sábado, 15 de marzo de 2025

La flagelación de Cristo…

Lectura: Mc 15,8-15
La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo: «¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?». Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo: «¿Qué debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?». Ellos gritaron de nuevo: «¡Crucifícalo!». Pilato les dijo: ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: ¡Crucifícalo! Pilato, para contentar a la multitud, puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Meditación:
Jesús aceptó todo tipo de sufrimiento, sin excluir el dolor físico. De este modo nos acompaña en el sufrir y nos enseña a combatir el amor desordenado al placer de los sentidos.
El Señor nos enseña con su ejemplo que el esfuerzo y sacrificio en favor de los demás, la paciencia en las adversidades, la fortaleza para hacer el bien, la entrega de la propia vida… son actos que, de la vida de Cristo han pasado a la vida de muchos hermanos nuestros cuyo deseo de imitar al Señor los llevó a la santidad. De este modo, Jesucristo y los Santos nos ayudan con su ejemplo a vivir cristianamente la realidad del dolor y del esfuerzo que, muchas veces, implica la fidelidad cristiana.
                  Cuando me toca sufrir, ¿miro a Cristo que se ofreció por mí para yo también ofrecer el sufrimiento?
                  ¿Soy fiel al Señor, incluso cuando seguirlo de cerca es muy difícil y doloroso?
                  ¿Sufro con paciencia las contrariedades para crecer en el amor a Dios y los demás?
Oración:
Creo en Ti
1. Señor, Tú siempre me has dado
La fuerza necesaria, y, aunque débil, Creo en Ti.
2. Señor, Tú siempre me has dado
La paz de cada día, y, aunque angustiado, Creo en Ti.
3. Señor, Tú siempre me has guardado
En la prueba, Y, aunque estoy en ella, Creo en Ti.
4. Señor, Tu siempre has alumbrado
Mis tinieblas, Y, aunque no tengo luz, Creo en Ti.
Contemplación:
Repitamos en el corazón: “Señor yo creo, pero aumenta mi fe”.
Acción:
Ofrecer mis sufrimientos a Jesús en bien de las almas más alejadas de Dios.

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