Investigadores
de Harvard analizan diferentes tipos de dieta y su impacto en el control de
peso y han visto que eliminar los hidratos de carbono no es la solución, sino
elegir los de mejor calidad. Te lo contamos.
Los
hidratos de carbono son uno de los nutrientes principales de los alimentos que
comemos, junto a las proteínas y las grasas. También se les conoce como
carbohidratos o glúcidos. La mayoría de ellos “están presentes en los alimentos
de origen vegetal”, informan Inmaculada Yruela e Isabel Varela-Nieto, expertas
del Centro Superior de Investigaciones Científicas y autoras del documento
Moléculas que comemos.
Así,
de manera natural, abundan en los cereales y derivados como el pan o la pasta,
los tubérculos (patata, zanahoria), las legumbres (garbanzos, judías,
lentejas), la fruta y la leche, pero también están presentes en otros productos
mucho menos saludables como son los alimentos enriquecidos con azúcar (con
‘azúcares añadidos’), como dulces, golosinas, helados, refrescos, bebidas
energéticas y zumos envasados.
Los
hidratos de carbono son clave en nuestra dieta, ya que proporcionan energía a
todos los órganos del cuerpo, desde el cerebro hasta los músculos de las
extremidades. Pero no solo esta es su función. Además, tienen otras funciones
no menos importantes como participar en la síntesis del material genético (ADN
y ARN), en el metabolismo de las grasas y las proteínas y en la formación de
las membranas de las células, las neuronas y los tejidos musculares.
A
pesar de esto, es cierto que su consumo está demonizado sobre todo en dietas de
control de peso. De hecho, cuando comenzamos una dieta o una alimentación
específica para bajar de peso es habitual reducir o limitar el consumo de estos
nutrientes para conseguir nuestro objetivo, pero ¿es realmente eficaz esta
fórmula?
Un
estudio publicado en Jama Network por investigadores de la Universidad de
Harvard, señala la importancia de mantener el consumo de hidratos en dietas de
pérdida de peso, eso sí, siempre que sean de buena calidad. Los autores
destacan la calidad de los nutrientes por encima de la cantidad o de la
restricción.
Los
autores han visto que las dietas bajas en hidratos compuestas principalmente de
proteínas y grasas de origen vegetal e hidratos saludables, como cereales
integrales, se asociaron con un aumento de peso a largo plazo más lento que
aquellas compuestas principalmente de proteínas y grasas animales con hidratos
no saludables como los almidones refinados.
5 tipos de dieta
Para
llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron las dietas y los
pesos de 123.332 adultos sanos desde 1986 hasta 2018. Cada participante
proporcionó información de su dieta y peso cada 4 años.
En
la investigación liderada por Binkai Liu, asistente de Investigación en el
Departamento de Nutrición de Harvard TH Escuela Chan de Salud Pública, se
dividieron a los pacientes en función de diferentes tipos de dietas, con el fin
de ver, cuál de ellas era la que conseguía un control de peso mayor y a largo
plazo. Las dietas eran:
·
Una menor ingesta general de
carbohidratos.
·
Una dieta centrada en hidratos
de carbono pero potenciando las fuentes animales de proteínas y grasas.
·
Una dieta baja en hidratos de
carbono pero focalizada en los de origen vegetal, así como grasas y proteínas
de origen vegetal.
·
Una dieta saludable baja en
hidratos, con mayor cantidad de proteínas de origen vegetal, grasas saludables
y menos hidratos refinados.
·
Una dieta poco saludable baja
en carbohidratos y focalizada en proteínas de origen animal, las grasas no
saludables y los carbohidratos provenientes de fuentes no saludables como panes
y cereales procesados.
La
conclusión principal de los autores es que las dietas compuestas de proteínas y
grasas de origen vegetal y carbohidratos saludables es la mejor opción, ya que
esta forma de alimentarse se asocia significativamente con un aumento de peso
más lento a largo plazo que otras opciones. Según el estudio, el ensayo
controlado aleatorio de intervención dietética demostró que una dieta compuesta
por un 20% de carbohidratos dio lugar a una reducción de peso significativa de
4,7 kg en un lapso de 24 meses en comparación con una dieta mediterránea (4,4
kg) y una dieta baja en grasas (2,9 kg).
Por
contra, vieron que los participantes que hicieron una dieta baja en
carbohidratos total, o una dieta baja en carbohidratos de origen animal, o a
una dieta poco saludable baja en carbohidratos ganaron en promedio más peso en
comparación con aquellos que aumentaron su adherencia a la dieta saludable baja
en carbohidratos con el tiempo.
Lo
que subrayan los autores con este estudio es la importancia de la calidad de la
dieta dentro de los patrones de hidratos de carbono para el control del peso.
Según ellos, una dieta con “hidratos de alta calidad, rica en proteínas de
origen vegetal y grasas saludables, se asoció con un aumento de peso más lento,
mientras que una dieta con hidratos de menor calidad se asoció con el resultado
opuesto”.
En
general, “los hallazgos del estudio argumentan en contra del enfoque exclusivo
de la cantidad de macronutrientes para el control del peso y sugieren el papel
crucial de la calidad de los nutrientes en el mantenimiento de un peso corporal
saludable”. En opinión de los autores, “los estudios futuros deberían validar
estos hallazgos en poblaciones más diversas y dilucidar los mecanismos subyacentes
a estas asociaciones”.
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