VER
En su discurso inaugural, el nuevo Presidente de México arremetió
insistentemente contra el neoliberalismo, culpándolo de todos los males del
país. En gran parte tiene razón, pero hay que matizar muchas cosas. No somos
una nación en quiebra, a pesar de la enorme deuda externa, del fracaso de la
política petrolera, de la pobreza extrema en algunos sectores, de la vergonzosa
corrupción, la violencia, la inseguridad y la impunidad. Eso es totalmente
cierto, pero no todo es por el sistema económico vigente. En muchos aspectos,
el país ha avanzado; no se vive ahora como hace unos años. Es demagógico decir
lo contrario. Estuve en Chiapas 27 años, y sostengo que ya no es la misma
pobreza que hace pocos años, sino que ha habido mejorías, aunque no se niega su
rezago en comparación con otras regiones del país.
Por neoliberalismo se entiende el sistema
económico en que el dinero manda, lo que prevalece es ganar más y más, sin
importar las personas ni el medio ambiente. Los
que rigen son el libre mercado, lo que más se vende, las empresas
transnacionales, donde los gobiernos poco pueden intervenir. Es un sistema
esencialmente injusto e inhumano; sin embargo, muchos países le han puesto
contrapesos para una política social en favor de las mayorías, límites a su
voracidad financiera, regulaciones a sus desmedidos ingresos. De esta forma,
han evitado algunos de sus excesos y han logrado un bienestar generalizado. Es
el caso de países europeos, de Canadá y del mismo Estados Unidos. China y
Rusia, incluso Cuba, que en un tiempo intentaron otro sistema, un socialismo
totalitario, han asumido varios factores del neoliberalismo, y están
progresando. En Chiapas, en 1994, se levantó una opción, al principio armada,
después sólo política, para rebelarse contra este sistema, e intentar demostrar
que se puede vivir de otra forma. Han logrado éxitos sociales y políticos en
sus autonomías, pero varias de sus regiones denotan un empobrecimiento que no
es el común.
No es posible salirse de este sistema por decreto presidencial, pues la
economía depende de muchos factores internacionales, pero sí es posible
acotarlo, ponerle límites, obligarlo a una dimensión social en beneficio de las
mayorías. Lo ideal es cambiar el
sistema, pero lo real es que estamos dentro del mismo. Hay que encontrar
mecanismos políticos y económicos, para que no dañe más al pueblo inerme y al
cosmos.
PENSAR
Los obispos mexicanos, en nuestro
Proyecto Global de Pastoral 2031-2033, afirmamos: “La economía crece continuamente y muchas familias y comunidades en el
mundo, han disfrutado y experimentado la llegada de importantes beneficios para
ellas. Sabemos, por otro lado, que siendo la economía, uno de los pilares más
visibles de este proceso globalizador, es también la que más hondos
sufrimientos ha traído a muchas personas. Las cifras que arrojan cada
día los mercados no son sólo números o gráficas; son muchas historias humanas
de dolor y desesperación que se viven a diario en el mundo por falta de salud,
educación, viviendas dignas y los más elementales derechos para una vida
decorosa. Este modelo neoliberal es un capataz cruel, generador de inequidades
e injusticias que marcan tristemente la vida de muchos países pobres,
provocando una concentración de poder y riqueza en pocas manos y manteniendo en
la pobreza a un gran número de personas. La crisis financiera que atravesamos
nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica… Hemos
creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro” (No. 31).
“En este esfuerzo de consolidación por tener una patria generosa y justa
para todos sus habitantes, vemos que nos falta un largo camino aún por
recorrer. Advertimos cómo el fruto de toda esta riqueza se ha concentrado en
pocas manos, dejando en desamparo a una gran multitud de hermanos nuestros que,
teniendo derecho a ella, se encuentran a la espera de lo necesario para vivir
dignamente. Reprobamos este sistema neoliberal agotado, que privilegia lo
económico sobre el valor de la persona y que ha lanzado a la calle a tantos
hermanos. Hacemos nuestra la voz del Papa Francisco: queremos un cambio, un
cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo
aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las
comunidades, no lo aguantan los pueblos. Y tampoco lo aguanta la Tierra, la
hermana Madre Tierra como decía San Francisco” (No. 47).
“Nuestro país ha ido experimentando un crecimiento y un estado de bienestar
en campos como la salud, el trabajo, la educación, la infraestructura de bienes
y servicios, y un importante número de personas disfrutan ya de ellos.
Consideramos por otro lado, que hay un empobrecimiento de un importante número
de familias y que a través de muchos años no hemos podido avanzar lo suficiente
en el combate de este azote que consume la vida de innumerables personas, que
pasan hambre, frío, enfermedades y que no encuentran la oportunidad para salir
de un estado de pobreza que se hereda por generaciones. Nuestro país está
catalogado como uno de los campeones de la desigualdad social a nivel mundial.
Aquí residen personas de las más ricas y poderosas del mundo y, junto a ellos,
un gran número de personas en la indigencia. Esta situación nos duele y nos escandaliza, ya que somos hermanos que
vivimos en un país con tantos recursos” (No. 48).
ACTUAR
Que no sea el dinero el que mande en
nuestra vida personal, familiar, social, política, económica y eclesial,
sino las personas, los derechos humanos, el justo salario, el trabajo digno, la
solidaridad, el respeto a la ecología, el merecido descanso y, ante todo, Dios. ED
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