Siempre las fiestas y expresiones del carnaval
estuvieron ligadas a las demostraciones culturales, populares y autóctonas de
un pueblo o etnia, a su idiosincrasia, con mezcla de imagen, color, sonido y
movimiento, perfumes y sabores.
La alegría lo impregna, junto al buen humor y a la
fraternidad reinante.
La virtud que regula las diversiones se llama la
‘eutrapelia’, palabra derivada del griego, que quiere decir el justo medio en
el divertirse, el saber gozar sanamente, la mente y el corazón limpios para el
sano esparcimiento y diversión necesitados.
Es saber gozar y divertirse.
Fiesta de creatividad en máscaras, disfraces,
vestimenta, baile, música y artistas de diversa índole, en la cual se da lugar
a lo artesanal en la confección de los vestidos, indumentarias, bastones,
adornos, redoblantes, instrumentos de cuerda, viento o percusión.
Plasmado muchas veces en cuadros y pinturas, fuente
de inspiración de artistas y escritores.
Está lejos del desorden y de las palabras y gestos
groseros y soeces, o movimientos y apariciones eróticas que rozan lo
pornográfico.
Fiesta familiar donde van los abuelos, papás,
hijos/as y nietos. Donde la chaya, el papel picado, la nieve, hacen las
delicias de grandes y chicos, mientras algo se degusta y se ve el espectáculo.
No faltan lugares en que hay ponencias y videos,
exposición de artes plásticas, conferencias y grupos folclóricos y artísticos.
Pero ha ido deviniendo en descontrol y
permisividad. Abuso de la no vestimenta, lo lúdico se cambió por desnudez y
chabacanería, y lo cultural por expresiones que dejan mal parada la dignidad de
las personas, principalmente de nuestras niñas, adolescentes y jóvenes,
atentando también contra el respeto hacia los espectadores, que ya deben
cuidarse sabiendo de antemano a qué clase de ‘diversión’ o ‘espectáculo’ van.
El pudor y la modestia naturales parecen haber
desaparecido en ciertos intervinientes, incluso a veces en algunos espectadores
exacerbados, que pueden ser los padres, abuelos, hermanos de aquellas y
aquellos que parecieran no tener otro traje que el del Adán primitivo.
No tendría que ser el ‘reino del desorden’.
Pareciera que retoma la etimología de los bacanales romanos, orgías de vino,
embriaguez y desenfreno, en que la ‘carne’ (carne-vale) lo vale todo, pero la
carne en contraposición a la razón y el espíritu, los tres componentes
armónicos de cada ser humano.
La cuaresma como tiempo litúrgico católico, que
generalmente viene después de los carnavales, es un tiempo de preparación para
la fiesta más grande del cristianismo, la pascua o resurrección corporal de
Jesús, de la cual todos participaremos con nuestros propios cuerpos
resucitados.
Por ello la cuaresma no trata de remediar los
excesos de la carne ‘carnavalesca’, sino para cuidar más y mejor la totalidad
del ser humano, cuerpo (carne), psiquis (razón) y espíritu, y para querer
participar con un cuerpo sano, limpio y puro, de la fiesta de la resurrección,
sabiendo que estos mismos cuerpos resucitarán, por lo que son nuestros
compañeros de camino y debemos presentarlos saludables, alineados, limpios,
‘elegantes’, ya que tienen tan digno fin.
Desde la misma razón natural esto se nos dicta, y
cuando algo trágico sucede comenzamos a hablar de los efectos trágicos de la
droga, del alcohol, del desenfreno de los ‘jóvenes’ (y no tan jóvenes).
Muchas veces se da lo ridículo de una sociedad que
se dice cristiana y en pleno tiempo de cuaresma continúa con carnavales que
poco tienen que ver con el espíritu cristiano.
Recobremos los valores artísticos y culturales de
los pueblos, etnias y grupos, y pongámoslo de manifiesto en estas fiestas
populares para el beneficio, educación y edificación de todos, principalmente
quienes son los encargados de la organización, que tienen que ser verdaderos
educadores, los que tienen que dar el perfil de lo que se pretende brindar, y
tamizar, controlar, regular, observar previamente, las expresiones que se
pretenden volcar en la comunidad. GDD’A
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