sábado, 22 de marzo de 2025

La coronación de espinas de Cristo…

Lectura: Mc 15,16-20
Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: «¡Salud, rey de los judíos!». Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.
Meditación:
En este misterio podemos contemplar una realidad tremenda: la burla a Dios. De hecho los soldados se burlaron de Cristo. Lo convirtieron así en Rey de burlas, como todos aquellos que incluso hoy, se enfrentan con Dios, lo desprecian, lo ofenden…
Para nosotros es, sin embargo, Rey verdadero. Por esto, queremos reparar dicha burla con nuestra adoración, reconociéndolo como Dios verdadero. Así, los creyentes, reparamos los pecados propios y ajenos con nuestra adoración en la santa misa, con nuestra oración frecuente y desinteresada, con nuestro perseverante esfuerzo en vivir los mandamientos…
                  ¿Trato a Dios con confianza pero también con sumo respeto?
                  ¿Me duele cuando se ofende a Dios? ¿Reparo las blasfemias?
                  ¿Reparo con mi vida los pecados propios y los de los demás?
Oración:
Acto de desagravio
(Después de cada invocación se responde: “te rogamos, escúchanos").
                  Señor perdona todos los sacrilegios eucarísticos.
                  Señor perdona todas las santas comuniones indignamente recibidas.
                  Señor perdona todas las profanaciones al Santísimo Sacramento del altar.
                  Señor perdona todas las irreverencias en la Iglesia.
                  Señor perdona todas las profanaciones, desprecios y abandono de los sagrarios.
                  Señor perdona todos los que han abandonado la iglesia.
                  Señor perdona todo desprecio de los objetos sagrados.
                  Señor perdona todos los que pasaron a las filas de tus enemigos.
                  Señor perdona todos los pecados del ateísmo.
                  Señor perdona todos los insultos a tu Santo Nombre.
                  Señor perdona toda la frialdad e indiferencia contra tu amor de redentor.
                  Señor perdona todas las irreverencias y calumnias contra el Santo Padre.
                  Señor perdona todo desprecio de los obispos y sacerdotes.
                  Señor perdona todo desprecio hacia la santidad de la familia.
                  Señor perdona todo desprecio a la vida humana.
Contemplación:
Centrándonos en el Corazón de Cristo crucificado, repetimos: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Acción:
Un buen propósito de reparación es ofrecer la confesión y comunión de los primeros nueve viernes de mes al Sagrado Corazón de Jesús.

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