Dichosos
«los pobres de espíritu», los que saben vivir con poco, confiando siempre en
Dios. Dichosa una Iglesia con alma de pobre porque tendrá menos problemas,
estará más atenta a los necesitados y vivirá el evangelio con más libertad. De
ella es el reino de Dios.
Dichosos
«los sufridos», los que viven con corazón benévolo y clemente. Dichosa una
Iglesia llena de mansedumbre. Será un regalo para este mundo lleno de
violencia. Ella heredará la tierra prometida.
Dichosos
«los que lloran», porque padecen injustamente sufrimientos y marginación. Con
ellos se puede crear un mundo mejor y más digno. Dichosa la Iglesia que sufre
por ser fiel a Jesús. Un día será consolada por Dios.
Dichosos
«los que tienen hambre y sed de justicia», los que no han perdido el deseo de
ser más justos ni el afán de hacer un mundo más digno. Dichosa la Iglesia que
busca con pasión el reino de Dios y su justicia. En ella alentará lo mejor del
espíritu humano. Un día su anhelo será saciado.
Dichosos
«los misericordiosos» que actúan, trabajan y viven movidos por la compasión.
Son los que, en la tierra, más se parecen al Padre del cielo. Dichosa la
Iglesia a la que Dios le arranca el corazón de piedra y le da un corazón de
carne. Ella alcanzará misericordia.
Dichosos
«los que trabajan por la paz» con paciencia y fe, buscando el bien para todos.
Dichosa la Iglesia que introduce en el mundo paz y no discordia, reconciliación
y no enfrentamiento. Ella será «hija de Dios».
Dichosos
los que, «perseguidos a causa de la justicia», responden con mansedumbre a las
injusticias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien. Dichosa la
Iglesia perseguida por seguir a Jesús. De ella es el reino de Dios. JAP
No hay comentarios.:
Publicar un comentario