiento católico bresciano, que le inspiró varios proyectos y no le regaló sólo buenos consejos, sino también conspicuas ayudas económicas; y luego el grupo de laicos comprometidos como Giuseppe Tovini, Giorgio Montini, padre de Paulo VI, y Luigi Bazoli, a los cuales probablemente el P. Piamarta debe no sólo el apoyo económico, sino también una equilibrada selección de fidelidad creativa a las reglas de la Santa Sede (piénsese en la feliz fórmula "preparación en la abstención"). 
Siguiendo la huella del venerable Pavoni, cuya obra providencial para los aprendices se había derretido bajo el calor candente del anticlericalismo del "Risorgimento", el P. Piamarta creó hace cien años el Instituto Artigianelli (3 de diciembre de 1886).
La iniciativa no bastó para su fervor de sociabilidad evangélica. La caridad cristiana es como el fuego, que salta de una rama a otra e incendia el bosque. En 1895, junto con Bonsignori, fundó la Colonia Agrícola de Remedello Sopra, que transformó una tierra casi árida como un desierto, en edén de fecundidad y bienestar.
En mayo de 1902 el Padre de los "Artigianelli" (Pequeños Artesanos) es el fundador de la Sagrada Familia de Nazaret, la Congregación masculina destinada a recoger su herencia moral. Algunos años después, en pía solidaridad con Elisa Baldo, da inicio a las Humildes Siervas del Señor. Estas dos ramas religiosas, que se adecuaron a continuación con las normas del derecho canónico y se pusieron al día con la urgencia de los tiempos, mantienen viva la llama del P. Piamarta, que se dirige hacia los altares.
Algunas memorias, aún todas por verificar, sostienen que en su curso de estudios no brillase por un alto coeficiente intelectual. Sin embargo, este cura de Ars bresciano fue un creador de cultura y emprendió afortunadas iniciativas en el campo tipográfico editorial, imprimiendo en su imprenta artesanal diarios y periódicos, monografías apologéticas y libros de formación de vasta resonancia, apoyando la propaganda de las sociedades obreras (¡la buena sangre no miente!).
Su promocionalidad creativa ni siquiera rozó el rumor del dinero. Su obra se desarrolló bajo la insignia de la alegre pobreza franciscana.
Afligido por una salud enfermiza se le pronosticó una corta vida.
Llegó a los ?2 años y bajó a la tumba el 25 de abril de 1913, al cabo de un ritmo tan intenso de vida, que habría abatido constituciones más robustas. Tenía mente de padre y corazón de madre, fuerza de caudillo y dulzura digna de S. Francisco de Sales y alegría como la de S. Filippo Neri, el buen "Pippo" de los chistes y de las burlas.
Un amigo, escritor, alérgico al agua santa y bien conocido por una historia de Italia de muy gustoso corte periodístico, hace algún tiempo desahogaba su malhumor, diciéndome: "La Iglesia está desahuciada: las ha hecho de demasiados colores".
La réplica es fácil. Ninguna sociedad ha generado una galería tan tupida de benefactores de la humanidad como el catolicismo.
Hombres como el P. Piamarta valen bastante más que una enciclopedia apologética. Su aventura humana es una apología viviente.

El milagro para su canonización
Era un miércoles a la hora del almuerzo, cuando a Esteban Figueiredo de Paula Pessoa le quedó una espina de pescado atrapada en la garganta. La mujer y la hija que estaban con él, le suplicaban que fuese al hospital, mas él les dice que no era necesario, porque conocía un secreto casero para hacer descender la espina: comer plátano y harina. 
Así lo hizo y, efectivamente, la espina descendió de la garganta. Sin embargo, cerca de 8 días después, Esteban despertó a su mujer diciéndole que tenía un fuerte dolor en el tórax y quería ir al hospital. Ya de mañana, lo llevan a un centro hospitalario. Los médicos de turno lo revisaron y le dieron una medicina para el dolor, diagnosticándole una virosis (infección causada por un virus). Volvieron a casa y a la mañana siguiente Esteban continuaba con el mismo malestar, lo llevaron a otro hospital y nuevamente le dijeron que era virosis. Esteban continuó así.
Viendo que su padre no mejoraba, los hijos decidieron llamar a una amiga médico, la doctora Teresina do Merino Jesús Silva, quien indicó que lo mejor era llevarlo a un centro de especialistas en enfermedades infecciosas.
Decidieron llevarlo al Hospital San Mateo. Entró caminando y hablando, pero cuando menos lo esperaban fue colocado en la Unidad de Terapia Intensiva con diagnóstico de Mediastinitis, que es una infección gravísima. El médico les explicó que esta infección era ocasionada por espinas de pescado que se alojaban en el intestino. En el caso de Esteban, la espina que tiempo atrás había tragado le ocasionó una herida y causó esta grave infección. El médico les explicó la real dimensión del caso: este tipo de infecciones es gravísimo al punto que rara vez las personas sobreviven. Además, les explicó que se debería llevar en forma urgente al paciente a un pabellón quirúrgico para una operación. Fue entonces cuando todo comenzó.
Después de la primera operación aparecieron varias complicaciones y quedó días y días en la UTI, siempre bajo sedantes para no sentir dolor. Vino la segunda operación, la tercera, la cuarta y él cada vez más debilitado. A la quinta operación, los médicos lo declararon sin esperanzas.
Recibió más de 150 bolsas de sangre, porque la infección era muy grave. Los riñones dejaron de funcionar y hubo que hacer diálisis diariamente.
Su esposa estaba muy angustiada, sobre todo después de la quinta operación, cuando los médicos no le dieron más esperanza.
Un amigo de la familia, Raimundo Arcebio Silva, sabedor de la aflicción de la familia, fue donde su esposa Euridice Almeida, que tenía una imagen del Padre Piamarta en la propia Biblia. Ella miró al marido y le dijo: Esteban no moriría, porque Padre Piamarta intercedió por él. Le pidió que le entregara la imagen a la esposa de Esteban para que la colocara en su cama y junto a la familia pidiesen la intercesión del Padre Piamarta.
En la vida todo tiene razón, todo sucede por algo. Es así como en los momentos de máxima aflicción de este grupo familiar, aparecieron la señora Eurídice y el señor Raimundo, amigos de la familia y devotos del Padre Piamarta, junto a quienes rezaron y pidieron la intercesión del Padre Piamarta. Esteban volvió a la vida, se produjo el gran milagro.

II Crónicas 31


1 Una vez terminada la fiesta, los israelitas que se encontraban allí salieron por las ciudades de Judá y destrozaron las piedras conmemorativas, talaron los postes sagrados y demolieron los lugares altos y los altares de todo Judá y Benjamín, y también los de Efraím y Manasés, hasta destruirlos completamente. Luego todos los israelitas regresaron a sus ciudades, cada uno a su posesión.
2 Ezequías restableció las clases de los sacerdotes y levitas, clase por clase, cada una según su servicio sacerdotal o levítico, para ofrecer los holocaustos y los sacrificios de comunión, para servir al culto y cantar alabanzas e himnos en las puertas del campamento del Señor.
3 El rey destinó una parte de sus rentas para los holocaustos de la mañana y de la tarde, de los sábados, de los novilunios y de las solemnidades, como está escrito en la Ley del Señor.
4 Luego mandó al pueblo que habitaba en Jerusalén que entregara la parte correspondiente a los sacerdotes y levitas, a fin de que estos pudieran dedicarse enteramente a la Ley del Señor.
5 Cuando se promulgó la orden, los israelitas aportaron abundantemente las primicias del trigo, del vino nuevo, del aceite fresco, de la miel y de todos los productos del campo, y entregaron en abundancia el diezmo de todo.
6 También la gente de Israel y de Judá que habitaba en las ciudades de Judá, entregó el diezmo del ganado mayor y menor, como asimismo el diezmo de las cosas santas consagradas al Señor, acumulándolas en montones.
7 Comenzaron a hacer los montones en el tercer mes, y en el séptimo ya habían terminado.
8 Ezequías y los jefes fueron a ver los montones, y bendijeron al Señor y a su pueblo Israel.
9 Ezequías pidió información a los sacerdotes y a los levitas acerca de esos montones,
10 y Azarías, el Sumo Sacerdote, de la casa de Sadoc, le respondió: «Desde que empezaron a traer las ofrendas a la Casa del Señor, hemos comido hasta saciarnos y ha sobrado muchísimo, porque el Señor ha bendecido a su pueblo: toda esta cantidad es lo que ha sobrado».
11 Ezequías mandó preparar unas despensas en la Casa del Señor. Así lo hicieron,
12 y todos llevaron puntualmente las ofrendas, los diezmos y los dones consagrados. El levita Conanías era el encargado de principal y tenía a su hermano Simei como ayudante.
13 Iejiel, Azazías, Nájat, Azael, Ierimot, Ioazabad, Eliel, Ismaquías, Májat y Benaías eran los inspectores, a las órdenes de Conanías y de su hermano Simei, por disposición del rey Ezequías y de Azarías, el mayordomo de la Casa de Dios.
14 El levita Coré, hijo de Imná, guardián de la puerta de Oriente, estaba encargado de las ofrendas voluntarias hechas a Dios, para administrar las ofrendas del Señor y los dones santísimos.
15 El tenía bajo sus órdenes a Eden, Miniamín, Josué, Semaías, Amarías y Secanías, repartidos permanentemente en las ciudades sacerdotales para proveer a sus hermanos, tanto pequeños como grandes, según sus clases:
16 además de los que estaban inscritos en el registro de los varones, de tres años para arriba, todos los que entraban en la Casa del Señor recibían cada día su parte, según sus funciones y sus clases.
17 La inscripción de los sacerdotes se hacía por casa paterna, y la de los levitas –a partir de los veinte años– por funciones y por clases.
18 Esa inscripción valía para toda la familia –para sus mujeres, sus hijos e hijas– es decir, para toda la asamblea, porque estaban consagrados fielmente al servicio de las cosas santas.
19 En cuanto a los hijos de Aarón, a los sacerdotes que vivían en los campos suburbanos de sus respectivas ciudades, había para cada ciudad personas designadas expresamente, con el fin de repartir las provisiones a todos los varones de familia sacerdotal y a todos los levitas inscritos en el registro.
20 Así procedió Ezequías en todo Judá, e hizo lo que es bueno, recto y leal delante del Señor, su Dios.

21 En todas las obras que emprendió por el servicio de la Casa de Dios, por la Ley y los mandamientos, obró buscando a Dios de todo corazón, y tuvo éxito.

Dejar atrás el Pasado


Yo me alegro de que cada vez que atravesamos el umbral de un nuevo año ignoremos lo que nos deparará.
Me alegro de que no podamos correr el velo del tiempo y ver lo que nos aguarda.
Lo que sí sabemos es que podemos dejar atrás el pasado, con todas sus preocupaciones e inquietudes, sus penas y desazones, sus errores y tropiezos. Eso me parece estupendo.
Todo ello queda por siempre relegado al pasado, y es inalterable. No nos es posible deshacer un solo acto ni desdecir una sola palabra irreflexiva.
Cada año es una ocasión de volver a empezar.
Si has aceptado a Jesús como Salvador no tienes por qué cargar con culpas y remordimientos.
Todos los errores, pesares y penas del pasado año se encuentran en manos del Dios omnipotente y han quedado cubiertos por Su amor.
Dios puede darte: gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado. Isaías 61:3. Puede hacer brotar miel de la peña y agua dulce del amargo desierto del pasado, sin importar cómo haya sido. Deuteronomio 32:13; Isaías 41:18.
Todo eso promete en Su Palabra a los Suyos.
A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Romanos 8:28
Él puede hacer que todo redunde en beneficio nuestro.
Aunque muchas personas afirman creer en la misericordia y el perdón de Dios, se preocupan por las manchas que hay en las páginas de su pasado.
Nunca se gozan plenamente en el hecho de que Dios ya las borró. Isaías 43:25
¿Quién va a querer vivir en el pasado cuando el futuro es tan prometedor?
Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:13-14
Independientemente de cómo haya sido tu pasado, Jesús puede tornar tan radiante tu futuro que desees que se eternice.
¡Y lo bueno es que será eterno!