Cuando el
fariseo doctor en la ley le pregunta a Jesús: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento
principal de la ley?” (Mt 22,36),
Jesús le contesta: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma, con toda tu mente”. Este mandamiento es el principal y primero. El
segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos
mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas (cf. Mt 22,37-40).
Jesús advierte
a escribas y fariseos que “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para
aferraros a la tradición de los hombres” (cf.
Mc 7,8-9).
“Lo que sale de
la boca brota del corazón; y esto es lo que hace impuro al hombre, porque del
corazón salen pensamientos perversos, homicidios, adulterios, fornicaciones,
robos, difamaciones, blasfemias. Estas cosas son las que hacen impuro al
hombre” (cf. Mt 15,18-19). El
evangelista Marcos añade entre las cosas que hacen impuro al hombre “codicias,
malicias, fraudes, desenfreno, envidia, orgullo, frivolidad” (cf. Mc 7,20-22).
Un escriba le
preguntó a Jesús: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? Y Jesús le
respondió: “El primero es: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios es el único
Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con
toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como
a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos (cf. Mc 12,28-31).
Un maestro de
la ley le preguntó a Jesús: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida
eterna? Jesús le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? El
maestro de la ley le respondió: “Amarás al Señor con todo tu corazón y con toda
tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti
mismo”. Jesús le dijo: “Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la
vida” (cf. Lc 10,25-28).
Jesús dijo a
sus discípulos: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como
yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois
discípulos míos: si os amáis unos a otros” (cf.
Jn 13,34-35).
“Este es mi
mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor
más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si
hacéis lo que yo os mando… Esto os mando: que os améis unos a otros” (Jn 15,12-14.17).
A la pregunta
de un joven rico que le preguntó a Jesús ¿qué tengo que hacer de bueno para
obtener la vida eterna?, Jesús le responde: “Guarda los mandamientos… No
matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a
tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo”. El joven rico le
dijo que todo eso lo había cumplido desde niño y le preguntó ¿qué me falta?
Jesús le respondió: “Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el
dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego ven y sígueme” (cf. Mt 19,16-21; Lc 18,20-22). El
evangelista Marcos añade a los mandamientos que le recuerda Jesús: “no
estafarás” (Mc 10,19).
Jesús dijo: “Si
me amáis, guardaréis mis mandamientos… El que acepta mis mandamientos y los
guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo
amaré y me manifestaré a él” (cf. Jn
14,15.21). “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo
mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría
llegue a plenitud” (Jn 15,10-11). MRE
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