Agradecido
por la visita, el Pontífice recordó su historia, e hizo hincapié en la
indiferencia, uno de los grandes problemas del mundo actual. Ustedes
-reconoció- no fueron indiferentes al dolor que veían en los rostros de tantos
jóvenes, afligidos por un gran sufrimiento existencial, especialmente de
aquellos cuyas vidas fueron destruidas por las drogas y otras adicciones. “Se
hicieron ‘prójimos’, más aún, ‘hermanos’ de tantas personas que recogieron de
la calle y, como en la parábola del Buen Samaritano, los acompañaron para
tratarlos, curarlos y ayudarlos a recuperar su dignidad”.
La
asociación sabe ‘muy bien’, dijo el Papa, que llevar esperanza significa no
sólo ayudar “a vencer los vicios, a superar los traumas, a recuperar el lugar
en la familia y en la sociedad”. Algo que llama la atención, y que “confirma la
validez del trabajo”, expresó recordando las palabras de Benedicto XVI cuando
los visitó en 2007 “son las conversiones, el reencuentro con Dios y la
participación activa en la vida de la Iglesia”.
El
carisma confiado a la Familia de la Esperanza, es un don suscitado por el
Espíritu Santo que lleva a “cuidar a las personas en su integridad material y
espiritual, en cuerpo y alma”. Y en tal sentido, “los fundadores han sido
instrumentos providenciales para que este don tomara forma, se consolidara,
encontrara su lugar en la Iglesia y llegara a tantas personas”. Tras 40 años,
“en fidelidad a la inspiración original, -observó Francisco- nuevas personas
están llamadas a asumir la responsabilidad de conservar y hacer fructificar
este patrimonio espiritual que el Señor les ha confiado”. No tengan miedo de
esta nueva etapa -alentó-. Vívanla con humildad, con confianza y preservando la
comunión espiritual entre ustedes”: Y el Señor, que comenzó con ustedes
este camino, permanecerá cerca suyo y lo llevará hasta el final.
Dando
gracias a Dios ante todo, y a la asociación por el testimonio en las diversas obras
que llevan a cabo, - como las ‘Fazendas da Esperança’, esparcidas por todo
Brasil y, desde 1998, presentes también en otros países- Francisco concluyó su
discurso demostrando su gratitud por el trabajo que realizan con
sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas, ayudándoles a superar los
desafíos y problemas psicológicos que afectan a algunas personas consagradas a
Dios. Y finalizó: “¡Adelante con esta buena labor, tan
necesaria para la Iglesia!”
La
Familia de la Esperanza nació en Brasil en 1983 a partir de una iniciativa de
un joven parroquiano -Nelson Giovanelli-, como resultado de su preocupación por
responder a ciertas necesidades relacionadas con un grupo de usuarios de
drogas, con el cual se encontraba en el día a día en su trayecto para ir a su
trabajo. Dar una respuesta concreta a través de la vivencia del Evangelio a los
sufrimientos de la humanidad es el objetivo que la Asociación realiza en
diversos campos, pero el principal es la recuperación de personas que sufren el
flagelo de las adicciones y libremente piden ayuda junto a su familia. VN
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