lunes, 28 de febrero de 2022

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Música de las esferas - Arpa de cristal y ondas pendulares...

Para que triunfe el mal...

Con cada amanecer...

Suitberto de Kaiserswerth, Santo

Abad y obispo, 01 de Marzo
Elogio: En Werda (hoy Kaiserswerth), isla del Rin, en Sajonia, san Suitberto, obispo, que primero fue monje en Northumbria, siendo compañero de san Willibrordo, y después, ordenado obispo por san Wifrido, predicó el Evangelio a los bátavos, frisios y otros pueblos de Germania. Falleció piadosamente, ya anciano, en el monasterio que había fundado.
País: Alemania - †: 713
 
San Willibrordo, obispo misionero, llevaba como compañeros en el apostolado a doce monjes; entre ellos estaba Suitberto, monje de Northumbria (Inglaterra). En el año 690 fueron a Frisia (entre Alemania y Holanda) y allí se dividieron entre las diferentes zonas. Suitberto predicó con éxito en Brabante, Gelderland y Cleves, y en el 693 fue enviado a Inglaterra para recibir la consagración episcopal de manos de san Wilfrido en Mercia.
Pasó a Frisia, pero bien pronto la dejó para convertirse en el «apóstol de Brukterer» en la Westfalia del Sur, pero esta región fue invadida por sajones paganos y Suitberto se retiró al territorio de los francos. El rey Pipino y su esposa Plectudre le donaron la isla de Kaiserswerth, cerca de Düsseldorf, donde fundó un monasterio, y allí murió el 1 de marzo 713. Sus restos fueron encontrados en 1626 en un relicario de plata en Kaiserswerth, donde aun se venera.
Su nombre es conmemorado en el Calendario de Willibrordo. La leyenda del nacimiento de Suitberto cuenta que su madre soñó con una estrella que emitía dos rayos y caía en la tierra; el obispo Aidan interpreta su sueño: el niño que vendrá al mundo está llamado a trabajar en dos países, la Galia y la Germania. Por esto se lo representa siempre con una estrella en la mano.

¿Influye la salud bucal sobre el corazón?

En los últimos años se dio un crecimiento en el número de investigaciones dedicadas a explorar la relación entre la salud bucal y cardiovascular. Si bien la evidencia disponible aún es escasa, existen distintas teorías que explican los posibles mecanismos detrás de esa relación. 
¿Qué es la enfermedad de las encías? 
La periodontitis, también conocida como enfermedad de las encías, es una infección de las encías que daña el tejido blando. Se estima que alrededor de dos tercios de las personas mayores de 65 años tienen enfermedad de las encías. Esta afección comienza cuando la placa, una película pegajosa de bacterias y alimentos, se acumula alrededor de los dientes. En su etapa más temprana (gingivitis) las encías irritadas pueden sangrar fácilmente. Si no se trata, a la larga, la periodontitis puede destruir el hueso que sostiene los dientes, haciendo que se aflojen o pierdan. 
Los expertos señalan que ciertos síntomas pueden indicar la presencia de enfermedad de las encías: 
·        Dolor al masticar. 
·        Tener encías inflamadas o hinchadas, de color rojo brillante, oscuro o morado, sensibles al tacto o que sangran fácilmente 
·        Tener dientes flojos. 
·        Tener mal aliento persistente. 
·        Tener nuevos espacios entre los dientes. 
·        Tener pus entre los dientes o encías. 
·        Teñir el cepillo de dientes de rosa después de usarlo o escupir sangre tras el cepillado o uso de hilo dental. 
¿Cómo afecta al corazón? 
La enfermedad de las encías no solo se limita a una situación desagradable que afecta la estructura dental o provoca daños en la autoestima. En los últimos años diferentes investigaciones señalaron que también podría tener consecuencias sobre la salud cardiovascular. Si bien no todas las personas con enfermedad de las encías tienen problemas cardíacos y no todas las personas con problemas cardíacos tiene enfermedad de las encías, existe una correlación. 
Por ejemplo, un trabajo publicado en Journal of Dental Research, halló tras analizar el historial clínico de casi 5.300 participantes que las personas con mala salud dental tenían el doble de riesgo de desarrollar enfermedad coronaria, en comparación con aquellos que tenían una salud bucal óptima. 
Otra investigación, publicada en Journal of Oral Microbiology, señaló que Porphyromonas gingivalis, una bacteria que habita debajo de las encías, es el tipo de bacteria que más se encuentra en arterias coronarias y femorales. 
Mientras que un trabajo publicado en European Journal of Preventive Cardiology, que analizó a casi un millón de personas (una de las muestras más grandes para analizar esta comparación hasta la fecha), sugirió que, aunque la mala salud bucal no causa directamente la enfermedad cardiovascular, existe un vínculo que debe estudiarse en profundidad. 
Pero ¿a qué se debe esta relación? Aunque aún no se comprende por completo el vínculo entre ambas afecciones, los profesionales tienen diferentes teorías al respecto. En principio, los factores de riesgo compartidos podrían explicar la asociación, como una mala alimentación, tabaquismo o falta de acceso a la atención médica, entre otros. 
Otros profesionales destacan el papel de la inflamación. La inflamación es un proceso que ocurre cuando el sistema inmunitario detecta un agente extraño, como bacterias o virus. El objetivo de esta respuesta es proteger, mediante los glóbulos blancos, potenciales infecciones o lesiones. Una vez que el peligro desaparece, la inflamación suele ceder. Sin embargo, si la inflamación persiste, incluso cuando el cuerpo no se siente amenazado, puede convertirse en un problema, llegando a dañar tejidos y órganos. Por ello, se considera posible que la inflamación en las encías desencadene una reacción en cadena que termine por afectar al sistema cardiovascular. 
Otra respuesta a la relación entre la salud bucal y cardiovascular puede encontrarse en las bacterias de las encías. Estos microorganismo, explican los expertos, pueden ingresar al suministro de sangre y ser impulsadas a diferentes destinos, incluido el corazón, donde causan inflamación y daño. 
No solo el corazón puede verse afectado 
Aunque los problemas cardiovasculares relacionados con la enfermedad de las encías es uno de los aspectos más estudiados por los investigadores, también existe evidencia que señala que una mala salud bucal puede estar relacionadas con otras afecciones: 
·        Artritis reumatoide. 
·        Cáncer. 
·        Demencia. 
·        Diabetes. 
·        Disfunción eréctil. 
·        Problemas óseos. 
·        Problemas respiratorios. 
Cómo prevenir la enfermedad de las encías 
A pesar de la gran incidencia que la enfermedad de las encías tiene, especialmente en la población de adultos mayores, los expertos señalan que existen distintos hábitos que pueden ayudar a mantener una buena higiene bucal y reducir el riesgo de esta afección, y, por consiguiente, de sufrir problemas cardiovasculares: 
·        Cepilla tus dientes y lengua al menos dos veces al día con pasta dental con flúor. 
·        Usa hilo dental entre los dientes y las encías al menos una vez al día. 
·        Usa enjuague bucal regularmente. 
·        Mantén una dieta saludable, rica en vegetales, frutas, cereales y semillas. A su vez, reduce el consumo de alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares, sales y grasas. 
·        Controla los niveles de colesterol, presión arterial y azúcar en sangre. 
·        Evita fumar, vapear o mascara tabaco.  
·        No descuides cualquier síntoma de la enfermedad de las encías. Visita al dentista dos veces al año, para que realice chequeos y limpieza general. HD

La hipertensión nocturna podría predecir posibilidad de inicio temprano de preeclampsia…

La preeclampsia y su forma grave, la eclampsia, constituyen un tipo de trastorno hipertensivo que pone en riesgo la vida y la salud de la madre y del bebé si no se toman medidas médicas en forma oportuna. Ahora, de acuerdo con un estudio realizado en La Plata, el aumento de la presión arterial durante la noche podría ser un factor predictor de desarrollo de preeclampsia. 
A esa hipótesis, que requiere ser confirmada en estudios adicionales, llegaron médicos e investigadores del Hospital Gral. San Martín (HIGA) de La Plata y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) tras registrar la presión arterial de 24 horas mediante monitoreo ambulatorio (MAPA) en 477 mujeres que cursaban la segunda mitad de un embarazo de alto riesgo. El estudio se publicó en la revista Hypertension Research y fue motivo de una editorial en esa publicación. 
«Nuestro trabajo sugiere fuertemente la necesidad de realizar un MAPA alrededor de la semana 24 de gestación en las mujeres que cursan un embarazo de alto riego. Si se detecta en este estudio hipertensión nocturna, está indicado efectuar un estricto seguimiento del embarazo y contactar a la mujer con un servicio con experiencia en el manejo de PE y que cuente con una neonatología de alta complejidad», indicó el director del estudio, el Dr. Martín Salazar, jefe de Docencia e Investigación del HIGA y profesor titular de Medicina Interna de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP. Y agregó que «el desarrollo de preeclampsia antes de las 34 semanas, conocido como preeclampsia temprana, representa el mayor riesgo, en especial para el bebé». 
Los investigadores constataron que casi el 90% de las mujeres con preeclampsia temprana habían tenido hipertensión durante la noche. «Además, la hipertensión durante la noche fue el más fuerte predictor de desarrollo de preeclampsia tanto tardía (alrededor de dos veces más riesgo) como temprana (más de 5 veces de incremento)», puntualizó el Dr. Salazar, también miembro de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial. 
Las mujeres que cursan un embarazo de alto riesgo pueden ser identificados por antecedentes en embarazos previos, por enfermedades desarrolladas durante la gestación o por características del embarazo actual. Dado que el estudio se realizó en un hospital especializado en embarazo de alto riesgo, el Dr. Salazar destacó que sus conclusiones no pueden ser generalizadas a todas las mujeres embarazadas y que futuros estudios son necesarios para determinar la validez de las conclusiones en embarazadas que no son de alto riesgo. BP

La sorprendente estrategia para curar mejor las fracturas…

Si alguna vez te has roto un hueso, probablemente pensaste que lo mejor era descansar y no poner ningún peso sobre él. Pero de manera un tanto contraria al sentido común, el ejercicio en realidad puede desempeñar un papel importante para garantizar que las fracturas cicatricen correctamente. Investigaciones muestran que la actividad física puede promover la mejoría de los huesos e incluso ayudar a evitar fracturas en el futuro. 
Cerca de 178 millones de nuevas fracturas óseas ocurren en el mundo cada año. Suceden por varias razones, que incluyen caídas o lesiones deportivas. Si bien la mayoría de las personas se recuperan sin problemas de sus lesiones, los mayores, diabéticos o quienes tienen osteoporosis enfrentan un riesgo significativamente mayor de morir o quedar con discapacidad a causa de una fractura ósea. 
Otro problema importante es que alrededor del 5 al 10% de las fracturas no se curan adecuadamente. Podría ser que son fracturas difíciles de mantener unidas o tienen un bajo flujo sanguíneo en el área. Además, algunos factores de riesgo importantes incluyen la gravedad de la fractura, el tabaquismo, si la persona es de edad avanzada, la obesidad y la diabetes. Los huesos de la mano, la tibia y el peroné (ambos en la pierna) y el fémur (hueso del muslo) son más propensos a curarse de forma poco adecuada. 
¿Cuál es el rol del ejercicio? 
Ante los factores de riesgo es cuando el ejercicio puede ayudar. Un estudio en el que se analizaron 166 fracturas de tibia tratadas quirúrgicamente estableció que el ejercicio temprano con pesas estaba relacionado con una curación más rápida, incluso en participantes que tenían fracturas de difícil mejoría. La curación se definió como la capacidad de la persona para soportar peso sin dolor, además de contar con radiografías que mostraban que la fractura se había unido o reparado. Por otro lado, un estudio menor que investigó lo que puede suceder si las personas no hacen ejercicios con pesas seis semanas después de la cirugía mostró que los participantes tenían una pérdida ósea significativa. 
¿Por qué el ejercicio ayuda a sanar? 
La razón por la que el ejercicio tiene este efecto puede explicarse fácilmente. Cuando nos fracturamos un hueso, el oxígeno y el flujo sanguíneo son extremadamente importantes para ayudar a sanar la fractura. Entonces, cuando hacemos ejercicio, nuestros vasos sanguíneos se agrandan, lo que permite que fluya más oxígeno, nutrientes y factores de crecimiento hacia el área afectada. El ejercicio también desencadena la liberación de una molécula de energía llamada trifosfato de adenosina (ATP). 
Los estudios con células óseas muestran que la estimulación mecánica (similar a lo que sucedería durante el ejercicio) desencadena la liberación de ATP, y esto fomenta la formación de hueso nuevo, un paso vital para la curación. Pero también existe un tercer mecanismo por el cual el ejercicio ayuda a sanar nuestros huesos. Los estudios detallan que los osteocitos, un tipo de célula ósea, se activan por las contracciones musculares que ocurren durante el ejercicio con pesas. Esto hace que los osteocitos instruyan a otras células óseas para que creen tejido nuevo y más fuerte, lo que les permite reparar los bordes del hueso roto.
 Una investigación propia también demostró que estirar los osteocitos (una técnica para imitar el ejercicio en el laboratorio) puede estimularlos, lo que hace que liberen proteínas relacionadas al desarrollo óseo. 
Nuestro estudio también respalda la idea cada vez mayor de que el ejercicio ayuda a promover la supervivencia de los osteocitos. 
Otro estudio de 2021, pero realizado en peces cebra, mostró que la estimulación mecánica de los osteocitos ayuda a mejorar la curación de los huesos y suprime la inflamación, algo importante para reparar fracturas. 
Al igual que los humanos, el pez cebra tiene osteocitos, lo que significa que estos hallazgos pueden reflejarse de manera similar en ambos. 
¿Cómo funciona esto en la práctica? 
Siempre debes escuchar los consejos de tu médico cuando se trata de hacer ejercicio, especialmente de acuerdo con la edad, el nivel de condición física y la gravedad de la fractura. Pero si tienes una pierna rota con un yeso, por ejemplo, el ejercicio puede consistir en acostarte en el piso, levantar la pierna en el aire y sostenerla durante cinco segundos antes de bajarla. Esto lo puedes repetir unas diez veces. Mientras estás sentado, también puedes presionar el pie contra el piso durante cinco segundos y soltarlo, repitiendo nuevamente diez veces. Mover y doblar los dedos de los pies también es beneficioso para enviar el flujo de sangre hacia y desde las extremidades. 
Si tienes una muñeca rota, puedes doblar el codo, sostener una pelota de fuerza, apretarla y relajarte. Nuevamente, repite los ejercicios diez veces. A medida que el hueso roto comienza a sanar, tu médico generalmente pedirá que progreses a ejercicios de soporte de pesos parciales y completos. Por lo general, toma de seis a ocho semanas sanar una fractura menor y 20 semanas para las más importantes. Pero si bien sabemos que el ejercicio mejora la curación de los huesos, es difícil cuantificar cuánto más rápido ayuda a que se recuperen. El tiempo también puede depender de una variedad de factores, como la edad, las enfermedades preexistentes, el estado físico y el estilo de vida. LS

Cómo actuar ante las convulsiones…

Lo más habitual es que la persona que presenta convulsiones pierda la conciencia, caiga al suelo y presente movimientos espasmódicos incontrolables de brazos y piernas debido a la contracción y relajación excesivamente rápida de los músculos. En este caso, el objetivo es ayudarla a evitar posibles lesiones y complicaciones mayores que pueden resultar peligrosas.

Por qué se producen:

En condiciones normales, las neuronas (células nerviosas cerebrales) crean, envían y reciben impulsos eléctricos que permiten que el cerebro funcione de forma adecuada. Si estas vías de comunicación se dañan o interrumpen, pueden aparecer convulsiones. A pesar de que la epilepsia es la causa más habitual, también se pueden producir convulsiones ante la fiebre muy elevada, debido a ciertos medicamentos, un golpe en la cabeza, algunas enfermedades, infecciones por virus (incluido el Covid-19) y hasta por la falta excesiva de sueño. Aunque las causas de una convulsión sean tan diversas, los síntomas son muy similares y las medidas generales para ayudar a quien las padece coinciden.

Mantener la calma:

Al presenciar una crisis convulsiva y si creemos que esa persona se va a caer, procurar que no se golpee contra el suelo. A partir de aquí, esta es la secuencia que se debe seguir:

Una vez acostada, colocar una almohada bajo su cabeza o cualquier prenda mullida que evite golpes. A continuación, girar su cabeza hacia un costado. Retirar los objetos de su alrededor con los que podría golpearse. Si lleva anteojos, quitárselos, podrían romperse y cortarla. Aflojar corbatas, cinturones, collares o cualquier objeto o prenda de vestir que pueda dificultar la respiración. Una vez haya finalizada la crisis, colocar a la persona de lado, en la posición lateral de seguridad. De este modo se evitará que si vomita, se lo trague (con el peligro de ahogo que eso conlleva) y, además, ayuda a respirar. Es importante mantener la cabeza fría y contabilizar el tiempo que dura la crisis, aunque sea aproximadamente; es probable que el médico que atienda a la persona afectada lo pregunte después. En caso de que no recupere la respiración, hay que iniciar la maniobra de reanimación pulmonar (RCP) y llamar rápidamente a emergencias.

Lo que no hay que hacer:

En primer lugar, si la persona babea o echa espuma por la boca, no asustarse, es normal. No sujetarla ni evitar que se mueva. No introducir ningún objeto entre los dientes (ni un pañuelo); podría tragárselo, dañarse la boca o morder. No hacerle la reanimación cardiopulmonar (RCP), no la necesita. Lo habitual es que reanude la respiración espontáneamente una vez finalicen los espasmos. No ofrecerle comida ni bebida, tampoco agua. Esperar a que esté completamente recuperada. No darle ningún medicamento, ni siquiera de los de venta libre. No dejarla sola. Esperar a que esté consciente y se pueda comunicar y mover con absoluta normalidad.

Viento favorable…

“Ningún viento es favorable a quien desconoce a qué puerto se dirige”, decía Séneca.
Existe el peligro de ir por la vida sin tener clara la meta, sin saber a qué puerto vamos.
Es verdad que muchas veces apuntamos hacia metas provisionales, hacia pequeñas escalas en el camino de la vida. Este año orientamos nuestro esfuerzo en terminar bien los estudios universitarios. Luego iremos en busca de un trabajo, de una casa, de un esposo o esposa, de una familia. Más adelante, trabajaremos por aquello que pueda ser mejor para los hijos.
En algunos ‘momentos intermedios’ nos dedicaremos a buscar una medicina, a pedir consejo a un amigo, a comprar un televisor o un libro, a realizar un viaje de descanso... Metas intermedias, provisionales. Etapas de un camino mucho más serio que nos lleva hacia el puerto definitivo.
Podemos preguntarnos: ¿existe ese puerto último, una meta que explica todas las demás, después de la cual ya no quedan más etapas por recorrer? Alguno dirá que no hay puertos definitivos, y optará por vivir al día. Sin orden, sin brújula, sin esfuerzo por llevar a cabo conquistas para su vida profesional o familiar. Otros preferirán ir de etapa en etapa. Lo que llegue a ocurrir al final, cuando ya no queden páginas por escribir, no lo sabemos, o tal vez será un simple desaparecer, como niebla ante el viento tibio de la mañana.
Los cristianos sabemos cuál es nuestro destino, cuál es la meta que nos espera. Cristo mismo lo dijo: ha ido al Padre para prepararnos un lugar, para organizar la bienvenida más hermosa, más completa en la Patria verdadera (Jn 14,1-3).
Con la mirada en el cielo, seguimos en este variado viaje de la vida. Con sus vientos, con sus tormentas, con sus olas, con sus días, con sus noches, con sus alegrías, con sus tristezas. Para los que aman a Dios, todo lleva a la meta (cf. Rm 8,28), todo viento es favorable, toda prueba es un escalón más hacia el cielo.
El puerto sigue abierto, la travesía continúa. No siempre es fácil vivir de esperanza, ni mantener la nave intacta. Pero entre nosotros sigue Jesús, el Galileo. Tal vez dormido y silencioso, pero fiel y sereno, como el verdadero Señor de nuestra historia. La Iglesia, nave, madre y maestra, nos lleva dentro, nos invita a amar, nos impulsa con el soplo impetuoso del Espíritu. Vamos a casa, vamos al cielo, vamos al abrazo eterno del Padre bueno. FP

Día litúrgico: Martes VIII (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 10,28-31): En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».
 
«Nadie que haya dejado casa (...) por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno (...) 
y en el mundo venidero, vida eterna»
 
Comentario: Rev. D. Jordi SOTORRA i Garriga (Sabadell, Barcelona, España)
 
Hoy, como aquel amo que iba cada mañana a la plaza a buscar trabajadores para su viña, el Señor busca discípulos, seguidores, amigos. Su llamada es universal. ¡Es una oferta fascinante! El Señor nos da confianza. Pero pone una condición para ser discípulos, condición que nos puede desanimar: hay que dejar «casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio» (Mc 10,29).
¿No hay contrapartida? ¿No habrá recompensa? ¿Esto aportará algún beneficio? Pedro, en nombre de los Apóstoles, recuerda al Maestro: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mc 10,28), como queriendo decir: ¿qué sacaremos de todo eso?
La promesa del Señor es generosa: «El ciento por uno: ahora en el presente (...) y en el mundo venidero, vida eterna» (Mc 10,30). Él no se deja ganar en generosidad. Pero añade: «Con persecuciones». Jesús es realista y no quiere engañar. Ser discípulo suyo, si lo somos de verdad, nos traerá dificultades, problemas. Pero Jesús considera las persecuciones y las dificultades como un premio, ya que nos ayudan a crecer, si las sabemos aceptar y vivir como una ocasión de ganar en madurez y en responsabilidad. Todo aquello que es motivo de sacrificio nos asemeja a Jesucristo que nos salva por su muerte en Cruz.
Siempre estamos a tiempo para revisar nuestra vida y acercarnos más a Jesucristo. Estos tiempos y todo tiempo nos permiten —por medio de la oración y de los sacramentos— averiguar si entre los discípulos que Él busca estamos nosotros, y veremos también cuál ha de ser nuestra respuesta a esta llamada. Al lado de respuestas radicales (como la de los Apóstoles) hay otras. Para muchos, dejar “casa, hermanos, hermanas, madre, padre...” significará dejar todo aquello que nos impida vivir en profundidad la amistad con Jesucristo y, como consecuencia, serle sus testigos ante el mundo. Y esto es urgente, ¿no te parece?
 
Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«‘Pues yo os aseguro que nadie hay…’. No quiere decir con esto que abandonemos a nuestros padres, dejándolos sin auxilio, ni que nos separemos de nuestras mujeres, sino que prefiramos el honor de Dios a todo lo que es perecedero» (San Beda el Venerable)
«No cabe duda que las formas concretas de seguir a Cristo están graduadas por Él mismo según las condiciones, las posibilidades, las misiones, los carismas de las personas y de los grupos» (San Juan Pablo II)
«Los cristianos, por ser miembros del Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo (cf. Ef 1,22), contribuyen a la edificación de la Iglesia mediante la constancia de sus convicciones y de sus costumbres. La Iglesia aumenta, crece y se desarrolla por la santidad de sus fieles, ‘hasta que lleguemos al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud en Cristo’ (Ef 4,13)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.045)