Ofrecemos estos
breves puntos con la intención de que puedan servir para la meditación
individual o comunitaria. Son tomados de las lecturas y de las oraciones de la
misa del domingo 6 de octubre de 2024.
Se dividen en tres
partes: lo que Dios nos dice (con un comentario que nos puede ayudar a
comprender el Evangelio); lo que nosotros podemos decirle a Él como respuesta;
y de qué modo podemos llevarlo a la vida cotidiana. Dios quiera que ayuden a
muchos a dedicarle, cada domingo, un tiempo especial a Dios, nuestro Señor.
Dios nos habla
•
“Cuando el Señor Dios hizo la tierra y el cielo, modeló al
hombre con arcilla del suelo y dijo: «No conviene que el hombre esté solo. Voy
a hacerle una ayuda adecuada». Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del
suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los
presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente
debía tener el nombre que le pusiera el hombre. El hombre puso un nombre a
todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los
animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada. Entonces el
Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se
durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con
la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la
presentó al hombre. El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y
carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre». Por eso
el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a
ser una sola carne” (Gn 2, 4b. 7a.
18-24).
•
“Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le
plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?» Él
les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?» Ellos dijeron: «Moisés
permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella». Entonces
Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la
dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, “Dios
los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y
los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una
sola carne”. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido». Cuando regresaron a
la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: «El
que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra
aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también
comete adulterio». Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero
los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen
que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios
pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino
de Dios como un niño, no entrará en él». Después los abrazó y los bendijo,
imponiéndoles las manos (Mc 10,2-16).
Reflexión
“Se acercaron a Jesús unos fariseos y le
preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por
cualquier motivo?” Nuevamente lo ponen a prueba los
fariseos, nuevamente los que leen la ley no entienden la ley, nuevamente los
que se dicen intérpretes de la ley necesitan de otros maestros. No bastaba con
que los saduceos le hubieran tendido una trampa a propósito de la resurrección,
que los letrados le interrogaran sobre la perfección, los herodianos a
propósito del impuesto, y otros sobre las credenciales de su poder. Todavía hay
quien quiere sondearlo a propósito del matrimonio, a él que no es susceptible
de ser tentado, a él que instituyó el matrimonio, a él que creó todo este
género humano a partir de una primera causa.
Y él,
respondiéndoles, les dijo: ¿No habéis leído que el Creador en el principio
los creó hombre y mujer?… Serán, pues —dice—, los dos una sola
carne: por consiguiente, la carne, que es una sola, tenga igual honor.
Ahora bien, san Pablo
—incluso con su ejemplo— da a la castidad carácter de ley. Y ¿qué es lo que
dice y en qué se funda? “Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a
Cristo y a la Iglesia. Es hermoso para una mujer reverenciar a
Cristo en su marido; es igualmente hermoso para el marido no menospreciar a la
Iglesia en su mujer. Que la mujer —dice— respete al marido, como
a Cristo. Por su parte, que el marido dé a su esposa alimento y calor, como
Cristo hace con la Iglesia” (San Gregorio
de Nacianzo, Sermón 37, sobre Mateo).
Nosotros le hablamos
•
“Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso sobrepasas
los méritos y los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu
misericordia perdonando lo que inquieta nuestra conciencia y concediéndonos aún
aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de
los siglos” (Oración Colecta).
Nuestra vida cambia
•
Dios nos ha creado para el amor verdadero. Y Él mismo es la
fuente de ese amor.
•
¿Tratamos de vivir ese alto ideal del amor que Dios nos
regala?
•
¿Le pedimos a Él poder amar al estilo de Jesús?
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