Es hermoso
constatar, como enseña la Carta a los Hebreos, que Cristo nos llama y nos trata
como hermanos, nos une a Sí por lazos de amor tan profundos como los propios de
una familia (cf. Hb 2,9-18).
Todo ello fue debido
al Amor. Un Amor dispuesto al sacrificio y la entrega total. Un Amor que da la
vida. Un Amor que rescata al esclavo, que perdona al pecador, que vence a la
muerte.
Por eso, el
Nuevo Testamento usa continuamente las palabras ‘hermano’ y ‘hermanos’ cuando
habla de quienes compartimos la misma fe, hemos recibido el mismo bautismo, y
comemos del mismo Pan de vida.
Si somos
hermanos, es que tenemos un mismo Padre. Por eso, también Jesús nos enseñó a
llamarle así: ‘Padre nuestro’. La idea ya estaba presente en el Antiguo
Testamento: “¿No tenemos todos nosotros un mismo Padre? ¿No nos ha creado el
mismo Dios?” (Ml 2,10).
Tras la venida
de Cristo al mundo, la paternidad de Dios brilla de un modo especial, sea en
las enseñanzas de Jesús, sea en la conciencia de los Apóstoles y primeros
discípulos.
De ahí que sea
necesario cantar y alabar al Padre con himnos y acciones de gracias. “Gracia a
vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda
clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo” (Ef 1,2 3).
Somos hermanos,
por lo tanto, por tener a Dios como Padre. Es el Padre del Hijo y es el Padre
de nosotros, que somos Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, Iglesia santificada
por la Sangre del Cordero.
Por eso estamos
llamados al amor mutuo, a la entrega generosa hacia los que participamos del mismo
Cuerpo y Sangre de Cristo. “En conclusión, tened todos unos mismos
sentimientos, sed compasivos, amaos como hermanos, sed misericordiosos y
humildes” (1 P 3,8).
Lo único que
nos debemos es el amor, un amor sin límites, un amor que perdona, que soporta,
que excusa, que da la vida (cf. 1 Cor 13).
Porque así nos amó el Hermano de todos, el Hijo del Padre e Hijo de María, el
que nos ha permitido llegar a ser hermanos gracias al bautismo recibido en su
Iglesia. FP
No hay comentarios.:
Publicar un comentario