Cuando
un hermano evangélico le invite a orar o a conversar con seriedad sobre la
Biblia, naturalmente usted lo puede hacer, siempre y cuando exista un clima de
mutuo respeto y caridad. Pero sin polemizar ni tomar actitudes anticristianas.
Pero
cuando lo inviten a orar o estudiar la Biblia y usted descubre que su intención
no es ésta, sino arrebatarle su fe católica diga: No me interesa, porque usted
lo que quiere no es orar o estudiar la Biblia conmigo, sino arrebatarme mi Fe.
Cuando
los mormones les prometan dólares, viajes, o ayudas de cualquier tipo con tal
que se cambien a su religión, digan: Con la Fe no se juega.
Cuando
los Testigos de Jehová les digan: «Cuando yo era católico tomaba, le pegaba a
mi señora y pasaba puro peleando...» contesten: Desde este mismo momento ya
está usted mintiendo porque si hacía todo esto es que «no era un verdadero
católico».
Decía
un católico: «Los evangélicos se pasan la mitad de su vida despotricando contra
los católicos... como si ellos fueran los únicos justos y perfectos. ¿Por qué
en vez de mirar tanto la paja ajena no reflexionan un poco sobre la viga de su
propio ojo?».
Ojalá
que con motivo de este final de siglo se vayan afinando diferencias y lleguemos
a una plena comunión de Fe y de Doctrina entre todos los seguidores de Cristo.
Esto sería maravilloso. Pero, por mientras, hay que ir con mucha cautela porque
algunos hermanos evangélicos que no trepidan en recurrir a proselitismos
desfasados para arrebatarles su fe Católica. PDyMJ
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