Es bueno, de vez en cuando, recorrer la lista de nombres en medio de los
mensajes de correo, del WhatsApp y de los contactos. Porque a veces algunos nombres quedan muy atrás y existe el peligro
del olvido.
Detrás de muchos nombres recordamos un encuentro, una historia, quizá algún
problema, esperamos que muchas alegrías y buenos recuerdos.
Otros nombres han empezado a quedar sepultados
por el polvo del olvido. ¿Quiénes son? ¿Cómo les conocí? ¿Se acordarán de
mí? ¿Quedó algún asunto pendiente en
el pasado con estas personas?
Los nombres pasan ante nuestros ojos. En ocasiones, algunas fotografías
facilitan el recuerdo, tal vez traen nuevas noticias. Esa persona amiga, ¡ya
tiene un nuevo hijo!
Si la lista es corta, pronto hemos terminado el
repaso de nombres. Si es larga, surge cierta desazón: no parece fácil mantener
un contacto fresco y cordial con tantas personas.
Algunas, así lo percibimos internamente, necesitan ser rescatadas de sus
últimos puestos de la lista. Hubo hace tiempo una relación hermosa que hoy
buscaré reactivar con un mensaje de saludo.
Otras veces el ‘contacto’ ya no está activo. Seguramente cambió su correo o
empezó a usar un nuevo teléfono. No resulta posible reencontrar fácilmente a
esa persona.
La lista sigue ahí, ante mis ojos. Seguramente
alguno casi no me recuerda. Otros
se alegrarían si recibiesen un saludo mío. Todos, lejanos o cercanos, vivos o
muertos, agradecerán una oración sincera.
A Dios, que nos ha creado, que nos ha permitido
la alegría de un encuentro, le pido por esas personas que están tras los
nombres de una lista. Y por tantos otros que, sin
lista, también han llegado de un modo u otro a tocar y enriquecer el camino de
mi vida... FP
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