miércoles, 20 de enero de 2016

Tengo miedo de crecer


“El significado de la vida no es la seguridad, las grandes oportunidades son riesgosas” Shirley Hufstedler
Tengo miedo a crecer es una afirmación que muchos de nosotros en algún momento de nuestras vidas llegamos a decirla, y sobre todo cuando estamos viviendo en caos, cuando vemos que nuestra vida se desmorona, cuando nuestros sueños se vuelven inalcanzables, son esos momentos cuando comenzamos a añorar ser niños, porque pensamos que los problemas no existen. Esa es una historia que te cuentas para no entrar en caos.
Nos olvidamos que el caos también representa una fuente de oportunidades para crecer, la clave es buscar esos momentos que me permitan ver que vale la pena vivir.
¿Puedes identificar esos momentos de pánico? ¿Cuál es la historia que te dices para no crecer?
Es fácil contar la historia de la crisis:
“Mi matrimonio o mi relación está en crisis… necesito amor”
“No tengo trabajo… necesito dinero”
“Si tuviera tiempo, pero a esta edad creo que es demasiado tarde”
“Quiero cambiar mi manera de ser pero…”
Tú puedes escribir la tuya y te darás cuenta que en ti hay una necesidad, todos tenemos necesidades que queremos cubrir, la de sentirnos amados, protegidos, valorados, afirmados, respetados, plenos.
¿Cuál es tu necesidad hoy? Escribe esa necesidad que tienes pero que no puedes alcanzar porque tienes miedo.
El miedo te ha paralizado, y ha llenado tu corazón de dudas y temores y te dices mejor me quedo así y no hago nada, nunca lo voy a lograr o quizás  la historia que te cuentes es que ya lo has intentado todo y nada has logrado, y llegas a la conclusión de: ¿Para qué arriesgarse? Al fin y al cabo nos vamos a morir, creo que me tocó vivir así, que cuando Dios estaba haciendo los planes de bienestar para mí se extraviaron en el camino.
Patty Hansen, coautora del libro “Sopa de pollo para el alma” escribió la siguiente historia que nos habla acerca del correr riesgos.
Dos semillas están juntas en la tierra fértil.
La primera semilla dijo: “¡Quiero crecer! Quiero que mis raíces lleguen muy abajo en la tierra y que mis retoños rompan la corteza que tengo arriba… Quiero desplegar mis tiernos brotes como banderas para anunciar la llegada de la primavera… Quiero sentir el calor del sol en mi cara y la bendición del rocío matinal en mis pétalos”.
Y entonces creció.
La segunda semilla dijo: “Tengo miedo. Si dejo que mis raíces vayan hacia abajo, no sé qué encontraré en la oscuridad. Si me abro camino a través de la tierra dura que tengo encima puedo dañar mis delicados retoños… ¿Y si dejo que mis brotes se abran y una serpiente trata de comerlos? Además, si abriera mis pimpollos, tal vez un niño pequeño me arranque de la tierra. No, me conviene esperar hasta que sea seguro”.
Y entonces esperó.
Un ave que andaba dando vueltas por el lugar en busca de comida, encontró la semilla que esperaba y enseguida se la tragó.
Aquí encontramos una lección de vida y los que no corren riesgos no pueden crecer. Si quieres crecer tienes que tomar acción sobre tu vida empezando con un cambio de pensamiento.
Imagina lo bueno que Dios tiene para ti, comienza a verte alcanzando esos planes que Él diseñó para ti, siente tus emociones, escribe las cosas que harás para alcanzarlos y ponte en acción. No dejes que la vida te trague.
La vida te fue dada para que la vivas y la mejor manera para vencer tus miedos es el amor.
Toma hoy el riesgo de amar, dar, servir, disfrutar y vivir. Hoy es el mejor día para ver las oportunidades y contar las bendiciones que tienes. Hoy es el mejor día para crecer. PS

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