Palabra de Dios: El
Señor caminaba delante de ellos, de día en una columna de nubes para guiarlos;
de noche, en una columna de fuego, para alumbrarles... Moisés respondió al
pueblo: - No tengáis miedo; estad firmes y veréis la victoria que el Señor os
va a conceder hoy... El Señor peleará por vosotros; vosotros esperad en
silencio. El Señor dijo a Moisés: - ¿Por qué me gritas? Di a los israelitas que
avancen. Tú alza el bastón y extiende la mano sobre el mar, y se abrirá en dos,
de modo que los israelitas puedan pasarlo a pie enjuto... Los egipcios,
persiguiéndolos, entraron detrás de ellos por el mar con los caballos del
Faraón, sus carros y sus jinetes... Trabó las ruedas de los carros, haciéndolos
avanzar pesadamente. Los egipcios dijeron: - Huyamos de los israelitas, porque
el Señor combate por ellos. Entonces los israelitas y Moisés cataron: “Cantaré
al Señor, sublime es su victoria, / caballos y jinetes ha arrojado al mar./ Mi
fuerza y mi poder es el Señor, / Él fue mi salvación...” (Éxodo 13.21-22; 14.
13,21-23, 25-26; 15.1-2).
Enseñanza
Migue
y Estefanía andaban pensando sobre el milagro del Señor. No podían entenderlo.
¿Cómo es posible que Dios divida las aguas del mar y haga un camino para que
pasaran los israelitas sanos y salvos y después volviese a juntar las aguas
para que se ahogaran los egipcios con sus tropas?
Mirad,
hijos, el paso del Mar Rojo es una prueba más de las que Dios hace con los que
lo aman y quiere salvar. Pero fijaros, dice el padre, en esto: Los israelitas y
Moisés - como canto de acción de gracias por el milagro realizado con ellos -
lo atribuyen todo al Señor. El es nuestra
fuerza y salvación. Los egipcios, que habían prometido no ir tras los
israelitas, desobedecieron. Y entonces se ahogaron todos en el Mar Rojo. De una
parte del mar están los que se han salvado y de otra los que se han ahogado. La
intervención de Dios se vio tan clara en este acontecimiento en un lugar de
pantanos y lagos. En el canal de Suez (Egipto).
Diálogo:
¿Por qué hizo Dios el milagro del Mar Rojo?
Oración
Señor,
nos maravillamos del gran milagro que hiciste en favor de los israelitas.
Querías, como hoy, que fueran un pueblo libre. En nuestra sociedad harían falta
milagros como el del Mar Rojo, ya que, Señor, amigo, hay gente que no cree en
ti. Hoy decimos como los israelitas: “Mi fuerza y mi poder es el Señor, él es
mi salvación”. FS
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