Dormir
la siesta es una práctica beneficiosa para la salud, en especial para la salud
cerebral y el desempeño cognitivo. En los últimos años, múltiples estudios revelaron
que incorporar períodos cortos de descanso durante el día contribuye a una vida
más larga y saludable, a pesar de los desafíos del ritmo acelerado de la vida
actual.
“El
ser humano es de los pocos animales que duerme una sola vez al día. El resto
son durmientes polifásicos; es decir, alternan fases de sueño y vigilia durante
todo el día”, señala la Fundación Española del Corazón.
La
reducción del tiempo de descanso nocturno no solo afecta nuestra capacidad de
recuperación, sino que también tiene implicaciones significativas en nuestra
salud mental y física. “En los últimos 50 años, se ha perdido el 25% de las
horas de sueño. Con la pandemia por el coronavirus, se alteraron aún más los
hábitos del sueño, el uso de la luz artificial y los problemas de estrés, más
personas tienen problemas para dormir y duermen menos horas”, dijo el doctor
Daniel Pérez Chada, presidente de la Fundación Argentina del Sueño y director
de la Clínica del Sueño del Hospital Universitario Austral.
La
incorporación de la siesta en nuestra rutina diaria se presenta como una
solución viable para mitigar los efectos negativos de la privación del sueño.
Este breve período de descanso durante el día puede ser fundamental para
restaurar la energía y mejorar la concentración.
¿Cuáles son los beneficios de
dormir la siesta?
La
Fundación Española del Corazón indica que una breve siesta puede reducir el
riesgo de enfermedades cardiovasculares en un 37%, al aliviar el estrés y
disminuir la presión arterial. Además, este breve descanso potencia el
aprendizaje y la concentración, por lo que potencia la capacidad para adquirir
nuevos conocimientos y reforzar la memoria a corto plazo.
La
siesta también influye positivamente en el estado de ánimo, incrementando la
receptividad a emociones positivas y fomentando sensaciones de bienestar
gracias al aumento de serotonina.
El
cerebro también se beneficia de breves períodos de descanso diurno: un reciente
estudio realizado por investigadores del University College de Londres (UCL) y
de la Universidad de la República en Uruguay, revelaron que las siestas diurnas
podrían jugar un papel crucial en la preservación de la salud cerebral
especialmente en etapas avanzadas de la vida.
Al
utilizar datos de 35.080 participantes del Biobanco del Reino Unido, se encontró
una relación positiva entre el hábito de dormir la siesta y un mayor volumen
cerebral total. Esto sugiere que las siestas habituales durante el día no solo
compensan la falta de sueño, sino que también ofrecen cierta protección contra
la neurodegeneración.
¿Cuánto debe durar la siesta
ideal?
La
respuesta más famosa y extendida a lo largo del mundo dice que la siesta
perfecta debe durar 26 minutos.
Esto
se debe a una investigación realizada por la NASA y la Junta de Seguridad en el
Transporte de Estados Unidos (NTBS, por sus siglas en inglés) en 1995 que
analizó el impacto del cansancio y la fatiga en entornos laborales que demandan
alta concentración y precisión. La investigación encontró que una siesta de 26
minutos puede aumentar un 34% el rendimiento y un 54% el estado de alerta.
El
hallazgo de que un descanso breve puede ‘resetear’ de manera efectiva el estado
de alerta de una persona influyó no solo en el ámbito de la aviación sino
también en diversas profesiones y estudios sobre manejo de la fatiga y
somnolencia.
En
ese mismo sentido, la Fundación del Sueño de los Estados Unidos señala que “la
mejor duración de la siesta para los adultos es de unos 20 minutos y no más de
30 minutos. El descanso por 20 minutos permite que la persona que duerme la
siesta tenga un sueño ligero para aumentar el estado de alerta sin entrar en un
sueño profundo”.
Despertarse
de un sueño profundo puede provocar aturdimiento y, de hecho, empeorar la
somnolencia. Asimismo, la necesidad de un descanso diurno prolongado podría ser
indicativo de trastornos del sueño, condiciones depresivas o patologías
subyacentes.
Por
ello, es recomendable que aquellos que sientan la necesidad de exceder la media
hora de siesta consulten a un profesional de la salud para descartar posibles
complicaciones.
¿Dónde dormir la siesta?
Seleccionar
un ambiente adecuado para la siesta es crucial. Este debe ser un espacio
confortable, con niveles bajos de ruido y luz, y una temperatura acogedora.
Para aquellas personas que sufren de reflujo gástrico o afecciones digestivas
similares, optar por un sillón en lugar de la cama podría mitigar los síntomas,
dados los efectos de la posición horizontal en estos trastornos.
¿Cuándo dormir la siesta?
El
momento ideal para este breve descanso es posterior a la comida del almuerzo,
entre las 13 y las 17 horas. Esto es porque durante este lapso, el ser humano
experimenta una caída en sus ritmos circadianos, lo cual se traduce en una
mayor propensión al sueño.
Además,
esta ventana horaria evita interferir con el sueño nocturno, preservando los
patrones de descanso regulares.
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