viernes, 24 de mayo de 2013

Salmo 137


Salmo 137 – El Señor hace todo en mi favor

El amor y la fidelidad del Señor (v. 2), que reconforta y protege a los humildes (vs. 3, 6), motivan este canto de acción de gracias, en el cual aparece clara-mente una nota “universalista” (vs. 4-5).
El Salmo concluye con una renovada expresión de confianza en el Señor (vs. 7-8).

1. CON ISRAEL
Este salmo proclama la "trascendencia" de Dios: "¡qué grande es tu gloria!" nada original, esto lo hacen todas las religiones auténticas. Toma tiempo dejarse invadir por este sentimiento de adoración que hace "prosternar", el rostro contra el polvo, como dice el salmo, hasta tomar conciencia de "ante quién estás".
Lo que es original, en la revelación que Dios hace de sí mismo a Israel es ante todo, que este Dios "trascendente" mira a los humildes con predilección.

2. CON JESÚS
Nada cuesta poner este salmo en boca de Jesús. Repitamos una vez más, nunca lo diremos bastante, que Jesús "dijo" este salmo, dándole una dimensión de oración personal. La suya.

3. CON NUESTRO TIEMPO
"¡No abandones Señor, la obra de tus manos!" Oración que debemos repetir, constantemente, en el mundo de hoy. Dios en acción, hoy. Y si mi oración no es perezosa... Yo también, Señor, en acción contigo. En "acción"... ¿para hacer qué? Para amar, porque "Dios es amor".

Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti,  me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en  mi alma. Que te den gracias, Señor,  los reyes de la tierra,  al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio. Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo, y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

¡NO DEJES POR ACABAR LA OBRA DE TUS MANOS!
Palabras consoladoras, si las hay. «El Señor llevará a cabo sus planes sobre mí». Sé que tienes planes sobre mí, Señor, que has comenzado tu trabajo y que quieres llevar a feliz término lo que has comenzado. Eso me basta. Con eso descanso. Estoy en buenas manos. El trabajo ha comenzado. No quedará estancado a mitad de camino. Has prometido que lo acabarás. Gracias, Señor.
Tú mismo hablaste con reproche del hombre que comienza y no acaba: del labrador que mira hacia atrás a mitad del surco, del aparejador que deja la torre a medias, sin acabar de construir. Eso quiere decir que tú, Señor, no eres así. Tú trazas el surco hasta el final, acabas la torre, llevas a buen fin tu trabajo. Yo soy tu trabajo. Tus manos me han hecho, y tu gracia me ha traído adonde estoy. No eludas tu responsabilidad, Señor. No me dejes en la estacada. No repudies tu trabajo. Se trata de tu propia reputación, Señor. Que nadie, al verme a mí, pueda decir de ti: «Comenzó a construir y no pudo acabar». Lleva a feliz término lo que en mí has comenzado, Señor.
Tú me has dado los deseos; dame ahora la ejecución de esos deseos. Tú me invitaste a hacer los votos; dame ahora fuerza para cumplirlos. Tú me llamaste para que me pusiera en camino hacia ti; dame ahora determinación para llegar.
Estoy en pleno trajinar, y siento la dificultad, el cansancio, la duda. Por eso me consuela pensar en la seriedad de tus palabras y la solidez de tu promesa. «El Señor llevará a cabo sus planes sobre mí».

No abandones, Padre, a tu Iglesia, la familia que Tú constituiste; consérvale la vida, sálvala de sus enemigos interiores y exteriores, completa tus favores con ella y hazle signo permanente de tu misericordia. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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