jueves, 17 de octubre de 2013

Eclesiástico 34

Capítulo 34: Eclesiástico 34

La veleidad de los sueños
34 1 Vanas y engañosas son las esperanzas del insensato, y los sueños dan alas a los necios.
2 Tratar de asir una sombra o correr detrás del viento es dar crédito a los sueños.
3 Las visiones de los sueños no son más que un espejismo: un rostro ante el reflejo de su propia imagen.
4 ¿Puede sacarse algo puro de lo impuro o de la mentira puede salir la verdad?
5 Adivinaciones, augurios y sueños son cosas vanas, puras fantasías, como las de una parturienta.
6 A no ser que los envíe el Altísimo en una visita, no les prestes ninguna atención
7 Porque los sueños han extraviado a muchos que cayeron por esperar en ellos.
8 La Ley debe cumplirse sin falsedad, y la sabiduría expresada fielmente es perfecta.

La utilidad de los viajes
9 El que ha viajado mucho sabe muchas cosas, y el hombre de experiencia habla inteligentemente.
10 El que no ha sido probado sabe pocas cosas, pero el que ha andado mucho adquiere gran habilidad.
11 Yo he visto muchas cosas en el curso de mis viajes, y sé mucho más de lo que podría expresar.
12 Muchas veces estuve en peligro de muerte, y gracias a todo eso escapé sano y salvo.

El temor del Señor, fuente de seguridad
13 El espíritu de los que temen al Señor vivirá, porque han puesto su esperanza en aquel que los salva.
14 El que teme al Señor no se intimida por nada, y no se acobarda, porque él es su esperanza.
15 ¡Feliz el alma del que teme al Señor! ¿En quién se sostiene y cuál es su apoyo?
16 Los ojos del Señor miran a aquellos que lo aman: él es escudo poderoso y apoyo seguro, refugio contra el viento abrasador y el ardor del mediodía, salvaguardia contra el tropiezo y auxilio contra la caída.
17 Él levanta el ánimo e ilumina los ojos, da salud, vida y bendición.

El culto agradable a Dios
18 Ofrecer en sacrificio el fruto de la injusticia es presentar una ofrenda defectuosa, y los dones de los impíos no son aceptados.
19 El Altísimo no acepta las ofrendas de los impíos, y no es por el número de víctimas que perdona los pecados.
20 Como inmolar a un hijo ante los ojos de su padre, es presentar una víctima con bienes quitados a los pobres.
21 Un mendrugo de pan es la vida de los indigentes: el que los priva de él es un sanguinario.
22 Mata a su prójimo el que lo priva del sustento, derrama sangre el que retiene el salario del jornalero.
23 Si uno edifica y otro destruye, ¿qué ganan con eso sino fatigas?
24 Si uno suplica y otro maldice, ¿qué voz escuchará el Dueño de todo?
25 El que vuelve a tocar a un muerto después de haberse lavado, ¿qué ha ganado con purificarse?
26 Así es el hombre que ayuda por sus pecados y luego vuelve a cometerlos: ¿quién escuchará su plegaria y qué ha ganado con humillarse?

No hay comentarios.:

Publicar un comentario