Parece una postal vieja. Pero es una
advertencia moderna: hasta el más elegante puede terminar desviado, si no cuida
el terreno que pisa.
Y así pasa también con el alma: A veces derrapamos… no por maldad, sino por descuido, velocidad o por no ver el charco.
Y Cristo, ¿dónde está? No se burla del golpe. No toma foto para el archivo. Se acerca con ternura… y ofrece recomenzar.
· Porque Él no vino por los que manejan perfecto, sino por los que a veces se estrellan en la acera de la vida.
· Porque cada derrape puede ser el inicio de una nueva ruta… si dejas que Él se suba.
“El que camina en tinieblas y no tiene luz, confíe en el nombre del Señor” (Isaías 50,10) RM
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