1.
Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones vituperables.
2.
Impudencia, obscenidad descarada.
Hay
todavía una tercera acepción que indica su significado etimológico: ‘doctrina
de los cínicos’, procedente de cierta escuela que nació entre los discípulos de
Sócrates.
La
escuela cínica se considera fundada por el sabio Antístenes, discípulo primero
de Gorgias y más tarde del mismo Sócrates. Al morir su maestro funda su propia escuela
en un gimnasio llamado ‘cinosarges’ (sepulcro del perro) de donde parece
provenir el nombre de la escuela cínica. Antístenes vivía según su propia ley y
rechazaba las leyes establecidas, las convenciones sociales, las normas y las
instituciones. Predicaba una vuelta a la naturaleza y su objetivo era alcanzar
la felicidad que sólo la lograría dependiendo de sí mismo. Lo fundamental es,
pues, la autarquía o autosuficiencia del individuo.
Diógenes
de Sinope fue la imagen del verdadero cínico: un sabio descuidado, burlón y
sarcástico. Su forma de vida era agresiva, contraria a todo comportamiento
social. Vivía en un tonel y buscaba a plena luz del día con un candil, nada
menos que al ‘hombre’, demostrando de esta forma el desprecio por sus
conciudadanos. El prototipo del transgresor, pues característico de los cínicos
era no someterse a ningún valor tradicional ni norma social.
El
cinismo propone una libertad radical de pensar, de acción y de palabra. Adopta
modos de vida que escandalizan a la sociedad. Se proclama cosmopolita y
liberado de cualquier obediencia a las instituciones, convenciones o leyes.
El
adjetivo cínico se utiliza para señalar a una persona que muestra alguna forma
de indiferencia por el esquema de valores aceptados socialmente. Se define como
desvergüenza en practicar o defender acciones censurables que se identifican
con cierto rasgo de impudicia. El cínico confunde lo verdadero con lo eficaz
justificando así su acción. Piensa que el fin justifica los medios.
Actualmente
la palabra ‘cínico’ ha sufrido una evolución, de forma que es difícil asociarla
a los lineamientos de la antigua escuela griega, aunque lejanamente pueda
conservar algunos elementos que la caracterizaron. Hoy se designa como persona
cínica a alguien que miente descaradamente, pues sus palabras desdicen
claramente de lo que realmente piensa. También se suele asociar con el
comportamiento, es decir, alguien que afirma algo que se opone radicalmente a
su conducta personal. Pero igualmente se puede decir de alguien que actúa sin
ningún decoro, sin importarle lo que piensen los demás, o si con su
comportamiento ofende o molesta a otros. El cínico es alguien que ha perdido
sensibilidad moral, afectiva y social, de tal forma que orienta su vida de
forma pragmática persiguiendo el fin que pretende y pasando por encima de
normas, personas y afectos.
¿Cómo
superar este odioso vicio? El cinismo es un comportamiento que ofende muchas
virtudes: la veracidad, la caridad, la prudencia, la justicia entre otras. Así
se convierte en un pecado abominable que repugna a la sociedad y a las personas
de bien. Podemos decir que en el fondo el cínico ha deformado la conciencia
moral, pues para poder actuar de esta forma se necesita que la voz interior no
moleste, habiéndola acallado por medio de la repetición de actos viciosos y el
convencimiento de estar haciendo lo correcto.
Se
impone un despertar de la conciencia hacia la verdad y el bien. El mejor medio
para poder recuperar a esta persona es la oración, la dirección espiritual, el
sacramento de la penitencia y un plan exigente de trabajo en alguna de las
virtudes anteriormente citadas, especialmente en la caridad. Todo esto debe
llevar a la persona a una profunda conversión que le haga cambiar en lo más
profundo de su alma hacia el amor verdadero. MALl
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