lunes, 25 de febrero de 2013

Salmo 49


Salmo 49 – Ofrece a Dios el sacrificio de Acción de Gracias

La parte central de este Salmo está constituida por la acusación que Dios dirige a su Pueblo, para reprocharle su infidelidad a la Alianza.
El reproche está precedido por la descripción de la teofanía cultual, en la que el Señor se manifiesta como acusador y como Juez (vs. 1-6).
El motivo de la acusación es la infidelidad de Israel a las exigencias morales de la Alianza (vs. 16-20), no compensada por la observancia de prácticas cultuales puramente exteriores (vs. 8-15).
La advertencia final (vs 21-23) es una amenaza para los que se obstinan en el mal camino, y una promesa de salvación para los fieles.

1. CON ISRAEL
Como toda religión, la religión de Israel, por bella que fuera en teoría, era vivida por hombres pecadores. Pueblo escogido, pueblo de la Alianza con Dios. Muy bello. ¡Pero qué de infidelidades! Por esto, se previeron ceremonias de "renovación" de la Alianza. Este salmo 49, hacía parte del RITUAL de esta especie de "liturgia penitencial" colectiva.

2. CON JESÚS
Jesús no cesa de recordar, que la única práctica religiosa agradable a Dios es la interior: "Si al momento de presentar tu ofrenda en el altar, recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, ve primero a reconciliarte con él" (Mateo 5,24). En una ocasión citó un pasaje de Oseas muy semejante a este salmo: "Misericordia quiero, y no sacrificios" (Mateo 9,13).

3. CON NUESTRO TIEMPO
La hipocresía religiosa es la peor de todas. El hombre de hoy, como los profetas de todos los tiempos, como el salmista que escribió este salmo, es sensible a la sinceridad necesaria en los actos del culto: "van a Misa, y no son mejores que los demás...". "Recitan mis leyes y hacen sus oraciones, pero son ladrones, adúlteros, difamadores...", decía ya el salmo.

El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente. Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece: viene nuestro Dios, y no callará. Lo precede fuego voraz, lo rodea tempestad violenta. Desde lo alto convoca cielo y tierra para juzgar a su pueblo: "Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio". Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar. "Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; -yo Dios, tu Dios-.No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños; Pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes; conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos. Si tuviera hambre, no te lo diría; pues el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos? Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo e invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria". Dios dice al pecador: "¿por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? Cuando ves un ladrón, corres con él; te mezclas con los adúlteros; sueltas tu lengua para el mal, tu boca urde el engaño; te sientas a hablar contra tu engaño, deshonras al hijo de tu madre; esto haces, ¿y me voy callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. Atención los que olvidáis a Dios, no sea que os destroce sin remedio. El que me ofrece acción de gracias, ese me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios".

… Este es mi peligro, Señor, en mi vida de oración, en mis tratos contigo: la rutina, la repetición, el formalismo. Recito oraciones, obedezco las rúbricas, cumplo con los requisitos. Pero a veces mi corazón no está en lo que rezo, y rezo por mera costumbre y porque me da reparo el dejarlo. Voy porque todos van y yo debo ir con ellos, e incluso siento escrúpulo y miedo de que, si dejo de rezar, te desagradará a ti y me castigarás; y por eso voy cuando tengo que ir y digo lo que tengo que decir y canto cuando tengo que cantar, pero lo hago un poco en el vacío, sin sentimiento, sin devoción, sin amor. Cuerpo sin alma.
… Lo reconozco, Señor; con frecuencia me he portado mal con mis hermanos; ¿y qué valor pueden tener mis sacrificios cuando he herido a mi hermano antes de llegarme a tu altar? Gracias por decírmelo, Señor; gracias por abrirme los ojos y recordarme cuál es el verdadero sacrificio que quieres de mí. Nada de toros o machos cabríos, de sangre o ritualismo, sino amor y servicio, rectitud y entrega, justicia y honradez. Servirte a ti en mi hermano antes de adorarte en tu altar.

Señor justo, que convocas la tierra de oriente a occidente y con tu palabra juzgas a los pueblos: échanos en cara nuestros pecados para que así alcancemos la salvación.

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