Las consecuencias, en ciertos casos, pueden ser graves: las células
cerebrales comienzan a morir en cuestión de minutos. Se trata, entonces, de una
emergencia médica que requiere atención inmediata. Afortunadamente, la
mortalidad por ACV ha disminuido en comparación y, actualmente, existen
tratamientos efectivos que pueden prevenir la discapacidad resultante.
“Una arteria puede taparse debido a su desgaste y endurecimiento por
placas de colesterol, es decir, su superficie interna es rugosa y áspera. Esto
favorecerá la formación local de un cúmulo de partículas sanguíneas y fibras,
llamados trombo, que terminará por ocluirla y generar una trombosis. A veces,
los trombos se desprenden arrastrados por la corriente sanguínea y llegan a las
pequeñas arterias cerebrales, en donde se enclavan bruscamente y obstruyen la
circulación para generar una embolia”, señaló el neurólogo Alejandro Andersson,
director del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA).
Cuáles son los
síntomas de un ACV
El ACV se manifiesta con una serie de síntomas que pueden variar
según la persona y la región del cerebro afectada. Hablar de manera confusa,
sentir la cara adormecida o torcida, perder fuerza o tener dificultad para
mover alguna parte del cuerpo son señales claras de alerta. También pueden
presentarse problemas de visión, como visión borrosa o doble, y un dolor de
cabeza intenso y súbito. Otros síntomas menos comunes incluyen mareos, pérdida
de equilibrio y coordinación, dificultad para tragar y pérdida súbita de la
conciencia.
Prevención
La prevención es la herramienta más poderosa contra el ACV. Factores
de riesgo como la hipertensión arterial, diabetes, colesterol elevado,
sobrepeso y obesidad deben ser controlados. La doctora Yasmín Tenaglia, médica
de familia y geriatra del Hospital Italiano subrayó “la importancia de mantener
la presión arterial, glucemia y niveles de colesterol en rangos saludables”.
La especialista del Hospital Italiano advirtió, además, que conocer
los síntomas de un ACV “es vital, porque la detección precoz permite realizar
una consulta rápida en el hospital y así tener la opción de recibir algunos
tratamientos que puedan reducir las secuelas”.
En tanto, la actividad física regular y una dieta equilibrada son
esenciales para reducir el riesgo de un ACV. La OMS recomienda 30 minutos de
ejercicio diario o 150 minutos semanales. La alimentación también juega un
papel crucial: las sugerencias indican que la mitad del plato debe estar
compuesta por verduras, un cuarto por proteínas y el otro cuarto por harinas o
legumbres.
Cuáles son los
factores de riesgo de ACV
El doctor Andersson añadió que algunos de los principales factores
de riesgo son la edad avanzada, enfermedades cardíacas, tabaquismo y
alcoholismo, entre otros. A su vez, la fibrilación auricular, una arritmia
cardíaca común, puede aumentar significativamente el riesgo de ACV. En ese
marco, es esencial estar informado y realizar chequeos médicos regulares para
identificar y controlar estos factores. Además, antecedentes familiares, el
consumo de drogas recreativas, trastornos de la coagulación sanguínea y
enfermedades autoinmunitarias también pueden aumentar el riesgo.
Tipos de ACV. Existen dos
categorías principales de ACV: isquémico y hemorrágico. El primero ocurre
cuando se obstruye una arteria, impidiendo la circulación sanguínea. En tanto,
el segundo resulta de la ruptura de una arteria, causando sangrado en el
cerebro. Ambos tipos tienen causas, síntomas y tratamientos distintos, pero
comparten la misma urgencia en cuanto a atención médica. Es vital diferenciar
entre ambos para brindar el tratamiento adecuado.
Tratamiento y rehabilitación:
el tratamiento del ACV busca restablecer el flujo sanguíneo en el caso de los
isquémicos y controlar el sangrado en los hemorrágicos. Los medicamentos
anticoagulantes, como la aspirina, pueden ser útiles para prevenir coágulos en
personas con riesgo de ACV isquémico. En el caso de un ACV hemorrágico, la
cirugía puede ser necesaria para aliviar la presión en el cerebro o detener el
sangrado. Posteriormente, la rehabilitación es esencial para ayudar al paciente
a recuperar funciones y lograr una vida lo más independiente posible. La
terapia física, ocupacional y del habla son componentes clave de este proceso.
Qué hacer ante un
caso de ACV
Ante la sospecha de un ACV, es vital buscar atención médica
inmediata. Un simple test puede ayudar: pedir a la persona que sonría, levante
ambos brazos y repita una frase simple. Si muestra dificultades, es esencial
llamar a emergencias. La rapidez en la atención puede ser determinante en la
recuperación del paciente. Además, es fundamental informar al personal médico
sobre cualquier medicamento que esté tomando el paciente y sobre cualquier
condición médica preexistente.
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