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Coordiné un
encuentro latinoamericano de 47 agentes de pastoral nativos de pueblos
originarios, todos procedentes de diferentes culturas indígenas, en Latacunga,
Ecuador, del 1 al 6 de abril. Eran seglares, religiosas, diáconos y sacerdotes
de Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia,
Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y México. Sólo faltaron de El Salvador
y Honduras, donde me dijeron sus Conferencias Episcopales que no tienen bien organizada
esta pastoral. De Venezuela iban a participar dos, pero lo impidieron trabas
migratorias a la hora de abordar el avión en Caracas. El encuentro fue
promovido por el Departamento de Cultura y Educación del CELAM, del que soy
miembro. Su objetivo fue compartir la realidad de los pueblos originarios
latinoamericanos, discernir criterios a la luz del Magisterio universal y
latinoamericano, y hacer propuestas pastorales, para fortalecer el proceso
hacia una Iglesia con rostro autóctono.
Al compartir
las realidades que viven, entre otras muchas cosas, dijeron:
“Los países se
declaran multiétnicos y pluriculturales, pero no lo ponen en práctica. Control
de la natalidad de una manera obligada (esterilización forzada). La pérdida de
identidad de nuestros jóvenes. Se están perdiendo el idioma, el traje y los
valores étnicos. El mal uso de las nuevas tecnologías. Como consecuencia de las
migraciones a la ciudad, surgen adicciones (alcohol, droga), especialmente en
los jóvenes, prostitución, embarazos precoces, relativismo, etc. Desplazamiento
de las comunidades, por la violencia y el narcotráfico. Persecución y
criminalización de los líderes que están defendiendo la madre tierra; unos han
sido asesinados y otros han sido encarcelados injustamente. Los programas de
asistencia social que imparte el gobierno crean dependencia; es una manera de
comprar al pueblo. En tiempo de elecciones, los políticos se aprovechan de la
pobreza de la gente y la manipulan; dividen a la comunidad. La violencia
intrafamiliar. La mujer sufre discriminación, por ser mujer, pobre e indígena.
En algunas regiones la mujer va dando su voz y su presencia. El sistema de
familias extensas, muy propio de estas comunidades, está cambiando. Se ha
rescatado la medicina tradicional. Explotaciones mineras, agrotóxicos, agro
negocios que traen desforestación, contaminación a los territorios comunitarios
y atentan contra el buen vivir de los pueblos indígenas. Afectan al territorio,
tornándolo improductivo. La falta de acceso al agua y contaminación de la misma.
La pobreza es cada vez más notoria, por las políticas neoliberales que se
llevan adelante desde el Estado”.
Al compartir
sobre qué pastoral se hace por parte de la Iglesia con y por estos pueblos,
expresaron: “El sueño de una Iglesia con rostro propio va teniendo su camino,
con procesos de reflexión y trabajo pastoral. Hay una primavera eclesial en
nuestras iglesias con la presencia del Santo Padre Francisco. Falta una
dimensión más profética de la Iglesia, una Iglesia que salga del templo, que
baje al altar del pueblo. La inculturación del Evangelio sigue siendo un
desafío. No conocemos a profundidad la espiritualidad, los signos, los ritos y
símbolos. Falta un acompañamiento cercano a los pueblos con corazón y
pensamiento propio. Hay documentos del Magisterio que nos ayudan a
fortalecernos, pero no se ponen en práctica. Hay desconocimiento y prejuicios
de la pastoral indígena. Algunos de los que se comprometen con los pueblos
originarios, son mal vistos. Se están realizando traducciones de la Biblia,
liturgia, cantos, catequesis, etc. Hay peligro de una folclorización de la
espiritualidad indígena. Pocos sacerdotes y religiosos acompañan a los pueblos
indígenas. Los que están trabajando con ellos, lo hacen de manera comprometida
y constante. Hay sacerdotes y religiosas no indígenas que han aprendido la
lengua y valoran nuestra cultura. Hay algunos obispos comprometidos con
nuestros pueblos, acompañando y empujando los procesos”.
PENSAR
Muchos textos
del Magisterio, tanto pontificio como latinoamericano, alientan esta pastoral.
Los he recogido en un librito, editado tanto por nuestra Conferencia Episcopal
como por el CELAM, titulado Pueblos originarios y Magisterio eclesial.
Allí rescato una encíclica sumamente actual de San Pío X, titulada Lacrimabili
statu indorum, del año 1912, que recomiendo.
Hay muchísimas
intervenciones de San Juan Pablo II, de Benedicto XVI y Francisco. Por ejemplo,
en Canadá, San Juan Pablo II dijo: “Cuando por primera vez fue proclamada la
fe entre los nativos de esta tierra, las valiosas tradiciones de las tribus
indias se vigorizaban y enriquecían con el mensaje evangélico. Sus antepasados
sabían por instinto que el Evangelio, lejos de destruir sus valores y
costumbres auténticos, tenía poder de purificar y sublimar la herencia cultural
que habían recibido. De este modo, no sólo el cristianismo es importante para
los pueblos indios, sino que Cristo mismo es indio en los miembros de su
Cuerpo” (20-IX-1987 y 15-IX-1984).
El Papa
Francisco dijo en Puerto Maldonado, Perú: “Ayuden a sus obispos, ayuden a sus
misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esa manera
dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una
Iglesia con rostro indígena” (19-I-2018).
ACTUAR
Transcribo lo
que pidieron: “Que en los seminarios y en las casas de formación religiosa no se les
robe su identidad. Valorar las vocaciones indígenas, desde la cosmovisión y
espiritualidad de los pueblos. Estar con el pueblo y acompañar su proceso de
reflexión teológica. El acompañamiento en sus luchas sociales, sobre todo en la
defensa de sus derechos, cultura, territorio. Aprender sus idiomas, para
evangelizar tomando en cuenta su cultura. Fortalecer la forma y el modo de
acompañamiento de los pueblos originarios ante la realidad urbana en que se
insertan y viven. Continuar el trabajo de los derechos humanos de los pueblos
originarios. Formación del clero y de religiosas indígenas”.
Al final,
expresaron el deseo de que haya un Sínodo sobre pueblos originarios. FAE
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