Sobre
la gula y la lujuria, añade: “El miedo a la frustración se convierte en la
voracidad de la gula, que es el ansia por estar satisfecho y que fomenta
también la lujuria, que es la búsqueda autodestructiva del placer en el ámbito
más concreto de la sexualidad”. Si en la raíz de nuestros pecados y vicios
hay miedo, el camino para sanar consiste en identificar las causas de nuestros
miedos, y aprender a alejarlas.
No
parece fácil porque, como explica don Fabio Rosini, detrás de cada miedo hay
una experiencia, y las experiencias no se pueden suprimir. Lo que sí
podemos hacer es identificar qué experiencias me han dañado, para luego, con la
ayuda de Dios, liberarme de las ataduras de esos miedos que me llevan al
pecado. Cristo quiere que dejemos a un lado nuestros miedos. El ‘no
temáis’ de la Pascua vale no solo para los Apóstoles, sino también para los
cristianos de todos los tiempos.
La
invitación a no tener miedo llega, así, a nosotros. El camino cristiano nace
desde la certeza de que Cristo está vivo y ha vencido el pecado y la
muerte. Ya no tenemos miedo. Dios es nuestra fortaleza, nuestra esperanza.
Con su ayuda dejaremos atrás nuestros miedos, superaremos nuestros vicios y
pecados, y podremos vivir con la plenitud y la seguridad de quien se sabe
amado, lo cual permite salir de nosotros mismos y empezar a amar... FP
No hay comentarios.:
Publicar un comentario