Las puertas son
símbolo de defensa. Si el infierno tiene que defenderse es porque la Iglesia
está avanzando. No se trata de triunfalismo, sino de una misión urgente: entrar
en los espacios más rotos y sembrar esperanza.
Pistas para aterrizar:
Personal: ¿Qué
tan vivo está Cristo en mí? ¿Soy parte de la ofensiva del amor o de los
espectadores?
Comunitario:
¿Nuestra comunidad está viva, en salida, o tibia y cómoda?
Pastoral:
Renovar el ardor misionero. Salir. Rezar más allá de los muros. Evangelizar sin
miedo.
Cristo camina
por la ciudad, con una cruz que alumbra y cadenas rotas en las manos.
Y nos dice: “No
tengas miedo de la noche. No temas las prisiones invisibles. Ven conmigo… y
juntos haremos temblar las puertas del infierno”. RM
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