viernes, 10 de enero de 2014

El sapo de la Santa Cruz

El sapo de la Santa Cruz (11-01-14)

Los sapos se encuentran en todas partes del mundo y, debido a que consumen enormes cantidades de insectos dañinos, son amigos del hombre.
Tal vez el sapo más útil que se conozca es el que vive en las regiones semiáridas del centro de Australia. Se lo conoce con el nombre de Sapo de la Santa Cruz, debido a las manchas de su lomo, que asumen esa forma.
Este sapo es una cantimplora viviente. En las pocas ocasiones en que llueve, bebe el precioso fluido vital hasta hincharse. Durante las sequías que siguen a las lluvias, el batracio se esconde por meses en el barro, y sobrevive gracias al agua que ha bebido.
Cuando los aborígenes de Australia se encuentran perdidos en medio del desierto durante la época de sequía, todo lo que necesitan hacer es buscar al sapo de la santa cruz para sobrevivir. Al extraer el agua de estas insólitas cantimploras, han logrado evitar las consecuencias fatales de la sequía, que hubieran sido catastróficas para todos los que desconocieran los hábitos de este sapo.
Tal como los aborígenes de Australia emplean el sapo de la santa cruz cuando necesitan del agua que da vida, las personas perdidas en el desierto de este mundo pueden ser liberadas milagrosamente de la muerte al beber del agua de la vida que brota del manantial de la cruz.
Moisés dio un golpe en la roca que representaba a Cristo, y consiguió agua en el desierto. Jesús mismo amplió esta lección cuando le dijo a la mujer que estaba en el pozo: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed” Pero “el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás”.
Así pues, por medio de este humilde sapo, de Moisés y su roca milagrosa, y de Cristo y la Cruz se nos enseña la lección de que el agua es un elemento que da vida. Responderemos como la Samaritana: “Señor dame de esa agua”.
“Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—, pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.
—Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla. Juan 4:13-15

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