Compartir, ayudar y motivar son las prioridades de este blog, tratando de iluminar el camino de nuestros semejantes con nuestra pequeña luz interior, basados en tres pilares fundamentales: "Respeto, Humildad y Honestidad"
jueves, 1 de marzo de 2018
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02 de Marzo - Engelmar Unzeitig
Engelmar Unzeitig, Beato
Sacerdote y Mártir, 02
de Marzo
En el campo de concentración de Dachau, Baviera,
Alemana, Engelmar Unzeitig (en el siglo Hubert), alemán, sacerdote profeso de
la Congregación de los Misioneros de Mariannhill asesinado por odio a la fe en
1945.
El 3 de julio de 2009, el Papa Benedicto XVI aprobó el decreto en el que
se reconoce las virtudes heroicas de este Siervo de Dios. El 21 de enero de 2016, el Santo Padre Francisco autorizó la
promulgación del decreto reconociendo el martirio del Venerable Siervo de
Dios Engelmar Unzeitig. La ceremonia de beatificación se llevó a cabo, el
sábado 24 de Septiembre 2016 en la catedral del Würzburg (Alemania).
El padre Engelmar ha sido llamado el Ángel de Dachau. Nació en Greifendorf,
República Checa (anteriormente Checoslovaquia) en 1911. A la edad de 18 años
ingresó en el seminario de los Misioneros Mariannhill en Reimlingen. Pasó sus días de estudiante en Würzburg. En mayo de 1938 hizo su profesión final de votos en la
Congregación de los Misioneros. Fue ordenado sacerdote en 1939 y en 1940 pasó como
párroco a Glöckelberg, Austria.
El 21 de abril de 1941 fue arrestado por la Gestapo y
finalmente enviado al campo de concentración de Dachau. Mientras estaba en
Dachau, estudió ruso para poder ayudar a los prisioneros de Europa del Este. En el otoño de 1944 se ofreció voluntario para ayudar en el
cuartel de la fiebre tifoidea en el campo de concentración. En su deseo de ayudar a las víctimas de la fiebre tifoidea,
él mismo contrajo la enfermedad. Murió el 2
de marzo de 1945. Fue considerado como un hombre santo. Su proceso de beatificación se inició el 26 de julio de 1991,
en Würzburg, Alemania. Y su segunda etapa
se inauguró oficialmente en el Vaticano en mayo de 1999.
En una carta de Dachau a su hermana, escribió: “Lo que sea
que hagamos, lo que queramos, seguramente sea simplemente la gracia que nos
guía y nos guía. La
gracia omnipotente de Dios nos ayuda a superar los obstáculos... el amor
duplica nuestras fuerzas, nos hace inventivos, nos hace sentir contentos e
interiormente libres. ¡Si las personas solo
se dieran cuenta de lo que Dios tiene reservado para aquellos que lo aman!”
También
escribió desde este infierno de sufrimiento: “Incluso detrás de los sacrificios
más duros y del sufrimiento más grave se encuentra Dios con su amor paternal,
que está satisfecho con la buena voluntad de sus hijos y les da felicidad a
ellos y a los demás”.
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Santoral
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No confundir con nadie a Jesús
Según el evangelista,
Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, los lleva aparte a una montaña, y
allí «se transfigura delante de ellos». Son los tres discípulos que, tal vez,
ofrecen mayor resistencia a Jesús cuando les habla de su destino doloroso de
crucifixión.
Pedro ha intentado
incluso quitarle de la cabeza esas ideas absurdas. Los hermanos Santiago y Juan
le andan pidiendo los primeros puestos en el reino del Mesías. Ante ellos
precisamente se transfigurará Jesús. Lo necesitan más que nadie.
La escena, recreada
con diversos recursos simbólicos, es grandiosa. Jesús se les presenta
«transfigurado». Al mismo tiempo, Elías y Moisés, que según la tradición han
sido arrebatados a la muerte y viven junto a Dios, aparecen conversando con él.
Todo invita a intuir la condición divina de Jesús, crucificado por sus
adversarios, pero resucitado por Dios.
Pedro reacciona con
espontaneidad: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas:
una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No ha entendido nada. Por una
parte, pone a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a Elías y Moisés: a
cada uno su tienda. Por otra parte, se sigue resistiendo a la dureza del camino
de Jesús; lo quiere retener en la gloria del Tabor, lejos de la pasión y la
cruz del Calvario.
Dios mismo le va a
corregir de manera solemne: «Este es mi Hijo amado». No hay que confundirlo con
nadie. «Escuchadle a Él», incluso cuando os habla de un camino de cruz, que
termina en resurrección.
Solo Jesús irradia
luz. Todos los demás, profetas y maestros, teólogos y jerarcas, doctores y
predicadores, tenemos el rostro apagado. No hemos de confundir a nadie con
Jesús. Solo Él es el Hijo amado. Su Palabra es la única que hemos de escuchar.
Las demás nos han de llevar a Él.
Y hemos de escucharla
también hoy, cuando nos habla de «cargar la cruz» de estos tiempos. El éxito
nos hace daño a los cristianos. Nos ha llevado incluso a pensar que era posible
una Iglesia fiel a Jesús y a su proyecto del reino sin conflictos, sin rechazo
y sin cruz. Hoy se nos ofrecen más posibilidades de vivir como cristianos
«crucificados». Nos hará bien. Nos ayudará a recuperar nuestra identidad
cristiana. JAP
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Reflexión
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Evangelio del Viernes 02 de Marzo
Día litúrgico: Viernes II (B) de Cuaresma
Texto del Evangelio (Mt 21,33-43.45-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los
notables del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una
viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la
arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos,
envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores
agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le
apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero
los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A
mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre
sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole,
le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la
viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte
miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su
tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra
que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el
Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os
quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus
parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de
detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.
«La piedra que los constructores
desecharon, en piedra angular se ha convertido»
Comentario: Rev. D. Melcior QUEROL i Solà (Ribes
de Freser, Girona, España)
Hoy, Jesús, por medio
de la parábola de los viñadores homicidas, nos habla de la infidelidad; compara
la viña con Israel y los viñadores con los jefes del pueblo escogido. A ellos y
a toda la descendencia de Abraham se les había confiado el Reino de Dios, pero
han malversado la heredad: «Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios
para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt 21,43).
Al principio del
Evangelio de Mateo, la Buena Nueva parece dirigida únicamente a Israel. El
pueblo escogido, ya en la Antigua Alianza, tiene la misión de anunciar y llevar
la salvación a todas las naciones. Pero Israel no ha sido fiel a su misión.
Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, congregará a su alrededor a los doce
Apóstoles, símbolo del “nuevo” Israel, llamado a dar frutos de vida eterna y a
anunciar a todos los pueblos la salvación.
Este nuevo Israel es
la Iglesia, todos los bautizados. Nosotros hemos recibido, en la persona de
Jesús y en su mensaje, un regalo único que hemos de hacer fructificar. No nos
podemos conformar con una vivencia individualista y cerrada a nuestra fe; hay
que comunicarla y regalarla a cada persona que se nos acerca. De ahí se deriva
que el primer fruto es que vivamos nuestra fe en el calor de familia, el de la
comunidad cristiana. Esto será sencillo, porque «donde hay dos o más reunidos
en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos» (Mt 18,20).
Pero se trata de una
comunidad cristiana abierta, es decir, eminentemente misionera (segundo fruto).
Por la fuerza y la belleza del Resucitado “en medio nuestro”, la comunidad es
atractiva en todos sus gestos y actos, y cada uno de sus miembros goza de la
capacidad de engendrar hombres y mujeres a la nueva vida del Resucitado. Y un
tercer fruto es que vivamos con la convicción y certeza de que en el Evangelio
encontramos la solución a todos los problemas.
Vivamos en el santo
temor de Dios, no fuera que nos sea tomado el Reino y dado a otros.
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