viernes, 23 de enero de 2026

Hacer todo... sabiendo que no todo depende de ti…

Él se levantó temprano. Otra vez. La ciudad no da tregua: hay que salir, resolver, estar al tanto. Y sin embargo… antes de correr, se detiene. Hace la señal de la cruz. Respira hondo. Y recuerda: “Haz todo como si solo dependiera de ti… pero sabiendo que todo depende de Dios”.

Porque no es flojera lo que entrega al cielo, es confianza.

Y no es ansiedad lo que lo pone en movimiento, es amor.

Por eso lo verás trabajando con pasión, pero sin perder la paz. Cargando con fuerza, pero sin quejarse de lo que no puede cambiar. Sembrando todos los días, pero dejando el fruto en manos del que da el crecimiento.

El alma que vive así no se quiebra: se arraiga. Y cuando llega la noche, aunque no todo se haya cumplido, puede dormir en paz. Porque sabe que lo dio todo. Y lo dejó todo… en las manos de Dios. RM

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