lunes, 24 de agosto de 2015

La esposa olvidada


Cuenta una antigua historia que había una vez un rey que tenía cuatro esposas. Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás, la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas. Sólo le daba lo mejor.
También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.
A su segunda esposa también la amaba porque ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.
La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca. Sin embargo, él no amaba a su primera esposa, y aunque ella lo amaba profundamente, apenas se fijaba en ella.
Un día, el rey enfermó y se dio cuenta que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y reflexionó: “Ahora tengo cuatro esposas conmigo, pero cuando muera… ¡estaré solo!”.
Así que le dijo a su cuarta esposa: “Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo… ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?”
“¡Ni pensarlo!”, contestó la cuarta esposa, y se alejó sin decir más palabras.
Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo afilado.
El entristecido monarca se dirigió a su tercera esposa: “Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?”
“¡No!”. Contestó su tercera esposa. “¡La vida es demasiado buena! ¡Cuándo mueras, pienso volver a casarme!” Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso frío.
Entonces preguntó a su segunda esposa: “Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?”
“¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez!”, contestó la segunda esposa. “Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte”. Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.
Entonces escuchó una voz: “Me iré contigo y te seguiré donde sea que tú vayas”. El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición. Profundamente afectado, el monarca dijo: “¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!”
Todos tenemos cuatro esposas es nuestra vida. Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo. No importa cuánto tiempo y esfuerzo hemos invertido en hacerlo lucir bien, nos dejará cuando nos muramos.
Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riqueza. Cuando muramos, irán a parar a otros.
Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos. No importa cuánto nos hayan sido de apoyo aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.
Y nuestra primera esposa es el alma, frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego. Sin embargo, ella es la única que nos acompañará donde quiera que vayamos.
En la Biblia, encontramos la parábola del Rico Insensato (Lucas 12:13-1), un hombre que se dedicó a acumular riquezas y cuando pensaba que podría disfrutar de ellas murió. Nunca había dedicado tiempo a lo verdaderamente valioso. Eso mismo sucede con nosotros, dedicamos tiempo a nuestro cuerpo, las posesiones y la familia pero olvidamos nuestra alma.
“¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma? ¿Hay algo que valga más que tu alma?” Mateo 16: 26
Te has puesto a pensar ¿Qué pasaría si hoy mismo murieras?, ¿Dónde irías? ¿Dios te consideraría sabio o necio?
No está mal darle tiempo a las otras áreas de nuestra vida, pero no descuides lo verdaderamente importante, no dejes de lado tu alma, es lo más valioso que tienes y es la única que sobrevivirá este plano terrenal y te acompañará a la eternidad. Cuídala, cultiva tu relación con Dios, no dejes que pase más tiempo antes de darle atención porque ciertamente ninguno de nosotros sabe cuándo morirá. Que cuando llegue el momento de partir no te arrepientas por no haberle dedicado más tiempo a tu alma y al destino final que tendrán. AMFI

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