viernes, 15 de enero de 2016

La heladera es una gran aliada contra las enfermedades


La ensalada rusa estaba mal, la crema estaba fermentada, la carne picada olía mal… hay que estar muy atentos, porque las intoxicaciones alimentarias, aunque suelen ser leves, a veces pueden resultar muy peligrosas, sobre todo para chicos y ancianos. 
Uno de los grandes logros del ser humano es haber conseguido conservar los alimentos. Saber hacerlo no sólo beneficia tu salud y tu bolsillo sino disminuye el desperdicio de alimentos. 
Aunque muchas veces no la valoramos como corresponde – ¡salvo cuando se rompe!– la heladera es mucho más que un “mueble” enorme que ocupa espacio en la cocina y nos permite mantener la leche fría. Se trata de la mejor aliada para evitar enfermedades. Todo el año, pero sobre todo en verano. 
Si los alimentos permanecen mucho tiempo a temperatura ambiente, sobre todo en verano, existe riesgo de ETA (enfermedades trasmitidas por alimentos). Estas enfermedades son producidas por microorganismos como la Salmonella o la Escherichia coli, entre otras bacterias peligrosas que pueden colonizarse, convirtiendo a lo que luego nos llevaremos a la boca en una verdadera amenaza para la salud. No es casualidad que durante las épocas cálidas, muchos de los casos que se atienden en las guardias se deban a alimentos en mal estado. 

Cuestión de orden
• El arte de conservar tiene sus secretos. La mayoría de las veces es acto mecánico pero es importante recordar que en el refrigerador existe una ubicación correcta para cada producto. Esto garantiza no sólo su preservación sino también el rendimiento del electrodoméstico. Para ello es importante evitar mantener la puerta abierta por más tiempo del necesario (sobre todo en verano). Antes de guardar los alimentos que compramos conviene ordenarlos según su categoría: los lácteos, las frutas, las carnes… 
• Siempre hay que dejar espacio entre los productos para permitir la circulación de aire; si la heladera está repleta, el frío no llegará a todos los sectores (y el motor se verá sobre exigido). 
• El estante de arriba es el espacio ideal para almacenar las sobras de comida, ya que ésta necesita temperatura medianamente fría y buena circulación de aire. 
• El estante del medio es el indicado para ubicar lácteos y huevos, ya que es la zona más fría. 
• Además, es el recomendado para las carnes crudas. Es importante evitar que sus jugos caigan sobre otros alimentos para evitar la contaminación cruzada. Por esto mismo, además, es fundamental que estén en recipientes profundos y/o con tapa. 
• Los cajones de abajo, que tienen una temperatura y humedad más elevadas, son ideales para las frutas y las verduras. Sin embargo, no conviene mezclarlas, porque muchas frutas –las manzanas y las peras, entre ellas– emiten etileno, un gas que puede acelerar la maduración de ciertos vegetales. 
• Cuando se almacenan verduras o frutas en bolsas, conviene agujerearlas para permitir la entrada de aire; de lo contrario tienden a descomponerse más rápidamente. 
• La puerta es el lugar menos frío. Lo que se coloca en este sitio debe tolerar los cambios de temperatura propios de la apertura frecuente de la puerta. Por eso, es la zona más apropiada para guardar los aderezos (mayonesa o kétchup, por ejemplo) y las bebidas. 

Otros consejos
• Al ordenar los alimentos, los productos recién comprados deben colocarse al fondo y los anteriores al frente. La regla es primero entra, primero sale. 
• Dado que debemos evitar el derroche de alimentos, podemos conservar las sobras, esperando que pierdan temperatura antes de llevarlas a la heladera. 
• No dejar abierta la puerta de la heladera mucho más de 30 segundos, pues la temperatura interior puede aumentar entre 5 y 10 grados. Dra. Mónica Katz

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