La temporada de influenza en
el hemisferio norte, caracterizada por un inicio temprano y una circulación del
virus A (H3N2) (subclado K), plantea interrogantes para los sistemas de salud
de América Latina de cara al próximo invierno. Organismos internacionales como
la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la OMS han emitido alertas
sobre la actividad de enfermedades respiratorias en la región europea.
Frente a esto, desde CSH
(Centro de Servicios Hospitalarios), compañía argentina especializada en
servicios y maquinarias para la salud, analizan la situación desde la
perspectiva de la provisión tecnológica y la gestión sanitaria. Desde su
óptica, lo que ocurre en Europa ofrece datos para la toma de decisiones
locales. “La lección central es que la preparación no puede ser reactiva: la
presión asistencial puede escalar en pocas semanas por variantes estacionales
con cambios genéticos menores y por la simultaneidad de virus respiratorios”,
sostienen.
La circulación del virus en
Europa sugiere que Latinoamérica posee una oportunidad de ajuste operativo. “La
región debería utilizar esa información como ventana de anticipación operativa y
de abastecimiento”, plantea Tomás Piqueras, CEO de CSH. El impacto local puede
darse mediante la introducción del virus por viajes o como señal para adecuar
las capacidades de las guardias y unidades de terapia intensiva.
Históricamente, las temporadas
con predominio de H3N2 afectan a los adultos mayores, lo que modifica los
requerimientos técnicos de los hospitales. Según fuentes de la empresa, “la
demanda se desplaza desde el equipamiento de rutina hacia el monitoreo
multiparamétrico escalable, sistemas de oxígeno y humidificación, ventilación
no invasiva e invasiva, consumibles respiratorios, bombas de infusión y
logística de camas de cuidados críticos”. Y aclaran: “Esto no implica que el
virus sea ‘más severo’ por sí mismo, sino que el perfil de riesgo poblacional
eleva la necesidad de soporte y vigilancia clínica”.
Infraestructura y diagnóstico
En cuanto a la capacidad de
respuesta instalada en Argentina, identifican que las carencias suelen aparecer
en los insumos operativos más que en los equipos principales. La brecha se
detecta en cantidad de monitores y módulos, conectividad/central de monitoreo,
disponibilidad de ventilación no invasiva y, sobre todo, consumibles y
mantenimiento para sostener turnos prolongados.
Para el diagnóstico
diferencial entre este subclado y el COVID-19, la estrategia recomendada es la
migración tecnológica. Los expertos de CSH indican que se busca pasar de
pruebas de un solo objetivo a un diagnóstico sindrómico y/o multiplex: tests
rápidos combinados (influenza A/B + SARS-CoV-2, y en algunos casos RSV) y, en
laboratorio, RT-PCR multiplex o paneles respiratorios.
Gestión de suministros y rol
del Estado
Para evitar la escasez de
insumos hacia mediados de año, proponen mecanismos de contratación específicos:
acuerdos marco plurianuales con proveedores; mecanismos de compra ágil y
estandarización técnica; y reservas estratégicas que incluyan capacidad
logística y repuestos.
Desde el sector privado, las
empresas trabajan con pronósticos por escenarios y contratos de doble abastecimiento
para asegurar stock de filtros y circuitos de ventilación. Piqueras plantea:
“Para que una institución sea resiliente, lo no negociable es un protocolo
integral de ‘capacidad respiratoria escalable’: triage estandarizado, monitoreo
temprano, disponibilidad de oxigenoterapia y ventilación, y una cadena de
consumibles asegurada”.
En este sentido, y retomando
lo planteado al principio, el directivo sostiene que la respuesta del sistema
ante el brote depende menos de ‘tener equipos’ y más de capacidad instalada
gestionada, lo que implica vigilancia integrada, planes de escalamiento,
interoperabilidad de datos y abastecimiento asegurado con acuerdos previos
entre todos los sectores del sistema. BP
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