Las
normas que regulan la elección del nuevo Pontífice se encuentran en la
Constitución Apostólica de Juan Pablo II Universi Dominici Gregi , que obliga
al secreto sobre todo lo que se refiere a la elección tanto a los cardenales
electores como a los religiosos y laicos que colaboran al buen desarrollo del
cónclave. Los cardenales tienen también prohibido comunicarse con el exterior y
recibir noticias por cualquier medio.
La
finalidad de estas prohibiciones es mantener en torno a los electores un clima
de retiro espiritual, casi de ‘clausura’: con el aislamiento del mundo
exterior, se favorece un mayor fervor y una escucha más atenta del Espíritu
Santo. Para que los cardenales estén más concentrados espiritualmente, se
prohíbe cualquier relación con el exterior que pueda influenciar, molestar o
turbar el ánimo de los electores. No olvidemos que en el pasado, las grandes
potencias a menudo han tratado de ‘colocar’ un Papa favorable a sus intereses.
Las normas sobre el secreto tratan de proteger la elección del Papa de forma
que la única influencia que actúe sea la del Espíritu Santo. Veámoslas con más
detalle:
El
lugar donde se desarrolla el cónclave es la capilla Sixtina. Durante el tiempo
que dura la elección, ciertos sectores y edificios de la Ciudad del Vaticano
permanecen cerrados a quienes no participan en el cónclave. Solamente pueden
entrar los cardenales y las personas que colaboran de algún modo al buen
desarrollo del mismo. Desde el inicio de las operaciones de la elección y hasta
que el nombre del nuevo Papa sea anunciado públicamente, los cardenales tienen
prohibido comunicarse con el exterior, a menos que se trate de una necesidad
urgente, debidamente reconocida por la Congregación particular (comisión
formada por el cardenal Camarlengo –Mons. Bertone- y 3 cardenales elegidos por
sorteo cada 3 días). Por este motivo, está también prohibido acercarse a los
cardenales y hablar con ellos durante el trayecto que va desde la ‘Domus
Sanctae Martae’, lugar donde se alojan, hasta la capilla Sixtina. Todo ello,
para impedir que los cardenales puedan sufrir influencias o presiones externas
que condicionen la elección.
La
primera vez que entran en la Capilla Sixtina, los cardenales realizan un
juramento, primero recitándolo todos juntos y luego uno por uno, poniendo la
mano sobre el Evangelio. El texto del juramento tiene tres partes. En la
primera, los cardenales se comprometen a observar las normas para la elección
del nuevo Papa establecidas en la constitución Universi Dominici Gregi . La
segunda parte del juramento se dirige al que será elegido Pontífice, para que
desempeñe fielmente el ministerio de pastor de la Iglesia. La tercera parte se
refiere a la obligación de guardar el secreto más absoluto sobre todo lo que se
refiere a la elección, y al deber de no prestar apoyo ni dejarse influenciar
por ninguna autoridad secular que trate de interferir en las votaciones.
Siempre
para evitar influencias del exterior, durante los días del cónclave los
cardenales no pueden leer los periódicos, ni escuchar la radio, la televisión o
recurrir a otros medios informativos (teléfono móvil, SMS, internet...)
Quienes
realizan distintos servicios durante el cónclave (técnicos, médicos, personal
de servicio, confesores...), sean religiosos o laicos, deben prestar un
juramento con el que se obligan a mantener en secreto todo lo referente a los
actos de la elección, especialmente a las
votaciones y los escrutinios. La pena para quien viole este juramento es la
excomunión.
La
constitución Universi Dominici Gregis también establece que se deben realizar
en la capilla Sixtina ‘cuidadosos y severos controles, también con la ayuda de
personas de segura fe y comprobada capacidad técnica, para que... no sean
instalados de modo oculto y malicioso medios audiovisuales de reproducción
trasmisión al exterior’.
Que
los cardenales escuchen únicamente al Espíritu Santo… VIS
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